Capítulo
XXXVI
“LA
DUDA COMO ESENCIA DE LA
INVESTIGACIÓN
RELIGIOSA”.
En la ruta de Londres a Colombo, el 1º de noviembre de 1.980 Krishnaji
arribó a Madrás acompañado por Mary Zimbalist. El equipaje que traía fue
desviado por error, y Mary Zimbalist se quedó sólo con el maletín que llevaba
consigo. Krishnaji se sentía afligido y preocupado por Mary, y su frágil cuerpo
se veía agitado. Esa tarde no fue a la playa, pero paseó por la senda circular
que rodea a Vasanta Vihar.
A la mañana siguiente tuvo lugar una discusión significativa durante el
desayuno, la cual reveló lúcidas percepciones en su implacable cuestionar. Ese
día, el interrogante de Krishnaji fue. ¿Está degenerando la mente india? Achyut
habló de una entrevista que Krishnaji había tenido con Jawaharlal Nehru y
Acharya Kripalani en 1.931, en la que él estuvo presente. Achyut dijo: “Nehru y
Kripalani (Miembro prominente del Partido del Congreso y presidente por varios años
del Consejo Nacional de la India, Kripalani fue un líder destacado en la lucha
por la libertad contra el dominio británico) sentían
que para la India era esencial estar políticamente libre antes de que pudiera
producirse una regeneración de la mente india”. Krishnaji había respondido que
si ellos ignoraban la regeneración interna en la lucha por la Independencia, la
India estaría perdida. Nehru era joven; su mente alerta y atenta comprendía la
importancia de la regeneración, pero él sentía que la libertad política tenía
que existir para que la mente india floreciera, para que tuviera el espacio
interno en el cual le fuera posible investigar. En esa época, Achyut había
concordado con Nehru.
Pero la respuesta de Krishnaji a Nehru fue que la India había representado
el espíritu religioso a través de la historia. “El budismo se extendió desde la
India a China, Japón y a todo el Oriente y el Lejano Oriente. ¿Cuál es la
relación entre esa esencia india y el mundo de hoy?”, le había preguntado a
Nehru.
Achyut había estado hablando con emoción profunda. Krishnaji escuchó en
silencio lo que Achyut decía, y después se volvió hacia nosotros preguntando:
“¿Está viva la esencia? El mundo occidental, el mundo cristiano, tenía una
esencia religiosa que descansaba en la fe. En el corazón de la religión india
siempre existió la negación de todo lo que no fuera ‘aquello’. Esa esencia
religiosa, la simiente, ¿está ahora desapareciendo? Y si todavía existe, ¿cuál
es la respuesta al Occidente y a sus valores?”
A Achyut le dijo: “Usted manifestó que este país tiene un suelo
diferente. Los antiguos usaban la palabra Tat
o Brahman para expresar esto. En aquellos tiempos, la religión no se basaba
en la casta o en el ritual. Esta conexión con la esencia había llevado a un estilo
de vida diferente. ¿Es posible, entonces, que la simiente dormida por siglos en
este suelo, despierte?”
“La vida es la simiente despertando, y esa es la respuesta ‑el
florecimiento de la simiente es la respuesta”, dije yo, después proseguí
hablando de mi reciente visita a Varanasi unas semanas antes. Yo había
discutido la enseñanza de K con el Pandit Jagannath Upadhyaya. Erudito Mahayana
en la tradición de Nagarjuna, él había participado en discusiones con
Krishnamurti. Me dijo. “Nosotros tenemos que entender la dialéctica de
Krishnamurti, pero la esencia de Krishnaji es la belleza, un desbordamiento
total del ser”. Después dijo que muchos de sus camaradas estaban angustiados
con las presentes tendencias del hinduismo, y se habían vuelto al budismo en
busca de sustento espiritual, habían sostenido diálogos preguntándose qué
hubiera dicho el Buda si estuviera hoy entre ellos. Y terminaron por ver que lo
que Krishnamurti decía era lo que el Buda habría dicho.
Krishnaji me escuchó pacientemente, pero no estaba dispuesto a aceptar
lo que yo decía. “Usted no responde a mi pregunta”, dijo. “Todos ustedes son
hindúes, bien conscientes de la cultura de la India. Tienen que responder a
esta pregunta. Ustedes se dan cuenta de lo que está pasando en la India, los
múltiples gurús, los cultos, y también deben tener un sentimiento de la esencia
en virtud de la cual tuvieron lugar las grandes cosas. ¿Qué relación tiene esa
esencia, si es que aún existe, con el Occidente y con la religión y la cultura
occidentales basadas en la fe, en la creencia?” Después preguntó: “Si tal
relación no existe, ¿es, entonces, ése el punto desde el cual puede emerger una
nueva regeneración?
“Si esa esencia, ese núcleo, ha desaparecido en la India, ¿es en eso que
se están igualando Oriente y Occidente?
“Aparentemente”, dijo, “desde el principio de los tiempos el pueblo de
la India tenía algo que era genuino, verdadero. Todos eran profundamente
religiosos en el verdadero sentido de la palabra. Estaban los Budas y los
preBudas que dejaron su huella en el suelo de la India. El mundo actual de los
astrólogos, de los gurús, ¿indica que la profundidad de aquello se está
agotando?
“En el mundo cristiano la duda jamás ha formado parte de la religión.
Aquí, la duda como parte de la investigación religiosa, ha existido siempre.
¿Se está disipando esa capacidad de dudar? ¿Está desapareciendo y
convirtiéndose gradualmente en fe?
“¿Alcanzan ustedes a ver que la duda en la investigación religiosa es
una de las cosas más extraordinarias que han existido en la India? El
cristianismo se basa en la fe; niega la duda, el escepticismo, el
cuestionamiento. Estas cualidades se consideran herejía. En la India y en el
mundo asiático, la duda era uno de los fundamentos de la investigación
religiosa. ¿Está desapareciendo esa duda y, por lo tanto, la India se está
uniendo a la corriente occidental? Y si la duda existe todavía, ¿está siendo
sofocada y estamos perdiendo su vitalidad? La duda como una purificación
extraordinaria”.
“La duda se está volviendo un cuestionamiento formal”, dijo Radha
Burnier.
“Estoy hablando de la duda real, con la energía inmensa que trae
consigo. ¿Qué dice usted, Pupulji? Usted es una mezcla de Oriente y Occidente” (Nacida en una
familia brahmínica, libre de todo ritual y creencia arraigadas todavía en la
herencia India: educada en Inglaterra, yo simbolizaba para K una mente que
podía cruzar el puente entre la cultura oriental y la occidental).
“Cuando usted usa la palabra ‘duda’, ésta tiene un significado inmenso.
Pero yo no puedo responder a su pregunta sobre si esa duda aún existe o no”,
dije.
“La Sociedad Teosófica y Amma tenían esa cualidad al comienzo. La Dra.
Besant dejó el cristianismo, dejó a su marido; existía la duda, y entonces ella
quedó atrapada en las organizaciones y perdió vitalidad. Pero la mente india,
la mente original, ponía énfasis en la duda. La duda con su claridad, con su
inmensa vitalidad, limpia la mente de sus ilusiones. ¿Está la India perdiendo
eso? ¿Entienden? Porque es sólo a través de la duda que uno llega a Brahman, no
mediante la aceptación de la autoridad”, dijo Krishnaji.
“Eso es lo que también decía el Buda”, comentó Radha.
“¿Estamos perdiendo eso? No sólo los pocos que estamos aquí, sino la
mente de toda la India. ¿Está perdiendo esa condición, esa búsqueda de
claridad?” Krishnaji nos apremiaba con la pregunta.
Respondió Radha: “Yo sigo pensando que la duda existe en la India, pero
esta duda se ha vuelto una tradición. Cuestionamos en un sentido formal. En el
Occidente esto toma la forma de la investigación científica. Se duda de aquello
que no ha sido corroborado por la experimentación. La mente india se ha vuelto
en la dirección de la investigación científica”.
“También la tradición occidental de conformidad ha penetrado en la
corriente india”, agregó Achyut.
“Krishnaji ha introducido en su enseñanza un nuevo factor: la duda que
no se mueve hacia una nueva respuesta. Cuando uno usa la palabra ‘duda’ dentro
del contexto de la India, de la duda surge inmediatamente la búsqueda”, dije
yo”. ‘¿Qué soy, quién soy?’
Esta es la pregunta que nos hacemos en la India. Esta pregunta no tiene
una dirección”, comentó Achyut.
“Por supuesto. Si usted duda con una dirección predeterminada, entonces
esa duda tiene un significado por completo diferente”, dijo K.
“La duda no seguida por la búsqueda, no ha existido en la corriente
india. En la duda de Krishnaji hay una inmediata inmovilidad en la mente”, dije
yo.
“Estoy planteando una cuestión realmente muy seria. Quiero descubrir si
en la India, la mente está siendo atrapada y desviada por la ola materialista.
Esa ola está amenazando al mundo occidental, expresándose a través de la
tecnología, del nacionalismo. La mente occidental se está moviendo en la
dirección de lo externo, y esto domina el mundo. ¿Está, pues, la India
perdiendo algo que se encontraba ahí? Por lo que uno puede ver, parece estar
perdiéndolo”.
Intervino Mary Zimbalist: “¿Pregunta usted si el otro espíritu que
subyace en la India está fracasando? ¿Cómo puede uno decirlo?”
“¿Puede usted responder a esa pregunta? ¿Puede sentirla, indagar en
ella? ¿Pueden Pupul o Achyut tener un sentimiento de lo que está ocurriendo en
este país? ¿Pueden tomar lo externo como una medida y moverse hacia lo
interno?”, preguntó K. “Lo otro estuvo siempre ahí. Estoy diciendo algo muy
sencillo. La India se movió desde un núcleo central, y ese núcleo se extendió
por todo el mundo asiático a través de la búsqueda interna, la danza, la música
y las expresiones culturales. El mundo occidental estaba centrado en la
creencia, que es tan superficial. La superficialidad, el materialismo, ¿están
conquistando esto? Verlo es muy significativo. ¿Puede uno ver la manifestación
externa de esto en la India, a través de su burocracia, de la tecnología, de la
ciencia, de la energía nuclear, que siguen los mismos pasos de Occidente? ¿Es
así como se está marchitando gradualmente la esencia prístina, original de este
país? La India estaba concentrada en una sola cosa. Por eso tenía un fuego que
se extendió por todo el mundo. ¿Qué está pasando ahora con la esencia india?”
El apasionado interrogar de Krishnaji y la llama de su atención encendían
nuestras mentes.
Habló Mary. “¿No diría usted que en la India el espíritu se ha vuelto
hacia lo externo? Se ha adulterado. Ya no es más una fuerza. ¿Cuál es,
entonces, la diferencia entre la India y Occidente?”
“Yo no diría que este campo se ha corroído en los últimos quince años.
Yo no diría eso”, dije.
“Espero que no. Pero no aceptaré su aseveración. La cuestiono. Yo deseo
que la India sea así. Por lo tanto, digo que espero que no pierda aquello. Si
se ha perdido, se ha perdido. No quiero que lo pierda, porque entonces es el
fin de todo”, dijo K.
“O usted introduce lo que dice en el campo comparativo del tiempo y
pregunta si antes había más personas conectadas con la esencia, o sólo puede
formular la pregunta: ¿Hay actualmente
personas firmemente establecidas en esto?”, dije.
“Fuera de esas personas que se han mostrado a Krishnaji en la India,
¿hay quienes extraen su fuente de energía de la duda?”, preguntó Achyut.
“Ha habido veces en la historia de este país cuando la energía ha
explotado en grandes manifestaciones. Usted dice que la India se está
deteriorando; hace cientos de años o más, ¿existía la duda religiosa, y cuál
era, entonces, su naturaleza? De modo que no planteemos la cosa en términos de
tiempo lineal. Digamos más bien: ¿Existen hoy en día personas que tengan la
capacidad de formularse esta pregunta?”, dije.
Intervino Radha: “Hay diversos factores que también han contribuido al
desgaste de este espíritu. El movimiento Bhakti, que existió por un número de
siglos con su énfasis en la creencia y en la fe, podría compararse con el
cristianismo. Después vino la moderna era científica que ha reducido toda la
naturaleza a lo experimental. Todo esto cortó la fuente en sus raíces”.
“En el pasado había solamente unos pocos, los aristócratas del espíritu,
que se basaban en aquello que no tiene forma”, dije. “Apareció Buda y habló.
Eso ocurrió trescientos años antes de que se estableciera la enseñanza”.
“No digan que no pueden contestar mi pregunta”. Krishnaji seguía firme.
“He estado formulando esta pregunta por años. Esta vez, cuando volaba a Bombay,
nuevamente planteé el interrogante: ¿Está el Occidente conquistando al Oriente?
El Occidente tiene la capacidad de organizarse, de reunir a la gente, tiene la
tecnología, las comunicaciones, etc. Ha sido capaz de construir sistemas
maravillosos. Aquí no se basaban en la organización ni en el sistema. Había
personas que eran únicas, completas en sí mismas”.
“Existe el campo del bien y el campo del mal. El reto consiste realmente
en cómo se puede hacer poderoso ese campo del bien”, dije.
“No, el bien no puede ser poderoso. El bien es bien”, respondió K.
“Admitamos que el núcleo está corrupto. ¿Cuál sería la respuesta?”
“Entonces podemos decir que eso se terminó; hagamos, pues, algo al
respecto. Pero si usted dice que existe, entonces sólo continuamos en lo
mismo”, dijo K.
“¿Y si admito que se ha terminado?”, pregunté.
“Entonces aquello que tiene un final, tiene un nuevo comienzo. Si se ha
terminado, entonces está ocurriendo algo tremendo”, dijo K.
“Esa es la mayor diferencia que hay entre usted y otros. Yo fui educado
en una tradición que creía en esta fuente y en coda uno de los pensamientos
‘renovacionistas’, y decía que todo ello tenía existencia. Usted es la única
persona que pregunta si la simiente está viva o no”, dijo Achyut.
Yo agregué: “Estando Krishnaji aquí, ¿cómo puedo decir que la simiente
está corrupta?”
“Yo tampoco logro ver que la duda ha cesado completamente y una cosa
nueva ha comenzado”, dijo Radha.
“Cuando una cosa se ha terminado, algo nuevo está ocurriendo”, dijo K.
“Uno puede preguntarse: ¿Existe la duda en mí? A eso puedo contestar
directamente; pero cuando usted me pregunta si la simiente se ha corrompido, a
eso no puedo responderle nunca”.
“Si la duda ha llegado a su fin en la India, me temo entonces que eso
sea algo terrible”, dijo K.
“Si yo niego la simiente, entonces lo he negado todo”, exclamé.
“No estoy hablando de negar. Le formulo una pregunta. El Occidente es
enormemente poderoso con la ciencia, la tecnología, la organización, la
comunicación, la guerra, todo eso. Esa enormidad ha sofocado aquello que no es
enorme. ¿De acuerdo? ¿Es la esencia interna tan inmensa que puede oponerse a
eso y lograr que todo eso no la contamine? ¿Entiende lo que digo? No es un
asunto geográfico. Hablo de la mente india que ha producido los Upanishads, que ha dado origen al Buda.
La India ha sido el depósito de algo muy, muy grande. El Occidente, con su
énfasis en la fe y con su materialismo, está destruyendo esa grandeza”.
“No puedo responder a su pregunta”, dije.
“Usted tiene que responder. Es un reto al que tiene que enfrentarse. Es
el reto que todos en la India tienen que afrontar”, dijo K. “Pupul, esto es muy
interesante, es la mente humana la que se está formulando esta pregunta:
‘¿Existe una mente que sea incorruptible? ¿Está ella siendo destruida por el
Occidente?’
“La religión occidental se basa en la fe y en la creencia con todas sus
implicaciones. Estar preso en la fe o en la creencia, es el fin de la duda. La
investigación religiosa en la India no se basaba en la fe, y por eso podía moverse
en todas las direcciones. Libre de una dirección fija, tenía lugar un
movimiento por completo diferente: ésta es la esencia de los Budas, de los
preBudas. Esa esencia, ¿está siendo poco a poco corroída por el Occidente? ¿O
se está expresando a sí misma ahora? No como el Buda o Maitreya ‑estos son sólo
nombres. Esa esencia, ¿se está expresando ahora?”
Respondí: “Esa esencia es incorruptible. Por lo tanto, no puede
deteriorarse. La mente india de hoy está condicionada. La única cosa que uno
puede decir es que esa mente, debido a que ha estado por siglos afinada para
‘lo otro’, puede tener una disposición hacia ‘lo otro’”.
“Y así tener la posibilidad de una mutación. Pienso que esta mente tiene
una posibilidad mayor de mutar. Esto no implica negar al Occidente. No hablamos
de Oriente y Occidente como opuestos: hablamos de la cualidad de una mente que
carece de una dirección establecida”.
“¿Diría usted que la mente condicionada no tiene nada que ver con
‘aquello’?”, preguntó Radha.
“La mente condicionada puede no tener nada que ver con ‘aquello’, pero
‘aquello’ puede tener algo que ver con la mente condicionada. De modo que
pregunto: ¿Puede la mente de la India ‑no mi mente o la mente suya, sino la
mente que se ha desarrollado por cinco mil años, la mente de Buda puede esa
mente condicionarse jamás? La mente india, buscando a tientas el camino hacia
aquello, duda, cuestiona. Usted dice, Pupul, que ésa es la corriente principal
de la mente india. ¿Estamos nosotros en esas aguas de la investigación? ¿O
flotamos entre palabras, símbolos, mitos, ideas, teorías?”
En la noche del 4 de noviembre, durante la cena en Vasanta Vihar,
Krishnaji comenzó a considerar la percepción y la totalidad. Yo dije que había
estado tratando de comprender el modelo holográfico, en el cual un fragmento
contiene la totalidad.
Krishnaji dijo que en la percepción total estaba contenida toda la
humanidad. Habló de una percepción del dolor, en la cual había una liberación
total respecto del dolor; en una percepción semejante se renovaba la conciencia
humana. Después se preguntó a sí mismo: “¿Es así? En una percepción del dolor,
¿está todo el contenido del dolor humano?”
Empezamos a hacerle preguntas, y dijo: “Si ustedes ven el movimiento
total del placer ‑placer sensual, placer del sexo han comprendido todo el
contenido de la conciencia”.
“¿Podríamos percibir de ese modo el cuerpo, la mente?”, preguntó Achyut.
“¿Podríamos explorar la atención?”, preguntó Krishnaji. “Hemos dicho
‘atender’. ¡Pero jamás hemos indagado en la atención! ¿Qué es atender?” Varios
de nosotros contestamos, pero Krishnaji continuó inquiriendo.
“¿Qué ocurre cuando la atención indaga en sí misma? Cuando atienden de
ese modo, todos sus sentidos están completamente despiertos. No es un solo sentido
el que atiende, sino la totalidad de los sentidos. De lo contrario, no pueden
atender. Cuando hay un solo sentido que ha sido altamente cultivado y los otros
no, uno no puede atender. El estado de atención es una actividad sensoria
completa. La actividad sensoria parcial conduce a la concentración. La atención
no tiene un centro. La atención fluye desde sí misma, se mueve, jamás está
quieta. La atención capta más y más ‑no ‘más’ en un sentido comparativo, sino
como un río que tiene tras de sí un inmenso caudal de agua, un tremendo volumen
de energía, de atención, ola sobre ola, cada ola con un movimiento diferente.
Jamás nos hemos preguntado qué ocurre más allá de la atención. ¿Hay una suma
total de la energía?” Los científicos le habían dicho que la materia y la
energía eran una sola cosa. La ola seguía siendo energía, nunca podía estar
inmóvil”. Al penetrar en una ola de percepción, que es energía, ocurren cosas
extraordinarias. Hay un elevado sentido de éxtasis, un sentido de espacio sin
límites; un vasto movimiento de color”. Hizo una pausa. “El color es Dios”,
dijo, “no los dioses que adoramos, sino el color de la tierra, del cielo, el
color extraordinario de una flor”.
Asit preguntó con vacilación: “¿Incluiría usted el aroma?”
“Por supuesto, el color es aroma”, dijo K.
Indagaba a medida que iba hablando. “¿Puede uno ver completamente, con
todos los sentidos? ¿Ver no sólo con los ojos, sino con el oído; escuchar,
gustar, tocar? Tiene que haber armonía. Esto sólo es posible cuando no hay
movimiento alguno desde el centro”.
“Obsérvense a sí mismos un día”, nos dijo. “Miren la luz del sol y
comprueben si pueden verla con todos los sentidos completamente despiertos y
completamente libres. Esto nos lleva a un hecho interesante. Donde hay falta de
armonía, está el yo.
“La atención es armonía completa. Tiene que haber un gran caudal de
energía concentrada a consecuencia de la armonía. Es como el río Ganges. La
atención es un movimiento hacia la eternidad”.
Esa tarde fue histórica: Krishnaji volvió a pasear por los terrenos de
la Sociedad Teosófica en Adyar. Le acompañamos. Radha Burnier estaba con él en
el automóvil. Fueron recibidos en el portal por el vicepresidente de la
Sociedad Teosófica. Agasajaron a Krishnaji con una guirnalda de rosas. Radha y
Krishnaji caminaron por la carretera que va a la playa, pasando el edificio de
la sede central. Krishnaji caminó más allá de su antiguo aposento; al regresar
tomó el sendero a lo largo del río. Es un predio hermoso. Los árboles son
bellos, las personas que vivían ahí buscaban refugiarse de los afanes del
mundo. El regreso de Krishnaji contenía una grande y conmovedora intensidad.
Todos los días, mientras estuvo en Madrás, Krishnaji viajaba en
automóvil atravesando el recinto de la Sociedad Teosófica hasta la casa de
Radha, y desde ahí caminaba por la playa. Una tarde, al regresar de su paseo,
Krishnaji habló de dos jóvenes pescadores - muchachos delgados, de piel oscura.
Con naturalidad y una destreza inmensa, preparaban sus catamaranes para la botadura;
giraban el timón para dirigirse al mar, lanzando rápidamente el bote hacia las
oscuras aguas desconocidas. Krishnaji se sintió profundamente conmovido.
Más tarde, durante ese mismo año, Krishnaji habría de ir a la Sociedad
Teosófica para almorzar con Radha Burnier. Antes del almuerzo, ella fue con él
al edificio principal de la Sociedad, donde la Sra. Besant había tenido sus
aposentos y donde había vivido. K visitó previamente su propia habitación que
daba sobre el río y el mar. Primero se paró ante la, ventana mirando fijamente
a lo lejos, donde el río se encuentra con el mar. Más tarde diría que no lo
recordaba. Después fue a la habitación de Mrs. Besant. Se paró con sumo cuidado
delante de su chowki con su pequeño
escritorio, y caminó alrededor de la habitación, en silencio, escuchando.
Súbitamente, se detuvo ante una gran fotografía de Leadbeater colgada en la
pared. “En mi época esto no estaba aquí”, dijo. Radha Burnier le explicó que
había sido puesta ahí muchos años después. Durante unos minutos, Krishnaji
estuvo parado delante del retrato contemplándolo, luego levantó de pronto la
mano y dijo. “Pax, pax”. Finalmente, se volvió hacia Radha Burnier y salió de
la habitación.