domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo XXXVI “LA DUDA COMO ESENCIA DE LA INVESTIGACIÓN RELIGIOSA”.



Capítulo XXXVI
“LA DUDA COMO ESENCIA DE LA
INVESTIGACIÓN RELIGIOSA”.

   En la ruta de Londres a Colombo, el 1º de noviembre de 1.980 Krishnaji arribó a Madrás acompañado por Mary Zimbalist. El equipaje que traía fue desviado por error, y Mary Zimbalist se quedó sólo con el maletín que llevaba consigo. Krishnaji se sentía afligido y preocupado por Mary, y su frágil cuerpo se veía agitado. Esa tarde no fue a la playa, pero paseó por la senda circular que rodea a Vasanta Vihar.
   A la mañana siguiente tuvo lugar una discusión significativa durante el desayuno, la cual reveló lúcidas percepciones en su implacable cuestionar. Ese día, el interrogante de Krishnaji fue. ¿Está degenerando la mente india? Achyut habló de una entrevista que Krishnaji había tenido con Jawaharlal Nehru y Acharya Kripalani en 1.931, en la que él estuvo presente. Achyut dijo: “Nehru y Kripalani (Miembro prominente del Partido del Congreso y presidente por varios años del Consejo Nacional de la India, Kripalani fue un líder destacado en la lucha por la libertad contra el dominio británico) sentían que para la India era esencial estar políticamente libre antes de que pudiera producirse una regeneración de la mente india”. Krishnaji había respondido que si ellos ignoraban la regeneración interna en la lucha por la Independencia, la India estaría perdida. Nehru era joven; su mente alerta y atenta comprendía la importancia de la regeneración, pero él sentía que la libertad política tenía que existir para que la mente india floreciera, para que tuviera el espacio interno en el cual le fuera posible investigar. En esa época, Achyut había concordado con Nehru.
   Pero la respuesta de Krishnaji a Nehru fue que la India había representado el espíritu religioso a través de la historia. “El budismo se extendió desde la India a China, Japón y a todo el Oriente y el Lejano Oriente. ¿Cuál es la relación entre esa esencia india y el mundo de hoy?”, le había preguntado a Nehru.
   Achyut había estado hablando con emoción profunda. Krishnaji escuchó en silencio lo que Achyut decía, y después se volvió hacia nosotros preguntando: “¿Está viva la esencia? El mundo occidental, el mundo cristiano, tenía una esencia religiosa que descansaba en la fe. En el corazón de la religión india siempre existió la negación de todo lo que no fuera ‘aquello’. Esa esencia religiosa, la simiente, ¿está ahora desapareciendo? Y si todavía existe, ¿cuál es la respuesta al Occidente y a sus valores?”
   A Achyut le dijo: “Usted manifestó que este país tiene un suelo diferente. Los antiguos usaban la palabra Tat o Brahman para expresar esto. En aquellos tiempos, la religión no se basaba en la casta o en el ritual. Esta conexión con la esencia había llevado a un estilo de vida diferente. ¿Es posible, entonces, que la simiente dormida por siglos en este suelo, despierte?”
   “La vida es la simiente despertando, y esa es la respuesta ‑el florecimiento de la simiente es la respuesta­”, dije yo, después proseguí hablando de mi reciente visita a Varanasi unas semanas antes. Yo había discutido la enseñanza de K con el Pandit Jagannath Upadhyaya. Erudito Mahayana en la tradición de Nagarjuna, él había participado en discusiones con Krishnamurti. Me dijo. “Nosotros tenemos que entender la dialéctica de Krishnamurti, pero la esencia de Krishnaji es la belleza, un desbordamiento total del ser”. Después dijo que muchos de sus camaradas estaban angustiados con las presentes tendencias del hinduismo, y se habían vuelto al budismo en busca de sustento espiritual, habían sostenido diálogos preguntándose qué hubiera dicho el Buda si estuviera hoy entre ellos. Y terminaron por ver que lo que Krishnamurti decía era lo que el Buda habría dicho.
   Krishnaji me escuchó pacientemente, pero no estaba dispuesto a aceptar lo que yo decía. “Usted no responde a mi pregunta”, dijo. “Todos ustedes son hindúes, bien conscientes de la cultura de la India. Tienen que responder a esta pregunta. Ustedes se dan cuenta de lo que está pasando en la India, los múltiples gurús, los cultos, y también deben tener un sentimiento de la esencia en virtud de la cual tuvieron lugar las grandes cosas. ¿Qué relación tiene esa esencia, si es que aún existe, con el Occidente y con la religión y la cultura occidentales basadas en la fe, en la creencia?” Después preguntó: “Si tal relación no existe, ¿es, entonces, ése el punto desde el cual puede emerger una nueva regeneración?
   “Si esa esencia, ese núcleo, ha desaparecido en la India, ¿es en eso que se están igualando Oriente y Occidente?
   “Aparentemente”, dijo, “desde el principio de los tiempos el pueblo de la India tenía algo que era genuino, verdadero. Todos eran profundamente religiosos en el verdadero sentido de la palabra. Estaban los Budas y los preBudas que dejaron su huella en el suelo de la India. El mundo actual de los astrólogos, de los gurús, ¿indica que la profundidad de aquello se está agotando?
   “En el mundo cristiano la duda jamás ha formado parte de la religión. Aquí, la duda como parte de la investigación religiosa, ha existido siempre. ¿Se está disipando esa capacidad de dudar? ¿Está desapareciendo y convirtiéndose gradualmente en fe?
   “¿Alcanzan ustedes a ver que la duda en la investigación religiosa es una de las cosas más extraordinarias que han existido en la India? El cristianismo se basa en la fe; niega la duda, el escepticismo, el cuestionamiento. Estas cualidades se consideran herejía. En la India y en el mundo asiático, la duda era uno de los fundamentos de la investigación religiosa. ¿Está desapareciendo esa duda y, por lo tanto, la India se está uniendo a la corriente occidental? Y si la duda existe todavía, ¿está siendo sofocada y estamos perdiendo su vitalidad? La duda como una purificación extraordinaria”.
   “La duda se está volviendo un cuestionamiento formal”, dijo Radha Burnier.
   “Estoy hablando de la duda real, con la energía inmensa que trae consigo. ¿Qué dice usted, Pupulji? Usted es una mezcla de Oriente y Occidente” (Nacida en una familia brahmínica, libre de todo ritual y creencia arraigadas todavía en la herencia India: educada en Inglaterra, yo simbolizaba para K una mente que podía cruzar el puente entre la cultura oriental y la occidental).
   “Cuando usted usa la palabra ‘duda’, ésta tiene un significado inmenso. Pero yo no puedo responder a su pregunta sobre si esa duda aún existe o no”, dije.
   “La Sociedad Teosófica y Amma tenían esa cualidad al comienzo. La Dra. Besant dejó el cristianismo, dejó a su marido; existía la duda, y entonces ella quedó atrapada en las organizaciones y perdió vitalidad. Pero la mente india, la mente original, ponía énfasis en la duda. La duda con su claridad, con su inmensa vitalidad, limpia la mente de sus ilusiones. ¿Está la India perdiendo eso? ¿Entienden? Porque es sólo a través de la duda que uno llega a Brahman, no mediante la aceptación de la autoridad”, dijo Krishnaji.
   “Eso es lo que también decía el Buda”, comentó Radha.
   “¿Estamos perdiendo eso? No sólo los pocos que estamos aquí, sino la mente de toda la India. ¿Está perdiendo esa condición, esa búsqueda de claridad?” Krishnaji nos apremiaba con la pregunta.
   Respondió Radha: “Yo sigo pensando que la duda existe en la India, pero esta duda se ha vuelto una tradición. Cuestionamos en un sentido formal. En el Occidente esto toma la forma de la investigación científica. Se duda de aquello que no ha sido corroborado por la experimentación. La mente india se ha vuelto en la dirección de la investigación científica”.
   “También la tradición occidental de conformidad ha penetrado en la corriente india”, agregó Achyut.
   “Krishnaji ha introducido en su enseñanza un nuevo factor: la duda que no se mueve hacia una nueva respuesta. Cuando uno usa la palabra ‘duda’ dentro del contexto de la India, de la duda surge inmediatamente la búsqueda”, dije yo”. ‘¿Qué soy, quién soy?’
   Esta es la pregunta que nos hacemos en la India. Esta pregunta no tiene una dirección”, comentó Achyut.
   “Por supuesto. Si usted duda con una dirección predeterminada, entonces esa duda tiene un significado por completo diferente”, dijo K.
   “La duda no seguida por la búsqueda, no ha existido en la corriente india. En la duda de Krishnaji hay una inmediata inmovilidad en la mente”, dije yo.
   “Estoy planteando una cuestión realmente muy seria. Quiero descubrir si en la India, la mente está siendo atrapada y desviada por la ola materialista. Esa ola está amenazando al mundo occidental, expresándose a través de la tecnología, del nacionalismo. La mente occidental se está moviendo en la dirección de lo externo, y esto domina el mundo. ¿Está, pues, la India perdiendo algo que se encontraba ahí? Por lo que uno puede ver, parece estar perdiéndolo”.
   Intervino Mary Zimbalist: “¿Pregunta usted si el otro espíritu que subyace en la India está fracasando? ¿Cómo puede uno decirlo?”
   “¿Puede usted responder a esa pregunta? ¿Puede sentirla, indagar en ella? ¿Pueden Pupul o Achyut tener un sentimiento de lo que está ocurriendo en este país? ¿Pueden tomar lo externo como una medida y moverse hacia lo interno?”, preguntó K. “Lo otro estuvo siempre ahí. Estoy diciendo algo muy sencillo. La India se movió desde un núcleo central, y ese núcleo se extendió por todo el mundo asiático a través de la búsqueda interna, la danza, la música y las expresiones culturales. El mundo occidental estaba centrado en la creencia, que es tan superficial. La superficialidad, el materialismo, ¿están conquistando esto? Verlo es muy significativo. ¿Puede uno ver la manifestación externa de esto en la India, a través de su burocracia, de la tecnología, de la ciencia, de la energía nuclear, que siguen los mismos pasos de Occidente? ¿Es así como se está marchitando gradualmente la esencia prístina, original de este país? La India estaba concentrada en una sola cosa. Por eso tenía un fuego que se extendió por todo el mundo. ¿Qué está pasando ahora con la esencia india?” El apasionado interrogar de Krishnaji y la llama de su atención encendían nuestras mentes.
   Habló Mary. “¿No diría usted que en la India el espíritu se ha vuelto hacia lo externo? Se ha adulterado. Ya no es más una fuerza. ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre la India y Occidente?”
   “Yo no diría que este campo se ha corroído en los últimos quince años. Yo no diría eso”, dije.
   “Espero que no. Pero no aceptaré su aseveración. La cuestiono. Yo deseo que la India sea así. Por lo tanto, digo que espero que no pierda aquello. Si se ha perdido, se ha perdido. No quiero que lo pierda, porque entonces es el fin de todo”, dijo K.
   “O usted introduce lo que dice en el campo comparativo del tiempo y pregunta si antes había más personas conectadas con la esencia, o sólo puede formular la pregunta: ¿Hay actualmente personas firmemente establecidas en esto?”, dije.
   “Fuera de esas personas que se han mostrado a Krishnaji en la India, ¿hay quienes extraen su fuente de energía de la duda?”, preguntó Achyut.
   “Ha habido veces en la historia de este país cuando la energía ha explotado en grandes manifestaciones. Usted dice que la India se está deteriorando; hace cientos de años o más, ¿existía la duda religiosa, y cuál era, entonces, su naturaleza? De modo que no planteemos la cosa en términos de tiempo lineal. Digamos más bien: ¿Existen hoy en día personas que tengan la capacidad de formularse esta pregunta?”, dije.
   Intervino Radha: “Hay diversos factores que también han contribuido al desgaste de este espíritu. El movimiento Bhakti, que existió por un número de siglos con su énfasis en la creencia y en la fe, podría compararse con el cristianismo. Después vino la moderna era científica que ha reducido toda la naturaleza a lo experimental. Todo esto cortó la fuente en sus raíces”.
   “En el pasado había solamente unos pocos, los aristócratas del espíritu, que se basaban en aquello que no tiene forma”, dije. “Apareció Buda y habló. Eso ocurrió trescientos años antes de que se estableciera la enseñanza”.
   “No digan que no pueden contestar mi pregunta”. Krishnaji seguía firme. “He estado formulando esta pregunta por años. Esta vez, cuando volaba a Bombay, nuevamente planteé el interrogante: ¿Está el Occidente conquistando al Oriente? El Occidente tiene la capacidad de organizarse, de reunir a la gente, tiene la tecnología, las comunicaciones, etc. Ha sido capaz de construir sistemas maravillosos. Aquí no se basaban en la organización ni en el sistema. Había personas que eran únicas, completas en sí mismas”.
   “Existe el campo del bien y el campo del mal. El reto consiste realmente en cómo se puede hacer poderoso ese campo del bien”, dije.
   “No, el bien no puede ser poderoso. El bien es bien”, respondió K.
   “Admitamos que el núcleo está corrupto. ¿Cuál sería la respuesta?”
   “Entonces podemos decir que eso se terminó; hagamos, pues, algo al respecto. Pero si usted dice que existe, entonces sólo continuamos en lo mismo”, dijo K.
   “¿Y si admito que se ha terminado?”, pregunté.
   “Entonces aquello que tiene un final, tiene un nuevo comienzo. Si se ha terminado, entonces está ocurriendo algo tremendo”, dijo K.
   “Esa es la mayor diferencia que hay entre usted y otros. Yo fui educado en una tradición que creía en esta fuente y en coda uno de los pensamientos ‘renovacionistas’, y decía que todo ello tenía existencia. Usted es la única persona que pregunta si la simiente está viva o no”, dijo Achyut.
   Yo agregué: “Estando Krishnaji aquí, ¿cómo puedo decir que la simiente está corrupta?”
   “Yo tampoco logro ver que la duda ha cesado completamente y una cosa nueva ha comenzado”, dijo Radha.
   “Cuando una cosa se ha terminado, algo nuevo está ocurriendo”, dijo K.
   “Uno puede preguntarse: ¿Existe la duda en mí? A eso puedo contestar directamente; pero cuando usted me pregunta si la simiente se ha corrompido, a eso no puedo responderle nunca”.
   “Si la duda ha llegado a su fin en la India, me temo entonces que eso sea algo terrible”, dijo K.
   “Si yo niego la simiente, entonces lo he negado todo”, exclamé.
   “No estoy hablando de negar. Le formulo una pregunta. El Occidente es enormemente poderoso con la ciencia, la tecnología, la organización, la comunicación, la guerra, todo eso. Esa enormidad ha sofocado aquello que no es enorme. ¿De acuerdo? ¿Es la esencia interna tan inmensa que puede oponerse a eso y lograr que todo eso no la contamine? ¿Entiende lo que digo? No es un asunto geográfico. Hablo de la mente india que ha producido los Upanishads, que ha dado origen al Buda. La India ha sido el depósito de algo muy, muy grande. El Occidente, con su énfasis en la fe y con su materialismo, está destruyendo esa grandeza”.
   “No puedo responder a su pregunta”, dije.
   “Usted tiene que responder. Es un reto al que tiene que enfrentarse. Es el reto que todos en la India tienen que afrontar”, dijo K. “Pupul, esto es muy interesante, es la mente humana la que se está formulando esta pregunta: ‘¿Existe una mente que sea incorruptible? ¿Está ella siendo destruida por el Occidente?’
   “La religión occidental se basa en la fe y en la creencia con todas sus implicaciones. Estar preso en la fe o en la creencia, es el fin de la duda. La investigación religiosa en la India no se basaba en la fe, y por eso podía moverse en todas las direcciones. Libre de una dirección fija, tenía lugar un movimiento por completo diferente: ésta es la esencia de los Budas, de los preBudas. Esa esencia, ¿está siendo poco a poco corroída por el Occidente? ¿O se está expresando a sí misma ahora? No como el Buda o Maitreya ‑estos son sólo nombres­. Esa esencia, ¿se está expresando ahora?”
   Respondí: “Esa esencia es incorruptible. Por lo tanto, no puede deteriorarse. La mente india de hoy está condicionada. La única cosa que uno puede decir es que esa mente, debido a que ha estado por siglos afinada para ‘lo otro’, puede tener una disposición hacia ‘lo otro’”.
   “Y así tener la posibilidad de una mutación. Pienso que esta mente tiene una posibilidad mayor de mutar. Esto no implica negar al Occidente. No hablamos de Oriente y Occidente como opuestos: hablamos de la cualidad de una mente que carece de una dirección establecida”.
   “¿Diría usted que la mente condicionada no tiene nada que ver con ‘aquello’?”, preguntó Radha.
   “La mente condicionada puede no tener nada que ver con ‘aquello’, pero ‘aquello’ puede tener algo que ver con la mente condicionada. De modo que pregunto: ¿Puede la mente de la India ‑no mi mente o la mente suya, sino la mente que se ha desarrollado por cinco mil años, la mente de Buda­ puede esa mente condicionarse jamás? La mente india, buscando a tientas el camino hacia aquello, duda, cuestiona. Usted dice, Pupul, que ésa es la corriente principal de la mente india. ¿Estamos nosotros en esas aguas de la investigación? ¿O flotamos entre palabras, símbolos, mitos, ideas, teorías?”

   En la noche del 4 de noviembre, durante la cena en Vasanta Vihar, Krishnaji comenzó a considerar la percepción y la totalidad. Yo dije que había estado tratando de comprender el modelo holográfico, en el cual un fragmento contiene la totalidad.
   Krishnaji dijo que en la percepción total estaba contenida toda la humanidad. Habló de una percepción del dolor, en la cual había una liberación total respecto del dolor; en una percepción semejante se renovaba la conciencia humana. Después se preguntó a sí mismo: “¿Es así? En una percepción del dolor, ¿está todo el contenido del dolor humano?”
   Empezamos a hacerle preguntas, y dijo: “Si ustedes ven el movimiento total del placer ‑placer sensual, placer del sexo­ han comprendido todo el contenido de la conciencia”.
   “¿Podríamos percibir de ese modo el cuerpo, la mente?”, preguntó Achyut.
   “¿Podríamos explorar la atención?”, preguntó Krishnaji. “Hemos dicho ‘atender’. ¡Pero jamás hemos indagado en la atención! ¿Qué es atender?” Varios de nosotros contestamos, pero Krishnaji continuó inquiriendo.
   “¿Qué ocurre cuando la atención indaga en sí misma? Cuando atienden de ese modo, todos sus sentidos están completamente despiertos. No es un solo sentido el que atiende, sino la totalidad de los sentidos. De lo contrario, no pueden atender. Cuando hay un solo sentido que ha sido altamente cultivado y los otros no, uno no puede atender. El estado de atención es una actividad sensoria completa. La actividad sensoria parcial conduce a la concentración. La atención no tiene un centro. La atención fluye desde sí misma, se mueve, jamás está quieta. La atención capta más y más ‑no ‘más’ en un sentido comparativo, sino como un río que tiene tras de sí un inmenso caudal de agua, un tremendo volumen de energía, de atención, ola sobre ola, cada ola con un movimiento diferente­. Jamás nos hemos preguntado qué ocurre más allá de la atención. ¿Hay una suma total de la energía?” Los científicos le habían dicho que la materia y la energía eran una sola cosa. La ola seguía siendo energía, nunca podía estar inmóvil”. Al penetrar en una ola de percepción, que es energía, ocurren cosas extraordinarias. Hay un elevado sentido de éxtasis, un sentido de espacio sin límites; un vasto movimiento de color”. Hizo una pausa. “El color es Dios”, dijo, “no los dioses que adoramos, sino el color de la tierra, del cielo, el color extraordinario de una flor”.
   Asit preguntó con vacilación: “¿Incluiría usted el aroma?”
   “Por supuesto, el color es aroma”, dijo K.
   Indagaba a medida que iba hablando. “¿Puede uno ver completamente, con todos los sentidos? ¿Ver no sólo con los ojos, sino con el oído; escuchar, gustar, tocar? Tiene que haber armonía. Esto sólo es posible cuando no hay movimiento alguno desde el centro”.
   “Obsérvense a sí mismos un día”, nos dijo. “Miren la luz del sol y comprueben si pueden verla con todos los sentidos completamente despiertos y completamente libres. Esto nos lleva a un hecho interesante. Donde hay falta de armonía, está el yo.
   “La atención es armonía completa. Tiene que haber un gran caudal de energía concentrada a consecuencia de la armonía. Es como el río Ganges. La atención es un movimiento hacia la eternidad”.

   Esa tarde fue histórica: Krishnaji volvió a pasear por los terrenos de la Sociedad Teosófica en Adyar. Le acompañamos. Radha Burnier estaba con él en el automóvil. Fueron recibidos en el portal por el vicepresidente de la Sociedad Teosófica. Agasajaron a Krishnaji con una guirnalda de rosas. Radha y Krishnaji caminaron por la carretera que va a la playa, pasando el edificio de la sede central. Krishnaji caminó más allá de su antiguo aposento; al regresar tomó el sendero a lo largo del río. Es un predio hermoso. Los árboles son bellos, las personas que vivían ahí buscaban refugiarse de los afanes del mundo. El regreso de Krishnaji contenía una grande y conmovedora intensidad.
   Todos los días, mientras estuvo en Madrás, Krishnaji viajaba en automóvil atravesando el recinto de la Sociedad Teosófica hasta la casa de Radha, y desde ahí caminaba por la playa. Una tarde, al regresar de su paseo, Krishnaji habló de dos jóvenes pescadores - muchachos delgados, de piel oscura. Con naturalidad y una destreza inmensa, preparaban sus catamaranes para la botadura; giraban el timón para dirigirse al mar, lanzando rápidamente el bote hacia las oscuras aguas desconocidas. Krishnaji se sintió profundamente conmovido.
   Más tarde, durante ese mismo año, Krishnaji habría de ir a la Sociedad Teosófica para almorzar con Radha Burnier. Antes del almuerzo, ella fue con él al edificio principal de la Sociedad, donde la Sra. Besant había tenido sus aposentos y donde había vivido. K visitó previamente su propia habitación que daba sobre el río y el mar. Primero se paró ante la, ventana mirando fijamente a lo lejos, donde el río se encuentra con el mar. Más tarde diría que no lo recordaba. Después fue a la habitación de Mrs. Besant. Se paró con sumo cuidado delante de su chowki con su pequeño escritorio, y caminó alrededor de la habitación, en silencio, escuchando. Súbitamente, se detuvo ante una gran fotografía de Leadbeater colgada en la pared. “En mi época esto no estaba aquí”, dijo. Radha Burnier le explicó que había sido puesta ahí muchos años después. Durante unos minutos, Krishnaji estuvo parado delante del retrato contemplándolo, luego levantó de pronto la mano y dijo. “Pax, pax”. Finalmente, se volvió hacia Radha Burnier y salió de la habitación.