Capítulo II
LA SOCIEDAD TEOSÓFICA Y
LA JERARQUIA OCULTA
Madame Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891), llamada frecuentemente
H.P.B. fue en todo respecto una mujer extraordinaria. Con su visión psíquica,
sus penetrantes ojos hipnóticos, y con una personalidad que provocaba
controversias, apareció en la escena de la India en 1879. Rusa de nacimiento,
afirmaba haber vivido por varios años en el Tíbet, en contacto estrecho con los
Mahatmas (Mahatma es un término
sánscrito que significa “gran espíritu”, “adepto”, o “maestro”) o Maestros de
la Hermandad oculta. Fue ahí donde aprendió de su gurú, de su maestro, las bien guardadas doctrinas de los sabios
tibetanos. Mientras estuvo en Europa, en 1873, sus Maestros le pidieron que se
pusiera en contacto con el Coronel Henry Steel Olcott, un investigador psíquico
de los EE.UU. Obedientemente, ella viajó hacia allá, conoció al Coronel Olcott,
y por el año 1875 surgió la idea de la Sociedad Teosófica. Pronto habrían de
viajar juntos ‑primero a Bombay y luego a Ceilán, donde tomaron la iniciación
budista, y más tarde fueron a Madrás. En 1882, la Sede Central de la Sociedad
Teosófica se había establecido en Adyar, Madrás.
La
Sociedad Teosófica se basaba en los principios de una Hermandad Universal de la
Humanidad, que procuraba el estudio de la antigua sabiduría y la exploración de
los misterios secretos de la naturaleza y de los poderes latentes en el hombre.
Estableció una jerarquía oculta extraída de las tradiciones hindúes y budistas,
en particular de los textos y enseñanzas tántricas tibetanas.
A la
cabeza de la jerarquía estaba Sanat Kumar, mencionado en los Tantras, en el
Bhagvat y en los primeros escritos alquímicos, como un muchacho de dieciséis
años, eternamente joven, libre de todo tiempo como pasado, presente y futuro;
en la jerarquía teosófica se le consideraba como el Señor del mundo. Below
Kumar era el Buda. Y debajo del Buda estaban los tres jefes del logos del
sistema solar: el bodhisattva Maitreya, que luego sería el Buda; el Mahachohan,
una figura que no se encuentra en ninguna de las escrituras hindúes o budistas;
y el Manú, uno de los padres de la humanidad según el Rig Veda. Ellos simbolizaban respectivamente el corazón como
compasión, la cabeza como intelecto y las manos como destreza en la acción.
Debajo de ellos estaban los Mahatmas o Maestros que en los años futuros
evolucionarían para ser bodhisattvas y Mahachohan. El Maestro Kut Humi (o
Maestro K.H. como se le conocía) tenía el cuerpo de un brahmin Kashmiri,
mientras que el Maestro Morya (Maestro M.) tenía el cuerpo de un príncipe de
Rajput. Estos dos Maestros guiaban los asuntos de la Sociedad Teosófica y de
los discípulos que pasaban por las diversas iniciaciones bajo la benigna
conducción de ellos.
Hacia
fines del siglo diecinueve, se habían esparcido entre las comunidades ocultas,
murmullos acerca de la venida del Mesías o Instructor del Mundo. Antes de su
muerte en 1891, H.P.B. había escrito que el verdadero propósito de la Sociedad
Teosófica era la preparación para el advenimiento del Instructor del Mundo.
En
1889, Annie Besant (l847-1933) leyó por casualidad la Doctrina Secreta de
Blavatsky, y más tarde conoció a la fundadora de la Sociedad Teosófica. Annie
Besant o A.B. había sido una rebelde, una librepensadora y luchadora ardiente
por las causas que ella consideraba justas. Elocuente y consagrada a su labor,
tenía una capacidad organizativa de muy alto nivel. Era una vehemente cruzada
de la libertad de pensamiento, de los derechos de la mujer, del sindicalismo,
del socialismo fabiano y del control de la natalidad. Pero la obra de la
Blavatsky la transformó por completo. Apartó sus enormes energías del
materialismo y del ateísmo para dedicarlas a la búsqueda de lo oculto y lo
sagrado. Sus amigos y admiradores ‑entre ellos Bernard Shaw, Sydney y Beatrice
Webb y Charles Bradlaugh se sintieron pasmados cuando ella se afilió a la
Sociedad Teosófica. Al separarse de sus anteriores asociados, y consciente del
cinismo que su nuevo papel despertaría en sus admiradores, escribió:
Pero
aquí, como otras veces en mi vida, no me atrevo a ganar la paz con una mentira.
Una necesidad imperiosa me obliga a decir la verdad tal como la veo, guste o no
guste lo que diga, traiga ello alabanzas o censuras. Esa lealtad única hacia la
Verdad debo mantenerla inmaculada, cualesquiera que sean los amigos que me
abandonen o los lazos humanos que hayan de romperse. Ella puede conducirme a la
soledad y, no obstante, tengo que seguirla; puede privarme de todo amor, y aun
así tengo que buscarla con afán; aunque me mate yo confiaré en ella; y no pido
otro epitafio sobre mi tumba que:
“Ella trató de seguir la Verdad”1.
Con
el arribo de A.B. a la India en 1893 a la edad de cuarenta y seis años, había
comenzado el apasionado diálogo y el compromiso con la India que habría de
continuar a lo largo de toda su vida.
Ella
percibía la falta de interés que había en la India por lo que, en su sentir,
era la verdadera misión de ésta en el mundo ‑el don que el país poseía para las
religiones y el conocimiento espiritual. Hizo hincapié en esto durante uno de
sus primeros discursos:
Si la religión sucumbe aquí, sucumbirá en
todas partes, y en manos de la India está la sagrada tarea de mantener
encendida la antorcha del espíritu entre las brumas y las tormentas del
materialismo creciente. Si esa antorcha cae de sus manos, la llama será
pisoteada por las multitudes apresuradas, ansiosas de provecho mundano; y la
India, privada de su espiritualidad, no tendrá futuro, sino que acabará en las
tinieblas, tal como Grecia y Roma han acabado2.
Annie
Besant estudió los libros sagrados de la India, aprendió sánscrito, sostuvo
discusiones con los líderes religiosos del país. Inspirados por la pasión de
sus palabras, muchos intelectuales y jóvenes aspirantes afluían hacia ella y se
afiliaban a la Sociedad Teosófica. Escuchándola con atención absorta, e
inflamado por su elocuencia, estaba un joven muchacho de doce años, Jawaharlal
Nehru. Había venido para oír a Mrs. Besant influido por su tutor belga‑irlandés,
Ferdinand T. Brooks, un ardiente teósofo.
Fascinado por la doctrina y por la elocuencia de la Besant, fue a ver a
su padre, Motilal Nehru (el próspero abogado nacionalista que más adelante
formaría el Partido del Congreso) y le pidió permiso para afiliarse a la
Sociedad Teosófica. Motilal Nehru se echó a reír. El también había sido miembro
de la Sociedad Teosófica en los días de Madame Blavatsky. El permiso fue
concedido, y un Jawaharlal Nehru de trece años se convirtió en miembro y
recibió la iniciación por parte de la propia Mrs. Besant. Asistió a una
convención en Varanasi y vio al Coronel Olcott con su blanca barba. Al partir
el joven Nehru hacia Harrow, la teosofía se desvaneció rápidamente de su
conciencia. Pero los tres años de su contacto con la misma, dejarían en él y en
su carácter una impresión que más tarde confirmaría con su admiración por Annie
Besant3.
Con
la muerte del Coronel Olcott en 1907, Annie Besant se convirtió en Presidenta
de la Sociedad Teosófica. Una maraña de intrigas y una feroz división de
fuerzas dentro de la Sociedad Teosófica habían precedido este evento. Poco
después de que Mrs. Besant asumiera el cargo, entró en contacto estrecho con
Charles Webster Leadbeater o C.W.L. (1847-1934), un ex clérigo anglicano con
reputados poderes de clarividencia. Unos años antes, ciertos incidentes que lo
vinculaban a relaciones homosexuales con jóvenes, habían llevado a su expulsión
de la Sociedad; pero Mrs. Besant, conocedora de sus percepciones psíquicas y
rehusando aceptar los cargos que había contra él, lo había readmitido en la
Sociedad apenas se convirtió en presidenta de la misma. Leadbeater pronto
habría de llegar muy alto en la jerarquía de la Sociedad Teosófica.
Naraniah se retiró del servicio gubernamental en 1908. Con su magra
pensión de 125 rupias al mes, encontraba imposible mantener a su incrementada
familia ‑aparte de sus hijos, también tenía la responsabilidad de sostener a su
hermana y a sus sobrinos. Se había afiliado a la Sociedad Teosófica en 1882, y
ahora le escribió a Annie Besant solicitándole un puesto en Adyar. Al principio
ella lo había rechazado, consciente de los problemas que su gran familia
plantearía a la paz y quietud que imperaban en los terrenos de la Sociedad
Teosófica. Pero Naraniah perseveró, y pronto estuvo en Adyar trabajando como
asistente secretario en la Sección Esotérica (S.E.). Ocupó una pequeña casa
fuera del complejo residencial de Adyar; su hermana dirigió los arreglos
domésticos.
Krishna y su hermano Nitya tenían que caminar todos los días para
asistir a la escuela de Mylapore, donde la inatención de Krishna daba por resultado
severos castigos. Él seguía con su vaguedad y su indiferencia por los estudios;
su maestro lo consideraba medio loco. Pero la tía de Krishnamurti estaba
sumamente encariñada con el joven y espiritual Krishna de los ojos soñadores y,
percibiendo en él una incipiente sabiduría, lo llamó Dronachari, en honor a
Drona, el gurú de los Pandavas y los Kauravas en la epopeya Mahabharata.
Los
hijos de Naraniah acostumbraban ir a la playa de Adyar para bañarse en el mar,
y allí fue donde los vio Leadbeater. En 1899, el tema de la conferencia de Mrs.
Besant en Adyar, fue “Los Avatares”. En 1908, durante el torbellino de su
recorrido por los EE.UU., ella habló incesantemente de la inminente venida del
Instructor del Mundo. Por días estuvo Leadbeater observando a Krishnamurti,
advirtiendo la presencia del muchacho y de su aura singular que no contenía
egoísmo alguno.
Una
tarde, al volver Mr. Leadbeater a su habitación después de nadar como
habitualmente lo hacía, le contó a Ernest Wood, un joven que ayudaba a
Leadbeater en sus estudios ocultos, que uno de los muchachos tenía un aura
notable; era Krishnamurti. Wood expresó sorpresa ‑él conocía a los muchachos, y
Krishnamurti no era ciertamente de los brillantes. Pero Mr. Leadbeater
insistió en que era Krishnamurti el que un día habría de convertirse en un
maestro espiritual y un gran orador. Wood preguntó: “¿Cuán grande? ¿Tan grande
como Mrs. Besant?” Se dice que Leadbeater respondió: “Mucho más grande”4.
Krishnamurti describió su encuentro con Leadbeater ‑que muy posiblemente
era el primer europeo que había conocido en su autobiografía:
Cuando por primera vez vinimos a Adyar,
vivíamos en una casa próxima a la nueva imprenta. Todos los días caminábamos
hasta la escuela de segunda enseñanza en Mylapore. Temprano en las mañanas y
por las noches, preparábamos nuestros deberes escolares. Después de un tiempo
comenzamos a chapotear en el mar junto con otros niños que vivían cerca.
Durante una de estas ocasiones, en el año 1909, conocimos por primera vez a mí querido
amigo y hermano mayor, C.W. Leadbeater. El encuentro fue completamente casual.
Hasta
donde puedo recordarlo, él (Leadbeater) estaba bajando hacia el mar con Mrs.
Van Manen y otros a fin de nadar. No me acuerdo de ninguna conversación en
particular, especialmente porque yo no conocía nada bien el inglés. Después de
esto, nos encontramos con frecuencia, y a veces él nos invitaba a su casa, o
preferentemente al bungalow. En la época que estoy describiendo, él vivía en lo
que se conoce como el bungalow del río.
Cuando por primera vez pasé a su aposento, yo estaba muy asustado, pues
la mayoría de los niños en la India temen a los europeos. No se cuál es el
origen de este temor; pero una de las causas era que, siendo yo un niño, había
mucha agitación política y nuestra imaginación estaba muy impresionada por las
murmuraciones que nos rodeaban. También debo confesar que, generalmente, los
europeos en la India de ninguna manera son amables con nosotros, y uno
acostumbraba ver muchos actos de crueldad que nos amargaban más todavía. Yo
quisiera que los ingleses en la India pudieran comprender que los muchachos
indios sienten un amor tan profundo por la India como el que los ingleses
sienten por su propio país, y que les afecta muy profundamente cualquier insulto,
por involuntario que sea.
Por
lo tanto, para nosotros fue una sorpresa descubrir lo diferente que era el
inglés, quien también resultó ser un teósofo. Pronto nos hicimos muy amigos con
Mr. Leadbeater, y él nos ayudaba regularmente en nuestras lecciones. Poco
tiempo después llegó a Adyar un joven ingeniero, Mr. R.B. Clarke, y se convino
con mi padre en que mi hermano Nitya y yo dejaríamos la escuela y recibiríamos
instrucción en Adyar por parte de Mr. Leadbeater y Mr. Clarke. Pronto empezamos
a progresar mucho mejor de lo que nunca lo habíamos hecho antes. La vida se
volvió muy metódica. Llegábamos al bungalow de Mr. Leadbeater temprano en la
mañana, estudiábamos hasta lo que podría llamarse el desayuno, que tomábamos en
casa, y luego volvíamos con él. Por las tardes jugábamos al tenis o íbamos al
mar para aprender a nadar. Mi padre estaba muy complacido con el progreso que
hacíamos, y el 14 de agosto se decidió finalmente que no debíamos ir a la
escuela nunca más5.
Krishnamurti había llamado la atención de Leadbeater durante la época en
que éste se encontraba emprendiendo una investigación clarividente en las vidas
anteriores de sus asociados. Pronto comenzó a indagar en las anteriores
encarnaciones de Krishnamurti. Estas incursiones en el pasado oculto de
Krishna, se publicaron más tarde con el título, “Las Vidas de Alcyone”. El
nombre Alcyone se derivaba de “alción”, la estrella más brillante de las
Pléyades. Las investigaciones revelaron una ordenación luminosa en las vidas
pasadas, donde Krishna había sido discípulo del Buda, y en otras vidas
prodigiosas donde su compasión y sabiduría habían sanado e iluminado a los
seres humanos.
Por
la época en que los muchachos fueron descubiertos, ambos tenían afeitada la
parte anterior de sus cabezas (como era costumbre en el sur de la India);
Krishnamurti llevaba el cabello largo hasta las rodillas. Estaba flaco y mal
alimentado. Pronto él y su hermano Nitya comenzaron sus estudios en Adyar. Al
principio se mantuvieron las estrictas reglas de casta, pero éstas se fueron
suavizando a medida que crecía la impaciencia de Leadbeater, quien comenzó a
apartar a los muchachos de la influencia de su padre. Naraniah, a su vez,
empezó a crear dificultades. Inmediatamente, Leadbeater escribió a Mrs. Besant
diciéndole que el hombre había perdido el juicio y había caído bajo el influjo
de “los poderes negros”. Fue por entonces que Leadbeater “recibió”
instrucciones del Maestro Kut Humi. El mensaje era el siguiente:
Ellos han vivido largo tiempo en el infierno;
traten de mostrarles algo del paraíso. Deseo para ellos que tengan todo lo
opuesto de las condiciones anteriores. En vez de hostilidad, de desconfianza,
miseria, escualidez, anormalidad, descuido e inmundicia, quiero que estén
rodeados por una atmósfera de amor y felicidad, de confianza, normalidad,
perfecta limpieza física y pureza mental Manténgalos, hasta donde sea posible,
dentro de su aura y de la de Annie, de modo que puedan estar protegidos de
pensamientos perversos y carnales... Quiero que los civilicen; que les enseñen
a usar cucharas y tenedores, cepillos de uñas y de dientes, a sentarse
cómodamente en sillas en lugar de acuclillarse en el suelo, a, dormir
racionalmente en una cama y no en un rincón como un perro6.
Es
inconcebible que un Maestro de sabiduría ‑que también era un brahmín kashmiri
pudiera haber escrito esta carta cargada de alusiones coloniales con sus obvios
prejuicios victorianos. Resulta evidente en esta carta el desprecio con que los
británicos en la India juzgaban la cultura y las costumbres de vida del país.
La carta fue escrita en una época en que hombres, mujeres y niños del sur de la
India, ricos o pobres, se sentaban y dormían sobre una estera que se colocaba
en el piso, y cuando el grupo familiar estaba unido por un sentimiento de
calidez y correspondencia mutua, raros en Occidente.
Es
también difícil de creer que los hermanos fueran sucios en sus hábitos; como
brahmines, tenían que haberse bañado varias veces al día. El baño ritual,
precedido por un baño de aceite, era una disciplina que se seguía con
minuciosidad. Los dientes se limpiaban regularmente con una ramita de “neem”,
tal vez el mejor desinfectante que existe; el lavado cotidiano de las ropas
también debe haber formado parte de las habituales tareas domésticas.
En la
primera mitad del siglo veinte, los hindúes eran considerados por los
gobernantes británicos de la India como una parte inevitable del paisaje ‑había
que mantenerlos a suficiente distancia, en el mejor de los casos se les podía
tolerar pero bajo ninguna circunstancia debía alentarse familiaridad con un
hindú, y una actitud de condescendiente superioridad invadía la mayoría de las
relaciones. Fue en este ambiente que el niño Krishna, nacido como brahmín pero
perteneciente a una familia muy inferior en la jerarquía oficial, fue
reconocido por un excéntrico místico británico, en un destello de percepción
psíquica, como un gran ser, y más tarde como el vehículo para el advenimiento
del Bodhisattva Maitreya.
Krishna y Nitya fueron sacados del confinamiento de su pequeña casa e
introducidos en la grandiosidad del edificio y de los inmensos terrenos que
ocupaba la sede central de la Sociedad Teosófica. Quedaron a cargo de C.W.L.,
un hombre blanco de larga barba y aspecto venerable, que hablaba en lenguaje
esotérico de luminosos Maestros e Iniciados, de vidas pasadas y espléndidas
reencarnaciones. El supersensible sistema nervioso de Krishna y sus
percepciones, se afinaron para un estado de expectativa, posiblemente en
contacto con tesoros del inconsciente racial. Su trasfondo brahmínico con su
iconografía, suministró la urdimbre para que pudieran tejerse las imágenes de
la Sociedad Teosófica. Formas de pensamiento e imágenes visuales que circulaban
en la atmósfera de Adyar, cargadas con verdades ocultas e ilusiones, se
revelaban a los jóvenes neófitos. Del mismo modo que el joven Krishnamurti
había tenido, en la devota casa de su madre, visiones del divino niño Krishna,
así veía ahora a los maestros, al Buda y a Sanat Kumar ‑el sonriente muchacho
lleno de luz, jefe de la jerarquía establecida por la Sociedad Teosófica. Las
fuerzas esotéricas ‑si es que existían y ciertamente Leadbeater, requerían
para su vehículo un cuerpo de brahmin con su herencia de sensibilidad,
vegetarianismo y pulcritud, con un cerebro que durante siglos se hubiera
interesado en “lo otro”, con la sutileza, fuerza y percepción necesarias para
penetrar en el interior de la mente y de la materia, con capacidad para recibir
y contener las cantidades inmensas de energía que serían convocadas.
Irónicamente, una vez que ambos fueron aceptados en el redil teosófico,
se hizo todo lo posible para conseguir que Krishna y Nitya se despojaran
completamente de su origen indio. Es casi seguro que los tutores de Krishnamurti
decidieron que él y su hermano hablaran solamente el inglés, de modo que la
melodiosa lengua telugu fue prontamente olvidada; se borraron los Vedas y los himnos aprendidos en la
niñez. Se les cortó el cabello dividiéndolo con una raya en el medio. Se les
enseñó el inglés; aprendieron a comer con cuchara y tenedor y a mantener los
codos cerca del cuerpo cuando llevaban el tenedor a la boca; a vestir con
comodidad ropas occidentales; a cuidar que el pliegue de los pantalones
estuviera bien planchado y a lustrarse los zapatos hasta que brillaran. Se les
enseñó a bañarse según el estilo británico. “Los muchachos tenían que
convertirse en caballeros ingleses, porque en el esquema evolutivo de
Leadbeater, el caballero inglés representaba el pináculo del desarrollo humano”7.
Por
fortuna, el barniz exterior y la educación no dejaron huellas en la mente, que
se mantuvo expectante e incontaminada. Tal vez era correcto que el muchacho,
destinado a ser un Instructor que viajaría por el mundo, fuera liberado del
condicionamiento impreso por el nacimiento y el país. Para que pudiera cumplir
con su destino, ninguna frontera debía detenerlo o limitarlo.
De
acuerdo con C. Jinarajadasa, quien más tarde sería Presidente de la Sociedad
Teosófica, el adiestramiento estaba estrictamente regimentado. Comidas,
estudios y juegos respondían a un horario absoluto cuya finalidad era despertar
en los muchachos una conciencia alerta al tiempo y a las circunstancias. Se les
enseñaba a andar en bicicleta, no por diversión sino para que adquirieran
confianza en sí mismos y resistencia a la fatiga. En una ocasión se les hizo ir
en bicicleta hasta Chingelpet y volver del mismo modo, un total de 64 millas.
Para eliminar de ellos el temor, Leadbeater les leía espeluznantes historias de
fantasmas8.
Setenta y cinco años más tarde, al relatarnos este período de su vida,
Krishnamurti nos habló del niño Krishna y de su relación con Leadbeater. “El
niño siempre había dicho, ‘Haré todo lo que usted quiera’. Había un elemento de
servilismo, de obediencia. El niño era vago, inseguro, impreciso; no parecía
importarle nada de lo que ocurría. Era como un recipiente con un gran agujero
en el fondo ‑todo lo que se ponía en él lo atravesaba, no quedaba nada”. Ellos
lo llamaban el vehículo, y él aceptaba eso sin hacer ninguna pregunta. No había
resistencia ni dudas ni cuestionamientos Krishnamurti también nos habló de los
poderes psíquicos del niño. Podía leer el contenido de una carta cerrada, leía
los pensamientos de la gente, veía hadas. Pero parecía ignorar por completo el
significado de estas facultades extrasensorias; para él no tenían importancia
alguna.
Los
Maestros habían instruido a Mrs. Besant y a Leadbeater para que protegieran por
dos años el cuerpo de Krishnamurti a fin de prepararlo para la manifestación.
Se hizo de todo para asegurar esto; más tarde Krishnaji diría que, si bien
Leadbeater y otros determinaban las condiciones en que debía desarrollarse la
vida exterior de Krishnamurti, no se hizo ningún intento para interferir con la
psique de los muchachos o para moldear sus cerebros, porque decían: “El Señor
está preparando eso”.
Leadbeater se impacientaba a menudo con Krishna ‑la vaguedad del
muchacho lo irritaba, particularmente su hábito de permanecer con la boca
abierta. En una ocasión golpeó abruptamente a Krishna en la barbilla para
forzarlo a cerrar la boca. Krishnaji contaría más adelante que este acto de
violencia rompió toda relación entre él y Leadbeater.
Justo
antes de que Mrs. Besant regresara a la India, Krishna fue puesto a prueba por
los Maestros. Cuando Mrs. Besant llegó a Madrás en noviembre de 1909, vio junto
a Leadbeater a “un ansioso muchacho de grandes ojos” que se adelantaba
tímidamente para colocar una guirnalda alrededor de su cuello. La voz de
Leadbeater dijo: “Este es nuestro Krishna”9.
Con
la llegada de Mrs. Besant, un muro protector se fue construyendo lentamente
alrededor del muchacho. Se seleccionó a un grupo especial de jóvenes para que
jugaran con él; a ninguno se le permitía sentarse en su silla o usar su raqueta
de tenis. Todo lo que él hacía, se verificaba minuciosamente.
Para
asegurar que Naraniah no interfiriera en el aprendizaje, pronto se “recibió” de
los Maestros un mensaje, según el cual los muchachos debían ir lo menos posible
a la casa de su padre. Mrs. Besant persuadió al padre para que la tutoría de
los muchachos quedara a cargo de ella. Pronto todas las visitas de Krishna y
Nitya a la casa de Naraniah, habían terminado.
Mientras Mrs. Besant estuvo en Adyar, se encontraba con Krishna todos
los días. Fue durante este período que se sembraron las semillas de su relación
con él, basada en el amor y en una confianza infinita. En los meses anteriores
al regreso de Mrs. Besant a la India, Leadbeater afirmaba haber llevado consigo
a Krishna todas las noches en el plano astral para que recibiera instrucciones
de los Maestros. El muchacho había sido
puesto en contacto con la vida esotérica de la Sociedad Teosófica tal como era
vista por Leadbeater, y con el lenguaje que rodeaba los misterios ocultos.
Retratos de los Maestros y de los Mahatmas colgaban en las paredes de la
capilla ‑la sala de meditación de la Sección Esotérica. Rostros y nombres eran
absorbidos por Krishna para fusionarse y unirse con su realidad cotidiana. Mrs.
Besant conoció por primera vez a Krishna el 27 de noviembre de 1909, y el 5 de
diciembre él había sido admitido en la Sección Esotérica de la Sociedad
Teosófica.