Capítulo
XLI
“APRENDA
A MORIR COMPLETAMENTE PARA SÍ MISMA”
El 22 de octubre de 1.981, Krishnaji arribó a Delhi con Asit Chandmal.
Había estado enfermo en Brockwood pocos días antes, y también había forzado un
músculo de la espalda. Se le veía muy frágil y había perdido mucho peso. Estaba
envejecido y encorvado de hombros. Esa tarde quiso hablar seriamente con
nosotras. Alrededor de las 4,30 p.m. estaba hablándonos a Nandini y a mí. Dijo
que quince días antes, en Brockwood, había estado muy enfermo y en cama desde
hacía un mes. Una noche se despertó sintiéndose completamente bien. Cada órgano
de su cuerpo estaba sano y había recobrado fuerzas. En ese estado tuvo la
sensación de que la puerta de la muerte se hallaba abierta. Él la estaba
cruzando, completamente despierto y tranquilo. En un instante de muerte, sin
embargo, la puerta se cerró. El no cerró la puerta; la puerta se cerró.
Se volvió hacia mí muy serio y dijo. “La muerte puede llegar en
cualquier momento”. Me preguntó cómo me sentía físicamente. Contesté que no
había estado muy bien. Dijo: “Usted tiene que estar bien. Tiene que
sobrevivirme”. Y luego pronunció palabras extrañas que repitió: “Aprenda a
morir completamente para sí misma”. El frágil cuerpo temblaba, y no obstante,
en sus palabras se percibía el rugido de un trueno.
Desde Delhi, Krishnaji fue a Varanasi. Su primera plática fue exaltada.
Habló de “la enseñanza como el espejo en el cual ustedes ven reflejarse ‘lo que
es’. La enseñanza es la percepción, dentro de uno, de lo real”.
Dijo: “Vean, pregúntense qué es la religión, qué es el pensamiento. Vean
surgir al pensamiento, obsérvenlo ‑sin eso, todo lo demás es ilusión y devenir.
La verdadera mente religiosa se interesa en el descubrimiento y en la
comprensión de la Verdad.
“Observen”, dijo, “descubran el origen, el comienzo del pensamiento
operando en el tiempo. Por milenios; el hombre ha estado preso en un patrón, en
el conocimiento. En el patrón, en el conocimiento, no hay libertad”. Habló del
futuro del hombre ‑de las computadoras tomando a su cargo la capacidad
inventiva del cerebro. Los científicos estaban considerando la última
inteligencia mecánica ‑computadoras madres capaces de crear otras computadoras.
En el futuro, las computadoras inventarían dioses, crearían filosofías.
“Entonces, ¿qué es el hombre?”, preguntó Krishnaji. “La única cosa que el
hombre puede hacer y la computadora no puede, es contemplar la estrella
vespertina.
“Sólo hay dos alternativas para el hombre: o se compromete con el
entretenimiento externo ‑deporte, religión, rituales- o se vuelve hacia lo
interno. El cerebro tiene una capacidad infinita que ahora es usada
tecnológicamente. El cerebro está ocupado con lo material ‑cuando esta función
sea asumida por la máquina, el cerebro se marchitará. Sólo la religión, una
religión por completo independiente de la superstición y del ritual, puede dar
origen a una nueva cultura. Para eso, uno tiene que descubrir aquello que está
más allá del tiempo, más allá del pensamiento”.
En el almuerzo estuvo presente Jagannath Upadhyaya. Acababa de recibir
una beca Nehru y se aprestaba para su primer viaje al extranjero a fin de
visitar centros budistas en varios países. Krishnaji le preguntó cómo se
comunicaría con los académicos, puesto que Panditji no dominaba el inglés,
aunque podía entender la palabra hablada. Panditji contestó que conversaría con
sus interlocutores en sánscrito, Enseguida Krishnaji comenzó a aconsejar al
Pandit sobre las ropas que debía vestir en Europa. Jagannath Upadhyaya se
mostró perplejo y abrumado cuando Krishnaji le pidió a Achyut que hiciera una
lista del vestuario que debía llevar, incluidos calzones interiores largos de
lana. A Krishnaji le preocupaba mucho que Upadhyaya sufriera por no poder
soportar el invierno extranjero.
Después consideramos la plática de la mañana. Upadhyayaji dijo que había
discutido la plática con sus amigos, y que ellos sentían que, por primera vez,
habían establecido un contacto real con lo que Krishnamurti decía. Al comienzo
de los años 50, cuando los pandits de Varanasi escucharon por vez primera a K,
los budistas sostuvieron que Krishnamurti hablaba de budismo: los vedantistas,
que estaba en la corriente del Vedanta. Tiempo después, Upadhyayaji sintió que
Krishnamurti estaba más en la corriente de Nagarjuna. Pasado un largo período,
comenzó a sentir que las palabras de Krishnaji eran las que Nagarjuna habría
pronunciado de haber vivido en nuestros días. Eran pertinentes para el momento
contemporáneo. Desde el último año en Madrás, Panditji había estado
reconsiderando todo nuevamente. Ya no podía afirmar nada con respecto a
Krishnamurti; seguía indagando.
Krishnaji dijo que había hablado muchísimo; existía una gran cantidad de
libros. La gente se refería a ellos como “Las enseñanzas de Krishnamurti”. “Las
enseñanzas no son el libro”, dijo. “Las únicas enseñanzas son, ‘mírese a sí mismo,
investigue dentro de sí mismo... y vaya más allá’. No existe la comprensión de
las enseñanzas, sólo la comprensión de uno mismo. Las palabras de K son para
señalar el camino. La única enseñanza es la comprensión de uno mismo”.
Interrogado Jagannath Udadhyaya, le explicó a Krishnaji la naturaleza de
la negación de Nagarjuna. Era la negación de toda doctrina, de toda creencia,
incluyendo la doctrina de Buda. Krishnaji estaba muy interesado. Más adelante
le preguntó a Udadhyayaji: “¿Cómo aborda usted un problema?” El pandit no pudo
responder. Krishnaji continuó inquiriendo: “La respuesta está en el modo de
abordarlo, no fuera”. Jagannath Upadhyaya dijo que comprendía verbalmente.
El 24 de noviembre de 1.981, Achyut, Rimpoche Sandup y yo almorzamos con
Krishnaji. El rostro de Rimpoche tenía una expresión muy grave. Hablamos del
Tíbet y del posible regreso del Dalai Lama. Krishnaji formuló preguntas sobre
las distintas escuelas de budismo en el Tíbet. De pronto, el Rimpoche dijo:
“Por los últimos cinco días he experimentado un gran dolor. He meditado ‑observado,
escuchado- pero está ahí”. Había lágrimas en sus ojos y un profundo sufrimiento
en su rostro. Hablamos de la terminación del dolor, y de mantener el dolor en
la mente y ver qué implica eso. De pronto, Krishnaji puso sus dos manos sobre
el corazón y dijo: “Está aquí”. Le pedí que aclarara el sentido de ese gesto.
Dijo: “En primer lugar, uno debe observar, ver con gran cuidado la mente y su
funcionamiento, prestar atención a lo de adentro y a lo de afuera; de esto
emerge la sensibilidad, y en la sensibilidad surge el discernimiento. Sólo ese
discernimiento eliminará el dolor”.
Un día antes, durante una discusión de grupo, habíamos hablado del
tiempo y el conocimiento. “¿Puede el cerebro estar libre del tiempo como
devenir ‑puede terminar con su dependencia del tiempo psicológico?” Yo dije que
cuando uno consideraba la enseñanza, veía que ésta se había interesado
primeramente en la transformación individual. Él hablaba de la mente del
hombre, del millón de años de historia humana contenidos en las células
cerebrales y de la transformación en estas células. El nacimiento de la mente
global exigía una urgencia, una revolución en la condición humana. En los
últimos años, Krishnamurti había negado todo lugar al individuo. Había ido más
allá del ‘hombre’ y de la condición humana. Hablaba del universo, y un sentido
de lo cósmico se había introducido en sus enseñanzas. El interrogante de
Krishnamurti era: “¿Cuál es la relación del hombre con el universo?” Y volví a
preguntarle: “¿Ha habido un cambio en sus enseñanzas?” Reflexionó unos
momentos; luego, señalando el río Ganges dijo: “En su fuente, ese río es una
gota ‑y es el Ganges”.
Habló de la meditación del universo como la base de la creación. Siendo
la meditación un estado sin horizontes, un espacio sin límites y una cesación
del tiempo. Las palabras “eternidad intemporal” formaban parte de este
vocabulario. El introdujo en sus enseñanzas la lógica del budismo, y con el fin
de la lógica y el pensamiento, indagaba en el espacio, utilizando la
inteligencia como instrumento. “Es un indagar, con nada, en el ser indescriptible y eterno”.
“¿Puede uno contener eso en la conciencia?”, preguntó. “Entonces, ¿qué
es la conciencia?”
Durante un paseo, dijo: “La indagación interna es infinita. Uno tiene
que estar solo, internamente desnudo de todo; entonces puede emprender un viaje
en lo desconocido”. Seguía inquiriendo, sondeando.
Otra tarde, en el almuerzo, estuvo reflexionando sobre la inmensidad del
tiempo y sus implicaciones. Preguntó: “¿Es un hecho el tiempo interno? ¿Existe
internamente la flecha del tiempo?” Habló de la creación como destrucción
total. “En la vida hay tanto creación como destrucción -e1 mismo acto de
escuchar es el milagro, es la luz en la oscuridad. En ello hay mutación y un
profundo extirpar de cosas arraigadas. ¿Podría uno, en el acto de escuchar,
explorar dentro de sí mismo?
Mientras se encontraba en Rajghat, Krishnaji investigó la naturaleza de
la atención. Nos preguntó: “¿Qué es atender?” Dijo que “la completa atención a
un pensamiento, revela la naturaleza total del pensamiento”. Yo dije que para
una atención total así, la mente tenía que haber adquirido profundidad. Cada
acto de atención daba profundidad al suelo de la mente. Krishnaji rehusó
aceptar que muchos actos de atención dieran profundidad a la mente. “Ninguna
preparación es necesaria “, dijo.
Le pregunté: “¿Qué es lo que le da a la mente la rapidez, el
discernimiento necesario para percibir que en un solo pensamiento se revela la
totalidad del pensamiento?” Krishnaji habló de la necesidad de una completa
quietud de las células cerebrales. Yo dije que en el cerebro había una
tendencia innata a moverse. Que al pedir al cerebro que permaneciera totalmente
quieto, Krishnaji iba contra la naturaleza misma del cerebro.
“La mutación es instantánea”, dijo K. “La pregunta es: ¿Qué es lo que
hace que ocurra?”
“Biológicamente, la mutación es posible cuando hay una tremenda
necesidad de tal mutación; o, con el fin de una función particular del cerebro,
las células se marchitan y nace una nueva célula”, fue mi comentario.
“La absoluta necesidad del cambio crea la necesidad biológica de
descubrir lo nuevo. Como el conocimiento no puede transformar al hombre,
¿existe una acción que no se base en el conocimiento?”
La atención de Krishnaji se abría paso en la mente, establecía un
contacto directo alcanzando las mentes de quienes le rodeaban.
Dije. “Tengo que observar la mente. Ver sus trampas. Eso es el
discernimiento”.
Krishnaji me interrumpió: “No, usted es
tradicionalista. Habla de años de preparación para alcanzar a ver esto. Yo digo
que el discernimiento es la percepción instantánea de este patrón. El
discernimiento rompe el patrón”.
Dije: “La palabra ‘discernimiento’ (En inglés, ‘insight’ (in-sight), quiere decir ‘visión-en-lo-interno’ ‑en lo interno de
las cosas, de la realidad. Es percepción directa y ‘discernimiento’ instantáneo
en la verdadera naturaleza de lo visto. Según K, es una energía inteligente,
activa, que penetra en las estructuras falsas, las disuelve y deja al
descubierto lo real que la visión común no alcanza a discernir de lo ilusorio) es una interesante palabra. Implica visión en lo interno. El
discernimiento consiste en volverle el rostro a lo conocido”. Krishnaji
respondió: “Sí. El cerebro está condicionado a un patrón. La misma necesidad
biológica hace que el patrón se rompa. El discernimiento que se requiere para
ver esto, no necesita adiestramiento ni tiempo”.
Dije: “No hablo de la continuidad como tiempo, sino del discernimiento
como una profundización de la mente”.
“Profundización, es tiempo”, fue la respuesta. “Vea lo que hay implicado
en lo que está diciendo”.
Dije: “Usted habla de la mente que está por completo quieta. Hace veinte
años, cuando usted formulaba una pregunta así, mis pensamientos se movían hacia
la pregunta. Esto ya no ocurre. El cerebro está en silencio y escucha. Hay una
diferencia cualitativa entre ambos estados. ¿Cómo puede negar los veinte años
que transcurrieron?”
“El tiempo hace que el cerebro se embote más y más”, dijo K. “Yo
cuestiono todo el concepto del tiempo para llegar psicológicamente a alguna
parte. No acepto el tiempo interno”.
“No hablo de ello como una práctica”, dije.
“Pero está fortaleciendo el tiempo”, dijo K. “¿Cómo fluye el río en
creciente?”, preguntó. “No obstante, las primeras gotas son el río”.
Habló Achyut: “¡Usted es tan implacable en su lógica! ¡Hay tal
inmensidad en lo que expresa! Sin embargo, en mí existe un bloqueo que me
impide comprenderle”.
Krishnaji contestó: “¿Podría usted considerar la negación del tiempo? No
el tiempo como una corriente lineal, sino el tiempo psicológico como devenir.
¿Puede negar así el tiempo, de modo que cese de existir en su cerebro? Estamos
hablando del proceso psicológico del tiempo como movimiento de aquí hacia
allá”. Hizo una pausa. “¿Puede usted escuchar en absoluta quietud interna?”,
preguntó. “¿Puede aceptar el tiempo de la salida y puesta del sol y no aceptar
ningún otro tiempo?” Calló y agregó: “No diga ‘si’. ¿Ve usted que esto implica
que no existe el futuro psicológico? Significa que el pasado tiene su propia
acción, pero no como el movimiento del tiempo psicológico, como el ‘llegar a
ser’ (devenir) algo. Yo le formulo la pregunta ‘ahora’. Digo que no hay
preparación para el discernimiento. ¿Comprende eso? ¿Puede ver
instantáneamente, sin tiempo?”
Dije: “Uno puede ver que las células cerebrales y el pensamiento son una
sola cosa. Por milenios, esas células han sido condicionadas para moverse
dentro de un patrón. Krishnaji me dijo hace algunos años que las células no
podían renovarse, pero que podía nacer una célula nueva”.
“La transformación no puede producirse en la célula vieja, ni en el
pensamiento. Lo nuevo no puede tener relación alguna con lo viejo. Cualquier
cambio como movimiento de un rincón a otro del cerebro, no es renovación.
Averigüe si es posible romper el condicionamiento y descubrir algo totalmente
nuevo”.
Dije que en la atención total estaba la muerte de lo viejo. Yo no podía
conocer las células cerebrales o establecer contacto con ellas. Sólo podía
conocer el pensamiento. Cualquier operación de la atención tenía que serlo
sobre el pensamiento. Después pregunté: “Hemos dicho que el movimiento está
dentro de la estructura del cerebro. ¿Puede ese cerebro, que por milenios ha
conocido el movimiento, cesar de moverse?”
“Si, ahora lo estamos captando”, dijo K. “¿Puede uno ver la célula
cerebral como pensamiento? ¿Ver que sólo la atención puede actuar sobre el pensamiento?
¿Y que la transformación no puede actuar, ni tiene relación alguna con el
pensamiento? Lo viejo tiene que morir”.
Regresé a Nueva Delhi y me encontraba en el aeropuerto para recibir a
Krishnaji, cuando éste llegó con Achyut desde Varanasi; era el último día de
diciembre de 1.981. Ambos se alojaron en mi casa, el 11 de Safdarjung Road. Era
la primera vez que Krishnaji, Achyut y yo estábamos solos y juntos, parando en
la misma casa, y Krishnaji hizo un comentario al respecto.
A la mañana siguiente, después del desayuno, fuimos al salón y
comenzamos a hablar de Mrs. Besant y Leadbeater. Su gran amor por Mrs. Besant
era evidente. Nos contó que, cuando niño, él tenía muchos poderes
extrasensorios ‑la capacidad de leer el pensamiento, o lo que estaba escrito en
una carta sin abrir. También podía materializar objetos, tener visiones y
predecir el futuro. Tenía el poder de curar. Pero había descartado naturalmente
todos estos poderes. Nunca había sentido ningún interés en ellos. Tratamos de
proseguir con el tema, cuando de repente nos preguntó: “¿Creen ustedes en el
misterio?”
“Si”, dije. “Cuando le veo a usted y le hablo seriamente, surge una
atmósfera misteriosa”.
Krishnaji dijo: “Si, así es”.
Yo dije: “Hay una sensación de contacto con algo, sin que nadie se
encuentre ahí -una sensación de presencia”.
“Está en esta habitación”, dijo Krishnaji. “No sé si ustedes lo perciben
-¿qué es eso?” Y entonces una mirada extraña apareció en sus ojos. “Tengo que
ser terriblemente cuidadoso acerca de esto”. Súbitamente dejó de hablar, y
después dijo: “Pregunten ustedes ‑yo no preguntaré”.
Dije: “¿Qué es eso?”
“Tenga cuidado. Cuando hablamos de esto, o estamos imaginándolo o...”
“¿Qué ocurre ‑se vincula eso con usted?”
“Si, obviamente”. La disposición de Krishnaji estaba cambiando, hablaba
desde una gran profundidad, como si viajara velozmente por vastos espacios
internos. “Pienso que hay una fuerza que los teósofos habían tocado, pero
trataron de convertirla en algo concreto. No obstante, ‘algo’ había que ellos
tocaron y después intentaron traducirlo en sus símbolos y su vocabulario, y así
lo perdieron. Este sentimiento profundo ha proseguido durante toda mi vida ‑no
está...”
“... ¿vinculado con la conciencia?”, interrumpió Achyut.
“No, no. Cuando hablo de ello, ocurre algo tremendo. No puedo formularle
ninguna pregunta”, dijo K.
El silencio se derramó a través de puertas y ventanas.
“Todas sus enfermedades han sido muy extrañas. Cada enfermedad seria fue
seguida por una fuente de energía nueva”, dije. Hubo una larga pausa.
De pronto, Krishnaji preguntó: “¿De qué
estamos hablando?”
“¿Es algo externo a usted? ¿Le protege?” Hablé con vacilación.
“Si, si ‑de eso no hay duda‑ absolutamente”.
“Cada vez que ocurre, ¿cambia la naturaleza de aquello?”
“No, no...”
“¿Se intensifica?”
“Si, se intensifica”. Otra vez hubo una larga pausa. Después, como si
titubeara en el uso de las palabras, dijo: “¿Es algo externo que manifiesta su
acción internamente? ¿Es el universo que se derrama dentro ‑y el cuerpo no
puede permanecer demasiado con ello? Mientras estoy hablando, eso es muy
intenso. Hace cinco minutos no estaba ahí. Cuando era un muchacho ellos me
dijeron: ‘Se completamente como un canal abierto ‑no resistas’. Sólo más tarde
me pregunté quiénes eran ‘ellos’”
“¿Tiene eso alguna relación con las palabras Bodhisattva Maitreya?”,
preguntó Achyut.
“¿Es imaginario el Bodhisattva Maitreya? ¿Lo inventó C.W.L.? ¿Vivió el
muchacho inconscientemente con ese nombre? ¿O es algo por completo diferente de
su adoctrinamiento?” Krishnamurti parecía totalmente absorto en su indagación.
“¿Significa algo para usted la palabra Maitreya?”, pregunté.
“No”, contestó Krishnaji.
Persistí. “¿Por qué dice usted ‘No’? ¿Por qué, si sostiene que no hay
memoria psicológica, las palabras ‘Buda Maitreya’ tienen efecto sobre usted?”
“¿Recuerda el ‘Buda’ de Abanendranath Tagore? ‑ese cuadro tenía un
efecto extraordinario sobre el muchacho. El no sabía qué era el Budismo”. Hizo
una pausa. “No obstante, el sentimiento del Buda siempre ha estado ahí. Un
sentimiento de inmensidad”.
“¿Un sentimiento de inmensidad? ¿Podemos proseguir con eso? ¿Está ese
sentimiento fuera de usted? ¿O es algo interno? ¿Es el cuerpo incapaz de
recibirlo?”
“No piense que estoy loco. Jamás he sentido como siento ahora. Que el
universo está tan cercano como si mi cabeza estuviera incrustada en el
universo. ¿Suena absurdo?” Krishnaji sonrió tímidamente.
“¿Dice usted que todas las barreras han cesado?”
“Vea, las palabras ‘Buda’, ‘Maitreya’ han perdido su significación.
Percibo que ha cesado toda sensación verbal”.
“Usted dijo algo de estar muy próximo al universo...”
Krishnaji rió: “Si, mi cabeza está dentro de él”.
“Eso se manifiesta en las pláticas. El núcleo de su enseñanza se ha
movido hacia una posición cósmica”, dije.
Después usó palabras extrañas: “O puede no ser nada en absoluto. Puede
ser un tentáculo que tantea en torno. No alcanzo la plena claridad de ello.
Ahora llena esta habitación. Sea lo que fuere, está vibrando con ello. Cuanto
más observo, más está ahí ‑la intensidad de ello. Puedo permanecer sentado aquí
con ustedes dos y al mismo tiempo ‘irme’. Estar con esa cosa inmensa y dejarla
operar. Es un misterio; en el momento que el misterio se comprende, deja de ser
misterio. Uno no puede comprender lo misterioso ‑es demasiado infinito.
“Tengo el curioso sentimiento de que deseo penetrar ese misterio.
¿Entienden? Y sin embargo, hay cierta vacilación en acercarme a él. Uno no
puede tocarlo. Está ahí. Es misterioso. En el estrado es algo diferente... O
probablemente sea la misma cosa”.