Capítulo V
“NUESTRA VIDA AQUÍ ES UNA VIDA
DE INTENSA ACTIVIDAD INTERNA”
Un
grupo de sus amigos más íntimos acompañó a Krishna a Pergine en Italia. Estaba
ahí Lady Emily con sus hijas Betty y Mary; también estaba Helen Knothe, una
joven norteamericana; una íntima amiga de Krishnaji, la Dra. Shivakamu, hermana
de Rukmini Arundale; Malati, la esposa de Patwardhan; otra estrecha amiga de K,
Ruth Roberts; John Cordes, el representante australiano de la Estrella, quien había estado en Adyar en
1910 y 1911 y durante la época en que fue el responsable de los ejercicios
físicos de Krishna, de su adiestramiento y bienestar. También se encontraban en
el grupo, Rama Rao y Jadunandan Prasad, estrechos asociados de K en la India, y
D. Rajagopal. Este anónimo relato acerca de K en Pergine, se encontró entre los
papeles de Shiva Rao después de su muerte. Es posiblemente un diario llevado
por Nitya o Cordes. Aunque la identidad del autor es desconocida, el documento
parece auténtico.
Agosto 29, 1924: Nuestra vida aquí es
una vida de intensa actividad interna y casi completa inactividad externa. Eso
es lo que tiene que ser y lo que Krishnaji desea.
En
anteriores períodos de vacaciones como éste, cuando Krishnaji había reunido a
su alrededor a aquellos a quienes él deseaba enseñar y ayudar, retirándose con
ellos a algún tranquilo lugar lejos de la civilización, no había existido un
plan concertado de acción. Krishnaji, por supuesto, ha hablado individualmente
con cada uno de sus acompañantes, pero jamás antes los Maestros habían hablado
para todos nosotros colectivamente como en nuestro grupo actual, de modo que
todos los grados y también aquellos que todavía estaban aparte, pudieran
escuchar y hablar abiertamente de ellos.
Estamos aquí con un sólo propósito, dar ‘pasos’ definidos y, con eso,
llegar a ser directamente útiles para Ellos. Cada uno de nosotros tiene su
oportunidad; cada uno se encuentra en una etapa diferente y, por lo tanto, es
capaz de servir a aquellos que están arriba y de ayudar a los que están abajo
(Términos tales como ‘arriba’ y ‘abajo’ pueden ser engañosos, los uso sin
implicar con ellos superioridad e inferioridad, sino sólo una diferencia)
El
régimen para el día es: meditación a las ocho y cuarto, desayuno a las ocho y
media. Un paseo a un campo abierto de rastrojos donde jugamos ‘rounders’ (Juego
de pelota parecido al béisbol) por una hora, y luego una hora de plática bajo
los árboles acerca de los Maestros y de cómo servirlos. Almuerzo a las doce y
media ‑descanso o trabajo individual, si se desea, bajo un árbol; juegos en
los terrenos del Castillo, baño, y cena a las seis. Después de lo cual nos
separamos todos para la noche, algunos van a la Torre Cuadrada donde por una
hora prosigue cierta preparación intensiva. A las 8,30 nos vamos a dormir.
Krishnaji, desde luego, es la figura central de cada día; tanto en los
juegos como en el trabajo. Todo se concentra alrededor de él; la vida de
Krishnaji es de una absoluta devoción al señor, una apasionada adoración de lo
idealista y lo bello y, no obstante, ¡es tan perfectamente humano y tan
próximo a sus semejantes! No hay palabras que puedan describir su carácter,
pero él parece más una criatura humana que se ha perfeccionado a sí misma en
alto grado, que un ser divino en una forma humana imperfecta. Seguramente, lo
que el señor deseará es un instrumento humano perfecto, de modo que Él pueda
establecer contacto con la humanidad en el propio nivel de ésta. La divinidad, Ella
misma, se manifestará a través del instrumento. Jamás, excepto con el
advenimiento de un Instructor del Mundo, hay una unión semejante entre aquellas
cosas que son Divinas y las que son humanas. Porque habitualmente la humanidad
se eleva hasta alcanzar la Divinidad, y en el momento que la alcanza se vuelve
una con ella; pero en este caso, la Divinidad desciende hasta un instrumento
humano, lo utiliza, trabaja a través del instrumento como si estuviera aparte y
separada de él, y se retira nuevamente dejando que el instrumento siga siendo
un instrumento humano. Ciertamente, la evolución del instrumento humano es a
menudo estimulada hasta tal punto, que éste se vuelve inmediatamente
suprahumano (a través de este servicio) pero éste es un proceso separado. El
hombre puede elevarse y volverse Divino, pero no puede usar los poderes Divinos
mientras todavía es humano. En cambio, lo Divino puede descender y usar los
poderes humanos, aun cuando aquel a quien usa haya dejado de ser humano.
Hoy
Krishnaji estuvo muy animado durante el desayuno, y frecuentemente nuestra
conversación no era publicable. Después de una plática muy seria en la mañana o
de un arduo trabajo por la tarde, Krishnamurti se mostraba a menudo muy
frívolo, haciendo chistes y riéndose de ellos ruidosamente, con súbitos
estallidos tonantes de hilaridad o con prolongadas y contagiosas risitas
entrecortadas. Estas son dos cosas extrañas a su respecto ‑primero, su
capacidad para pasar instantáneamente de la más seria, verdadera y gloriosa
disposición de ánimo, a otra poblada de chistes y de risas, segundo que ninguno
de los chistes que dice, por vulgar que sea, influye en la atmósfera que
habitualmente rodea una conversación de éstas. Parece como si su belleza, la
absoluta claridad de su ser, limpiara todo lo que hay por delante, de modo tal
que él pueda tocar a cualquier persona, a cualquier objeto o sujeto, e
impartirle su propia timidez, dotándolo con el aire puro de su presencia.
Krishnaji intentó recordar sus propias experiencias. Cuando él y Nitya vieron
por primera vez a C.W.L. éste les mostró pinturas del Maestro M. y del Maestro
K.H. y les preguntó cuál preferían. Cuando ellos eligieron la del Maestro KH,
dijo que eso era lo que él esperaba.
Cuando Krishnaji era joven, los Maestros eran muy reales para él; fue
por entonces que escribió “A los Pies del Maestro”; después vino un período en
que esa realidad ya no era para él tan intensa, y sólo creía en ellos por lo
que C.W.L. y A.B. decían. Ahora, nuevamente había vuelto la intensa realización.
Nitya dijo que nuestro grupo debía crear una atmósfera que ‘atrajera’ la
atención de Ellos. Habló de las diversas influencias en Ojai ‑la del Maestro
M. como un poder que le hace a uno sentirse capaz de cualquier cosa. La del
Maestro K.H. como la bondad perfecta ‑era como la miel que penetraba en uno
cuando él hablaba, era la pureza absoluta, la claridad perfecta. Después habló
de la más grande de todas las influencias, la del Señor, como también nosotros
la percibimos en Ehrwald (Krishna, Nitya y algunos de sus amigos habían
visitado Ehrwald en Austria, antes de su viaje a Pergine) paz “la paz que
sobrepasaba toda comprensión”.
Krishnaji habló de Adyar como de una casa con un poder extraordinario,
donde uno se volvía un santo, enloquecía o era rechazado por un guardián
infalible.
Jamás
le he visto tan radiantemente hermoso como en estos tiempos se le ve por las
noches. Sus ojos ríen con un extraño júbilo no terrenal, que es exultante y,
sin embargo, muy tierno. Está investido de bondad y de una dulce y penetrante
alegría, que se muestra en las líneas y curvas de su rostro, y lo rodea y
envuelve un aroma de rosas. A veces se estremece como si tuviera frío, y en
otras ocasiones está muy agotado; pero en estas noches, estas noches
particulares de las que hablo, el verdadero Krishna ‑con todo eso que hace de
él lo que es en el más profundo sentido llega y se transparenta a través de
sus ojos.
1° de septiembre, 7924: Lady Emily
compara a Rajagopal con St. Peter. Parece como si fuera el Payaso entre los
discípulos presentes; ama profundamente su posición de Bufón del Superior
Tribunal. Para conocer a Krishnaji, uno tiene que conocer a sus seguidores
Rajagopal fue una vez St. Bernard de Clairveaux, y otras veces ha sido un
venerable sacerdote, y ambos, el santo y el sacerdote, se asoman en él una y
otra vez. Quizás especialmente el último. Habla perpetuamente, y cuando su
discurso se hace prolongado y tedioso, de hecho él sermonea. Es, o más bien
pretende ser, muy aficionado a la comida, siendo éste el tema principal para
sus chistes, etc. Cuando Krishnaji está tenso o cansado, o el grupo en general
se siente deprimido, Rajagopal siempre tiene a mano un chiste o alguna frase
divertida, y se ríe para sí mismo de manera tan persistente que uno está obligado
a acompañarle. Se dice que una cualidad que poseen todos los Maestros y sin la
cual es imposible que el discípulo pueda progresar, en un sentido del humor. Y
que cuanto más lejos se lleva la vida espiritual, tanto más esto se manifiesta.
Un sentido del humor aliviará la tensión de los sentimientos y pensamientos
bajo las más difíciles circunstancias, y a menudo es justamente eso lo que
evita una ruptura definitiva en el trabajo, o individualmente en una persona.
Por cierto que la gracia de Rajagopal no es del tipo más claro y agudo, pero
entonces eso permite que Krishnaji y los otros tomen parte y agreguen su propia
cuota. Huelga decir que Rajagopal importuna muchísimo, pero entonces lo mismo
puede decirse de cada uno que se acerca a Krishnaji, siendo éste uno de los
modos por los cuales él influye sobre la gente, en especial sobre cierto tipo
de personas.
Una
de las teorías de Krishnaji, es que la gente debe sin duda evolucionar sólo a
través de la felicidad, y llegar a Dios tan naturalmente como una flor se abre
al sol. En un tiempo parecía casi atormentarlo el hecho de que todo aquel con
quien se encontraba había evolucionado hasta ahí por tortuosos y largos caminos
de dolor, y que pocos habían tomado la sencilla senda de la felicidad. Creo
haberle escuchado decir incluso que nunca se había encontrado con nadie que
evolucionara sólo a través de la felicidad, y que no obstante, ello era posible
y se volvería muy común con que sólo nuestra actual civilización no fuera tan
compleja. “Sean naturales, sean felices”. De modo que Rajagopal juega un gran
papel en este drama superior, en el cual Krishnaji es el primero en reír y el
más fácil de divertir. “Sé un Dios, y ríete de ti mismo”.
Hablando de sus dos años de ejercitación con Leadbeater, Krishnaji dijo literalmente
que estaba “cansado de lágrimas”. Todos los deseos eran agotados; por ejemplo,
K y N pidieron bicicletas (probablemente, como eran niños pequeños,
importunaron con ellas a C.W.L.); se consiguieron las bicicletas y se hizo un
viaje de diez millas, no sólo una vez, sino que tuvieron que hacerlo todos los
días durante dos años. También expresaron el deseo de comer un plato de avena
cocida con leche; lo tuvieron ‑pero nuevamente todos los días por un año. Si
tenían los pies sucios, o como una vez en que Nitya le arrojó una piedra a una
rana, se les decía que: “Los discípulos del Maestro no hacen estas cosas”. Pero
ello debe haber resultado duro por entonces para el pequeño niño moreno que
habría de convertirse en el Krishnaji de hoy y el Jesús de mañana.
Él ha
tenido muchas vidas como mujer, y éstas han dejado una fuerte huella en su
carácter, su excepcional poder de intuición lo hace diferente a la mayoría de
los hombres. A veces puede ser muy cruel, como otras veces puede ser lo
contrario, pero esto es siempre con un propósito. Una frase corta y aguda que
sus relampagueantes ojos acentúan a un grado intolerable, eso es todo.
Krishnaji jamás ofrecerá hablar con nadie, a menos que alguien se le aproxime
para hacerlo, y entonces por las primeras dos o tres veces que se inicia una
conversación, él se muestra terriblemente tímido.
Septiembre 8, 1924: Lady Emily, Cordes y
yo estábamos sentados en la habitación de Krishnaji, quien se encontraba en la
habitación que estaba debajo. Eran cerca de las siete menos cuarto, y todo
estaba igual que en las noches habituales, excepto por un mágico silencio que
descendió sobre nosotros. En algún lugar de la torre, Nitya, (Lo anotado en
este día, parece descartar por lógica que este texto pertenezca a Cordes o
Nitya, como se señala en el principio del Capítulo), Rama Rao y Rajagopal
estaban cantando, y por las hendeduras de la puerta penetraba flotando el olor
del incienso. Todos percibimos Su Presencia; ni el más torpe hubiera dejado de
reconocer la paz inefable que llenaba la casa. Permanecimos “silenciosos y
extasiados” por una hora.
Después, cuando estuvimos todos juntos y Krishnaji estaba sentado en
medio de nosotros, fue como si sólo ahora nos hubiéramos descubierto el uno al
otro; y cuando hablamos de lo que había sucedido, una risa suave y dulce propia
del más grande e inexpresable de los júbilos, parecía acudir a nuestros labios.
“Si ahora es así, ¿cómo será cuando el momento llegue?”.
Septiembre 14, 1924: Esta tarde, en vez
de jugar el habitual voleibol, nos tendimos sobre las rocas que rodean la Torre
Cuadrada. Krishnaji se acuclilló sobre las rocas con Rama Rao, examinando con
gran interés un pequeño caracol amarillo. Una vez, hace algunos años, recuerdo
haber estado con Krishnaji cuando él descubrió una colonia de hormigas y se
pasó toda la mañana alimentándolas con azúcar, revolviéndolas, y observando
después cómo transportaban los huevitos y reconstruían su hormiguero. Al cabo
de un rato, Krishnaji y Rama Rao encontraron otro caracol, e hicieron que
treparan el uno sobre el otro arriba y abajo una y otra vez por los escarpados
peñascos. El último año, en Ehrwald, él estaba acostado entre altos pastos y
flores, cuando una mariposa se posó sobre su mano, y pronto tuyo una o dos
suspendidas de un dedo. Su deleite era ilimitado. Él siente amor por todas las
criaturas grandes y pequeñas; en realidad, todo lo que es bello y natural le
interesa; perseguirá a un saltamontes siguiendo sus movimientos y reparando en
el color de sus alas; o con su acostumbrado “¡Caramba!” se detendrá casi
arrobado ante una escena hermosa. “Sólo miren ese lago, es tan sereno, como de
hielo y verde oscuro. ¿Ven los reflejos en él? ‘Oh-ee’ ustedes deben
ver el lago de Ginebra ‑tan azul”.
Krishnaji lee en meditación todas las mañanas un breve pasaje de “El
Evangelio de Buda”. Es verdaderamente un devoto, y el sonido mismo del nombre
de Buda casi parece hacerlo temblar con un sentimiento de suma admiración. Hoy
hubo una frase en que el Señor Buda decía que el discípulo que vive en el mundo
debe ser como el loto. En la India, el loto simboliza la pureza suprema. Su
capacidad de florecer plenamente mientras sus raíces se hallan en un estanque
turbio y fangoso, significa la capacidad humana de florecer en pureza y
elevarse desde cualquier condición, por oscura y sucia que sea.
Krishnaji estaba hablándome esta tarde. Hablaba del Señor Buda y de ese
estado de existencia en que el yo está por completo ausente. Él piensa mucho en
estos días acerca de ser absolutamente impersonal, y ya parece haberse
sumergido profundamente en ese claro manantial inmaculado libre del fango del
yo. Cuando habla del Señor Buda, un nuevo mundo se extiende delante de uno, un
mundo en el que se extinguen todo amor personal y toda ambición, y uno se vuelve
como la nada; sólo llegó a Krishnaji mientras él estuvo en Ojai, y aún
encuentra casi imposible describir aquello. Cuenta cómo, cuando todos los
Maestros estuvieron reunidos, la venida del Señor Buda fue como el viento del
norte, libre de cosa alguna que siquiera se pareciera al yo. Dijo: “Toda vez
que veo la pintura del Señor Buda, me digo a mí mismo: ‘Yo seré así’”.
La
imagen del Señor Maitreya se le ha estado apareciendo en diversas ocasiones. En
Pergine, durante la última aparición, Él le transmitió a Krishnamurti un
mensaje “La felicidad que buscas no está lejos; se encuentra en cada piedra
común”. En otro mensaje, Él comunicó: “No busques a los Grandes Seres cuando
ellos pueden estar muy cerca de ti”. Por las tardes siguientes, Krishna habría de
reír a menudo y contar cuentos cómicos ‑muchos miembros del grupo se sintieron
escandalizados por su conducta.
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