domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo II LA SOCIEDAD TEOSÓFICA Y LA JERARQUIA OCULTA



Capítulo II
LA SOCIEDAD TEOSÓFICA Y
LA JERARQUIA OCULTA

   Madame Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891), llamada frecuentemente H.P.B. fue en todo respecto una mujer extraordinaria. Con su visión psíquica, sus penetrantes ojos hipnóticos, y con una personalidad que provocaba controversias, apareció en la escena de la India en 1879. Rusa de nacimiento, afirmaba haber vivido por varios años en el Tíbet, en contacto estrecho con los Mahatmas (Mahatma es un término sánscrito que significa “gran espíritu”, “adepto”, o “maestro”) o Maestros de la Hermandad oculta. Fue ahí donde aprendió de su gurú, de su maestro, las bien guardadas doctrinas de los sabios tibetanos. Mientras estuvo en Europa, en 1873, sus Maestros le pidieron que se pusiera en contacto con el Coronel Henry Steel Olcott, un investigador psíquico de los EE.UU. Obedientemente, ella viajó hacia allá, conoció al Coronel Olcott, y por el año 1875 surgió la idea de la Sociedad Teosófica. Pronto habrían de viajar juntos ‑primero a Bombay y luego a Ceilán, donde tomaron la iniciación budista, y más tarde fueron a Madrás­. En 1882, la Sede Central de la Sociedad Teosófica se había establecido en Adyar, Madrás.
   La Sociedad Teosófica se basaba en los principios de una Hermandad Universal de la Humanidad, que procuraba el estudio de la antigua sabiduría y la exploración de los misterios secretos de la naturaleza y de los poderes latentes en el hombre. Estableció una jerarquía oculta extraída de las tradiciones hindúes y budistas, en particular de los textos y enseñanzas tántricas tibetanas.
   A la cabeza de la jerarquía estaba Sanat Kumar, mencionado en los Tantras, en el Bhagvat y en los primeros escritos alquímicos, como un muchacho de dieciséis años, eternamente joven, libre de todo tiempo como pasado, presente y futuro; en la jerarquía teosófica se le consideraba como el Señor del mundo. Below Kumar era el Buda. Y debajo del Buda estaban los tres jefes del logos del sistema solar: el bodhisattva Maitreya, que luego sería el Buda; el Mahachohan, una figura que no se encuentra en ninguna de las escrituras hindúes o budistas; y el Manú, uno de los padres de la humanidad según el Rig Veda. Ellos simbolizaban respectivamente el corazón como compasión, la cabeza como intelecto y las manos como destreza en la acción. Debajo de ellos estaban los Mahatmas o Maestros que en los años futuros evolucionarían para ser bodhisattvas y Mahachohan. El Maestro Kut Humi (o Maestro K.H. como se le conocía) tenía el cuerpo de un brahmin Kashmiri, mientras que el Maestro Morya (Maestro M.) tenía el cuerpo de un príncipe de Rajput. Estos dos Maestros guiaban los asuntos de la Sociedad Teosófica y de los discípulos que pasaban por las diversas iniciaciones bajo la benigna conducción de ellos.

   Hacia fines del siglo diecinueve, se habían esparcido entre las comunidades ocultas, murmullos acerca de la venida del Mesías o Instructor del Mundo. Antes de su muerte en 1891, H.P.B. había escrito que el verdadero propósito de la Sociedad Teosófica era la preparación para el advenimiento del Instructor del Mundo.
   En 1889, Annie Besant (l847-1933) leyó por casualidad la Doctrina Secreta de Blavatsky, y más tarde conoció a la fundadora de la Sociedad Teosófica. Annie Besant o A.B. había sido una rebelde, una librepensadora y luchadora ardiente por las causas que ella consideraba justas. Elocuente y consagrada a su labor, tenía una capacidad organizativa de muy alto nivel. Era una vehemente cruzada de la libertad de pensamiento, de los derechos de la mujer, del sindicalismo, del socialismo fabiano y del control de la natalidad. Pero la obra de la Blavatsky la transformó por completo. Apartó sus enormes energías del materialismo y del ateísmo para dedicarlas a la búsqueda de lo oculto y lo sagrado. Sus amigos y admiradores ‑entre ellos Bernard Shaw, Sydney y Beatrice Webb y Charles Bradlaugh­ se sintieron pasmados cuando ella se afilió a la Sociedad Teosófica. Al separarse de sus anteriores asociados, y consciente del cinismo que su nuevo papel despertaría en sus admiradores, escribió:

   Pero aquí, como otras veces en mi vida, no me atrevo a ganar la paz con una mentira. Una necesidad imperiosa me obliga a decir la verdad tal como la veo, guste o no guste lo que diga, traiga ello alabanzas o censuras. Esa lealtad única hacia la Verdad debo mantenerla inmaculada, cualesquiera que sean los amigos que me abandonen o los lazos humanos que hayan de romperse. Ella puede conducirme a la soledad y, no obstante, tengo que seguirla; puede privarme de todo amor, y aun así tengo que buscarla con afán; aunque me mate yo confiaré en ella; y no pido otro epitafio sobre mi tumba que:

“Ella trató de seguir la Verdad”1.

   Con el arribo de A.B. a la India en 1893 a la edad de cuarenta y seis años, había comenzado el apasionado diálogo y el compromiso con la India que habría de continuar a lo largo de toda su vida.
   Ella percibía la falta de interés que había en la India por lo que, en su sentir, era la verdadera misión de ésta en el mundo ‑el don que el país poseía para las religiones y el conocimiento espiritual­. Hizo hincapié en esto durante uno de sus primeros discursos:

   Si la religión sucumbe aquí, sucumbirá en todas partes, y en manos de la India está la sagrada tarea de mantener encendida la antorcha del espíritu entre las brumas y las tormentas del materialismo creciente. Si esa antorcha cae de sus manos, la llama será pisoteada por las multitudes apresuradas, ansiosas de provecho mundano; y la India, privada de su espiritualidad, no tendrá futuro, sino que acabará en las tinieblas, tal como Grecia y Roma han acabado2.

   Annie Besant estudió los libros sagrados de la India, aprendió sánscrito, sostuvo discusiones con los líderes religiosos del país. Inspirados por la pasión de sus palabras, muchos intelectuales y jóvenes aspirantes afluían hacia ella y se afiliaban a la Sociedad Teosófica. Escuchándola con atención absorta, e inflamado por su elocuencia, estaba un joven muchacho de doce años, Jawaharlal Nehru. Había venido para oír a Mrs. Besant influido por su tutor belga‑irlandés, Ferdinand T. Brooks, un ardiente teósofo.
   Fascinado por la doctrina y por la elocuencia de la Besant, fue a ver a su padre, Motilal Nehru (el próspero abogado nacionalista que más adelante formaría el Partido del Congreso) y le pidió permiso para afiliarse a la Sociedad Teosófica. Motilal Nehru se echó a reír. El también había sido miembro de la Sociedad Teosófica en los días de Madame Blavatsky. El permiso fue concedido, y un Jawaharlal Nehru de trece años se convirtió en miembro y recibió la iniciación por parte de la propia Mrs. Besant. Asistió a una convención en Varanasi y vio al Coronel Olcott con su blanca barba. Al partir el joven Nehru hacia Harrow, la teosofía se desvaneció rápidamente de su conciencia. Pero los tres años de su contacto con la misma, dejarían en él y en su carácter una impresión que más tarde confirmaría con su admiración por Annie Besant3.

   Con la muerte del Coronel Olcott en 1907, Annie Besant se convirtió en Presidenta de la Sociedad Teosófica. Una maraña de intrigas y una feroz división de fuerzas dentro de la Sociedad Teosófica habían precedido este evento. Poco después de que Mrs. Besant asumiera el cargo, entró en contacto estrecho con Charles Webster Leadbeater o C.W.L. (1847-1934), un ex clérigo anglicano con reputados poderes de clarividencia. Unos años antes, ciertos incidentes que lo vinculaban a relaciones homosexuales con jóvenes, habían llevado a su expulsión de la Sociedad; pero Mrs. Besant, conocedora de sus percepciones psíquicas y rehusando aceptar los cargos que había contra él, lo había readmitido en la Sociedad apenas se convirtió en presidenta de la misma. Leadbeater pronto habría de llegar muy alto en la jerarquía de la Sociedad Teosófica.

   Naraniah se retiró del servicio gubernamental en 1908. Con su magra pensión de 125 rupias al mes, encontraba imposible mantener a su incrementada familia ‑aparte de sus hijos, también tenía la responsabilidad de sostener a su hermana y a sus sobrinos­. Se había afiliado a la Sociedad Teosófica en 1882, y ahora le escribió a Annie Besant solicitándole un puesto en Adyar. Al principio ella lo había rechazado, consciente de los problemas que su gran familia plantearía a la paz y quietud que imperaban en los terrenos de la Sociedad Teosófica. Pero Naraniah perseveró, y pronto estuvo en Adyar trabajando como asistente secretario en la Sección Esotérica (S.E.). Ocupó una pequeña casa fuera del complejo residencial de Adyar; su hermana dirigió los arreglos domésticos.
   Krishna y su hermano Nitya tenían que caminar todos los días para asistir a la escuela de Mylapore, donde la inatención de Krishna daba por resultado severos castigos. Él seguía con su vaguedad y su indiferencia por los estudios; su maestro lo consideraba medio loco. Pero la tía de Krishnamurti estaba sumamente encariñada con el joven y espiritual Krishna de los ojos soñadores y, percibiendo en él una incipiente sabiduría, lo llamó Dronachari, en honor a Drona, el gurú de los Pandavas y los Kauravas en la epopeya Mahabharata.
   Los hijos de Naraniah acostumbraban ir a la playa de Adyar para bañarse en el mar, y allí fue donde los vio Leadbeater. En 1899, el tema de la conferencia de Mrs. Besant en Adyar, fue “Los Avatares”. En 1908, durante el torbellino de su recorrido por los EE.UU., ella habló incesantemente de la inminente venida del Instructor del Mundo. Por días estuvo Leadbeater observando a Krishnamurti, advirtiendo la presencia del muchacho y de su aura singular que no contenía egoísmo alguno.
   Una tarde, al volver Mr. Leadbeater a su habitación después de nadar como habitualmente lo hacía, le contó a Ernest Wood, un joven que ayudaba a Leadbeater en sus estudios ocultos, que uno de los muchachos tenía un aura notable; era Krishnamurti. Wood expresó sorpresa ‑él conocía a los muchachos, y Krishnamurti no era ciertamente de los brillantes­. Pero Mr. Leadbeater insistió en que era Krishnamurti el que un día habría de convertirse en un maestro espiritual y un gran orador. Wood preguntó: “¿Cuán grande? ¿Tan grande como Mrs. Besant?” Se dice que Leadbeater respondió: “Mucho más grande”4.
   Krishnamurti describió su encuentro con Leadbeater ‑que muy posiblemente era el primer europeo que había conocido­ en su autobiografía:

   Cuando por primera vez vinimos a Adyar, vivíamos en una casa próxima a la nueva imprenta. Todos los días caminábamos hasta la escuela de segunda enseñanza en Mylapore. Temprano en las mañanas y por las noches, preparábamos nuestros deberes escolares. Después de un tiempo comenzamos a chapotear en el mar junto con otros niños que vivían cerca. Durante una de estas ocasiones, en el año 1909, conocimos por primera vez a mí querido amigo y hermano mayor, C.W. Leadbeater. El encuentro fue completamente casual.
   Hasta donde puedo recordarlo, él (Leadbeater) estaba bajando hacia el mar con Mrs. Van Manen y otros a fin de nadar. No me acuerdo de ninguna conversación en particular, especialmente porque yo no conocía nada bien el inglés. Después de esto, nos encontramos con frecuencia, y a veces él nos invitaba a su casa, o preferentemente al bungalow. En la época que estoy describiendo, él vivía en lo que se conoce como el bungalow del río.
   Cuando por primera vez pasé a su aposento, yo estaba muy asustado, pues la mayoría de los niños en la India temen a los europeos. No se cuál es el origen de este temor; pero una de las causas era que, siendo yo un niño, había mucha agitación política y nuestra imaginación estaba muy impresionada por las murmuraciones que nos rodeaban. También debo confesar que, generalmente, los europeos en la India de ninguna manera son amables con nosotros, y uno acostumbraba ver muchos actos de crueldad que nos amargaban más todavía. Yo quisiera que los ingleses en la India pudieran comprender que los muchachos indios sienten un amor tan profundo por la India como el que los ingleses sienten por su propio país, y que les afecta muy profundamente cualquier insulto, por involuntario que sea.
   Por lo tanto, para nosotros fue una sorpresa descubrir lo diferente que era el inglés, quien también resultó ser un teósofo. Pronto nos hicimos muy amigos con Mr. Leadbeater, y él nos ayudaba regularmente en nuestras lecciones. Poco tiempo después llegó a Adyar un joven ingeniero, Mr. R.B. Clarke, y se convino con mi padre en que mi hermano Nitya y yo dejaríamos la escuela y recibiríamos instrucción en Adyar por parte de Mr. Leadbeater y Mr. Clarke. Pronto empezamos a progresar mucho mejor de lo que nunca lo habíamos hecho antes. La vida se volvió muy metódica. Llegábamos al bungalow de Mr. Leadbeater temprano en la mañana, estudiábamos hasta lo que podría llamarse el desayuno, que tomábamos en casa, y luego volvíamos con él. Por las tardes jugábamos al tenis o íbamos al mar para aprender a nadar. Mi padre estaba muy complacido con el progreso que hacíamos, y el 14 de agosto se decidió finalmente que no debíamos ir a la escuela nunca más5.

   Krishnamurti había llamado la atención de Leadbeater durante la época en que éste se encontraba emprendiendo una investigación clarividente en las vidas anteriores de sus asociados. Pronto comenzó a indagar en las anteriores encarnaciones de Krishnamurti. Estas incursiones en el pasado oculto de Krishna, se publicaron más tarde con el título, “Las Vidas de Alcyone”. El nombre Alcyone se derivaba de “alción”, la estrella más brillante de las Pléyades. Las investigaciones revelaron una ordenación luminosa en las vidas pasadas, donde Krishna había sido discípulo del Buda, y en otras vidas prodigiosas donde su compasión y sabiduría habían sanado e iluminado a los seres humanos.
   Por la época en que los muchachos fueron descubiertos, ambos tenían afeitada la parte anterior de sus cabezas (como era costumbre en el sur de la India); Krishnamurti llevaba el cabello largo hasta las rodillas. Estaba flaco y mal alimentado. Pronto él y su hermano Nitya comenzaron sus estudios en Adyar. Al principio se mantuvieron las estrictas reglas de casta, pero éstas se fueron suavizando a medida que crecía la impaciencia de Leadbeater, quien comenzó a apartar a los muchachos de la influencia de su padre. Naraniah, a su vez, empezó a crear dificultades. Inmediatamente, Leadbeater escribió a Mrs. Besant diciéndole que el hombre había perdido el juicio y había caído bajo el influjo de “los poderes negros”. Fue por entonces que Leadbeater “recibió” instrucciones del Maestro Kut Humi. El mensaje era el siguiente:

   Ellos han vivido largo tiempo en el infierno; traten de mostrarles algo del paraíso. Deseo para ellos que tengan todo lo opuesto de las condiciones anteriores. En vez de hostilidad, de desconfianza, miseria, escualidez, anormalidad, descuido e inmundicia, quiero que estén rodeados por una atmósfera de amor y felicidad, de confianza, normalidad, perfecta limpieza física y pureza mental Manténgalos, hasta donde sea posible, dentro de su aura y de la de Annie, de modo que puedan estar protegidos de pensamientos perversos y carnales... Quiero que los civilicen; que les enseñen a usar cucharas y tenedores, cepillos de uñas y de dientes, a sentarse cómodamente en sillas en lugar de acuclillarse en el suelo, a, dormir racionalmente en una cama y no en un rincón como un perro6.

   Es inconcebible que un Maestro de sabiduría ‑que también era un brahmín kashmiri­ pudiera haber escrito esta carta cargada de alusiones coloniales con sus obvios prejuicios victorianos. Resulta evidente en esta carta el desprecio con que los británicos en la India juzgaban la cultura y las costumbres de vida del país. La carta fue escrita en una época en que hombres, mujeres y niños del sur de la India, ricos o pobres, se sentaban y dormían sobre una estera que se colocaba en el piso, y cuando el grupo familiar estaba unido por un sentimiento de calidez y correspondencia mutua, raros en Occidente.
   Es también difícil de creer que los hermanos fueran sucios en sus hábitos; como brahmines, tenían que haberse bañado varias veces al día. El baño ritual, precedido por un baño de aceite, era una disciplina que se seguía con minuciosidad. Los dientes se limpiaban regularmente con una ramita de “neem”, tal vez el mejor desinfectante que existe; el lavado cotidiano de las ropas también debe haber formado parte de las habituales tareas domésticas.
   En la primera mitad del siglo veinte, los hindúes eran considerados por los gobernantes británicos de la India como una parte inevitable del paisaje ‑había que mantenerlos a suficiente distancia, en el mejor de los casos se les podía tolerar pero bajo ninguna circunstancia debía alentarse familiaridad con un hindú­, y una actitud de condescendiente superioridad invadía la mayoría de las relaciones. Fue en este ambiente que el niño Krishna, nacido como brahmín pero perteneciente a una familia muy inferior en la jerarquía oficial, fue reconocido por un excéntrico místico británico, en un destello de percepción psíquica, como un gran ser, y más tarde como el vehículo para el advenimiento del Bodhisattva Maitreya.
   Krishna y Nitya fueron sacados del confinamiento de su pequeña casa e introducidos en la grandiosidad del edificio y de los inmensos terrenos que ocupaba la sede central de la Sociedad Teosófica. Quedaron a cargo de C.W.L., un hombre blanco de larga barba y aspecto venerable, que hablaba en lenguaje esotérico de luminosos Maestros e Iniciados, de vidas pasadas y espléndidas reencarnaciones. El supersensible sistema nervioso de Krishna y sus percepciones, se afinaron para un estado de expectativa, posiblemente en contacto con tesoros del inconsciente racial. Su trasfondo brahmínico con su iconografía, suministró la urdimbre para que pudieran tejerse las imágenes de la Sociedad Teosófica. Formas de pensamiento e imágenes visuales que circulaban en la atmósfera de Adyar, cargadas con verdades ocultas e ilusiones, se revelaban a los jóvenes neófitos. Del mismo modo que el joven Krishnamurti había tenido, en la devota casa de su madre, visiones del divino niño Krishna, así veía ahora a los maestros, al Buda y a Sanat Kumar ‑el sonriente muchacho lleno de luz­, jefe de la jerarquía establecida por la Sociedad Teosófica. Las fuerzas esotéricas ‑si es que existían­ y ciertamente Leadbeater, requerían para su vehículo un cuerpo de brahmin con su herencia de sensibilidad, vegetarianismo y pulcritud, con un cerebro que durante siglos se hubiera interesado en “lo otro”, con la sutileza, fuerza y percepción necesarias para penetrar en el interior de la mente y de la materia, con capacidad para recibir y contener las cantidades inmensas de energía que serían convocadas.
   Irónicamente, una vez que ambos fueron aceptados en el redil teosófico, se hizo todo lo posible para conseguir que Krishna y Nitya se despojaran completamente de su origen indio. Es casi seguro que los tutores de Krishnamurti decidieron que él y su hermano hablaran solamente el inglés, de modo que la melodiosa lengua telugu fue prontamente olvidada; se borraron los Vedas y los himnos aprendidos en la niñez. Se les cortó el cabello dividiéndolo con una raya en el medio. Se les enseñó el inglés; aprendieron a comer con cuchara y tenedor y a mantener los codos cerca del cuerpo cuando llevaban el tenedor a la boca; a vestir con comodidad ropas occidentales; a cuidar que el pliegue de los pantalones estuviera bien planchado y a lustrarse los zapatos hasta que brillaran. Se les enseñó a bañarse según el estilo británico. “Los muchachos tenían que convertirse en caballeros ingleses, porque en el esquema evolutivo de Leadbeater, el caballero inglés representaba el pináculo del desarrollo humano”7.
   Por fortuna, el barniz exterior y la educación no dejaron huellas en la mente, que se mantuvo expectante e incontaminada. Tal vez era correcto que el muchacho, destinado a ser un Instructor que viajaría por el mundo, fuera liberado del condicionamiento impreso por el nacimiento y el país. Para que pudiera cumplir con su destino, ninguna frontera debía detenerlo o limitarlo.
   De acuerdo con C. Jinarajadasa, quien más tarde sería Presidente de la Sociedad Teosófica, el adiestramiento estaba estrictamente regimentado. Comidas, estudios y juegos respondían a un horario absoluto cuya finalidad era despertar en los muchachos una conciencia alerta al tiempo y a las circunstancias. Se les enseñaba a andar en bicicleta, no por diversión sino para que adquirieran confianza en sí mismos y resistencia a la fatiga. En una ocasión se les hizo ir en bicicleta hasta Chingelpet y volver del mismo modo, un total de 64 millas. Para eliminar de ellos el temor, Leadbeater les leía espeluznantes historias de fantasmas8.
   Setenta y cinco años más tarde, al relatarnos este período de su vida, Krishnamurti nos habló del niño Krishna y de su relación con Leadbeater. “El niño siempre había dicho, ‘Haré todo lo que usted quiera’. Había un elemento de servilismo, de obediencia. El niño era vago, inseguro, impreciso; no parecía importarle nada de lo que ocurría. Era como un recipiente con un gran agujero en el fondo ‑todo lo que se ponía en él lo atravesaba­, no quedaba nada”. Ellos lo llamaban el vehículo, y él aceptaba eso sin hacer ninguna pregunta. No había resistencia ni dudas ni cuestionamientos Krishnamurti también nos habló de los poderes psíquicos del niño. Podía leer el contenido de una carta cerrada, leía los pensamientos de la gente, veía hadas. Pero parecía ignorar por completo el significado de estas facultades extrasensorias; para él no tenían importancia alguna.
   Los Maestros habían instruido a Mrs. Besant y a Leadbeater para que protegieran por dos años el cuerpo de Krishnamurti a fin de prepararlo para la manifestación. Se hizo de todo para asegurar esto; más tarde Krishnaji diría que, si bien Leadbeater y otros determinaban las condiciones en que debía desarrollarse la vida exterior de Krishnamurti, no se hizo ningún intento para interferir con la psique de los muchachos o para moldear sus cerebros, porque decían: “El Señor está preparando eso”.
   Leadbeater se impacientaba a menudo con Krishna ‑la vaguedad del muchacho lo irritaba, particularmente su hábito de permanecer con la boca abierta­. En una ocasión golpeó abruptamente a Krishna en la barbilla para forzarlo a cerrar la boca. Krishnaji contaría más adelante que este acto de violencia rompió toda relación entre él y Leadbeater.

   Justo antes de que Mrs. Besant regresara a la India, Krishna fue puesto a prueba por los Maestros. Cuando Mrs. Besant llegó a Madrás en noviembre de 1909, vio junto a Leadbeater a “un ansioso muchacho de grandes ojos” que se adelantaba tímidamente para colocar una guirnalda alrededor de su cuello. La voz de Leadbeater dijo: “Este es nuestro Krishna”9.
   Con la llegada de Mrs. Besant, un muro protector se fue construyendo lentamente alrededor del muchacho. Se seleccionó a un grupo especial de jóvenes para que jugaran con él; a ninguno se le permitía sentarse en su silla o usar su raqueta de tenis. Todo lo que él hacía, se verificaba minuciosamente.
   Para asegurar que Naraniah no interfiriera en el aprendizaje, pronto se “recibió” de los Maestros un mensaje, según el cual los muchachos debían ir lo menos posible a la casa de su padre. Mrs. Besant persuadió al padre para que la tutoría de los muchachos quedara a cargo de ella. Pronto todas las visitas de Krishna y Nitya a la casa de Naraniah, habían terminado.
   Mientras Mrs. Besant estuvo en Adyar, se encontraba con Krishna todos los días. Fue durante este período que se sembraron las semillas de su relación con él, basada en el amor y en una confianza infinita. En los meses anteriores al regreso de Mrs. Besant a la India, Leadbeater afirmaba haber llevado consigo a Krishna todas las noches en el plano astral para que recibiera instrucciones de los Maestros. El muchacho  había sido puesto en contacto con la vida esotérica de la Sociedad Teosófica tal como era vista por Leadbeater, y con el lenguaje que rodeaba los misterios ocultos. Retratos de los Maestros y de los Mahatmas colgaban en las paredes de la capilla ‑la sala de meditación de la Sección Esotérica­. Rostros y nombres eran absorbidos por Krishna para fusionarse y unirse con su realidad cotidiana. Mrs. Besant conoció por primera vez a Krishna el 27 de noviembre de 1909, y el 5 de diciembre él había sido admitido en la Sección Esotérica de la Sociedad Teosófica.
   Poco tiempo después, ella abandonaría Adyar para dirigirse a Varanasi.


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