domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo VII “LA PERSONALIDAD DE J. KRISHNAMURTI HA SIDO DEVORADA POR LA LLAMA”



Capítulo VII
“LA PERSONALIDAD DE J. KRISHNAMURTI
HA SIDO DEVORADA POR LA LLAMA”

   Antes de que la Convención del Jubileo comenzara en Adyar, Mrs. Besant trató de resolver las tensiones que había entre Krishnaji y los mentores principales de la Sociedad Teosófica. Llevó al joven maestro a la habitación donde se habían reunido Leadbeater, Jinarajadasa, Arundale y Wedgwood, y preguntó a K si él aceptaría a los escogidos como sus apóstoles y discípulos. K replicó que sólo aceptaría a Mrs. Besant.
   En el Congreso de la Estrella que siguió a la Convención del Jubileo, K habló bajo la higuera de Bengala; el sol se filtraba a través de las ramas extendidas y de las numerosas raíces que transformaban el árbol en una mágica floresta de luces y sombras. Súbitamente, en medio de la plática, electrizó al auditorio cambiando su alocución y pasando de la tercera persona a la primera. Refiriéndose al Instructor del Mundo que habría de venir, dijo: “Él viene solamente a aquellos que lo necesitan, que lo desean, que lo anhelan...” y entonces cambió súbitamente: “Yo vengo a aquellos que desean simpatía, que desean la felicidad, que anhelan encontrar la felicidad en todas las cosas. Vengo a reformar y no a demoler, no vengo a destruir sino a edificar”. Muchas de las que se hallaban presentes percibieron un cambio en el timbre de su voz, y una fuerza y un poder que penetraban las palabras. Más tarde, Mrs. Besant diría: “El acontecimiento marca la consagración del vehículo elegido”1.
   Desde Adyar, Krishnamurti fue a visitar Varanasi en febrero. Ofreció pláticas a muchachos y niñas de las escuelas de Kamaccha. Regresó con una fiebre muy alta provocada por intoxicación alimenticia. Se le aconsejó descanso, y subió a Ootacamund. Mientras estaba ahí escribió:

   He estado experimentando conmigo mismo, no con mucha fortuna al principio, tratando de descubrir cómo puedo desprenderme de mi cuerpo. Y verlo tal cual es. He experimentado con ello dos o tres días ‑tal vez una semana­ y encontré que por un cierto lapso podía permanecer muy fácilmente fuera de mi cuerpo y mirarlo. Yo estaba parado junto a mi cama, y ahí estaba el cuerpo en la cama ‑un sentimiento de lo más extraordinario­. Y desde ese día ha habido una sensación distinta de separación, de división entre el que gobierna y el gobernado, de modo tal que el cuerpo, aunque tiene sus ansias, sus deseos de vagabundear y vivir y gozar separadamente por sí mismo, de ninguna manera interfiere con el verdadero Yo2.

   En la primavera de 1926, Mrs. Besant acompañó a Krishnaji de regreso a Inglaterra. Él estaba proponiéndose seriamente tomar votos de sannyasa (Sannyasa es un estado del ser, un estado de morir para el mundo y la sociedad. El sannyasin toma votos de sannyas. Iniciado por un gurú, se le da la túnica azafranada, deja de ser un miembro de la sociedad y está fuera de su estructura, sin tener casi ningún interés en leyes sociales, ritos, rituales, sacramentos, etc. El sannyasin renuncia a la casta, a la familia y adopta un nuevo nombre, que significa un renacimiento). y hablaba de ello con algunos amigos.
   Más tarde, en julio, K fue a Ommen. Aunque Annie Besant estaba presente, fue él quien ofreció las pláticas junto a la hoguera en el campamento de Ommen. Krishnamurti expresó una desbordante alegría y un sentimiento de unidad con el universo. Sus palabras no dejaron conforme a la enseñanza teosófica ortodoxa, y Wedgwood, que estuvo presente, se sintió muy perturbado. Le susurró a Mrs. Besant que no era el Señor Maitreya el que estaba hablando a través de Krishnamurti, sino un poderoso mago negro. Después, Annie Besant misma habló de esto con el joven Instructor. Sacudido por sus manifestaciones, Krishnamurti le dijo que si ella creía esta historia, él jamás volvería a hablar nuevamente. Ella retiró sus comentarios, y en la noche siguiente Krishnamurti habló a los asistentes del campamento: “Paseando por los cerros de la India durante el último invierno, se apareció delante de mí un Ideal, mi Bienamado, mi Gurú, mi Gran Maestro, y desde que tuve esa visión, me parece ver a través de Ella todos los árboles, todas las montañas, todos los pequeños estanques, todos los minúsculos insectos; y desde que tuve tal visión, esa comprensión de las cosas se ha mantenido”3. Esta unidad con el gurú y con el misterio de la vida, continuó siendo el tema de sus pláticas.
   En la última plática Krishnamurti dijo “He cambiado mucho durante las dos últimas semanas ‑tanto interna como externamente­, mi cuerpo, mi rostro, mis manos, todo mi ser ha cambiado. El único modo de respirar el aire puro de la vida es por medio de este cambio constante, de la constante agitación, de la constante inquietud”4.
   Al escribir acerca del Campamento de Ommen de 1926, Esther Bright decía:

   Así, A.B. se sentaba junto a él durante las Hogueras del Campamento, con un cálido afecto en el corazón, maravillándose, amándolo, admirándolo, no siempre comprendiéndolo, pero con la fe más admirable de que él era el Heraldo de la Nueva Era y de que, con el tiempo, todo se aclararía. Y juntos atravesaban la gran multitud de hombres y mujeres, descendiendo por el sendero que conducía al centro, donde se habla dispuesto la hoguera ‑grandes cantidades de ramas, pilas de troncos y varillas, y juntos les prendían fuego­ la magna y anciana cabeza blanca y la cabeza negra con las finas, pensativas facciones de Krishnaji, inclinándose ambas al mismo tiempo. Las llamas se elevaban de un salto, y por un rato todos permanecían en silencio...
   Pero tú eres un instructor”, le dijo un día en Ommen su fiel amigo Rajagopal, cuando un grupo de nosotros se había reunido discutiendo difíciles problemas. Krishnaji permaneció un rato en silencio, y después simplemente dijo: “Yo extiendo una luz para ustedes”5.

   Annie Besant y Krishnamurti permanecieron juntos en Ojai desde agosto de 1926 hasta abril de 1927. Fue quizás el tiempo más largo que pasaron juntos desde la juventud de él. Intuyendo que su presencia era de algún modo necesaria, Annie Besant canceló su regreso a la India y los numerosos compromisos que le aguardaban allá. Mientras estuvo en Ojai, ella y Krishnamurti plantaron árboles, y ella se ocupó personalmente de adquirir tierras en el Valle de Ojai para lo que después fue la Happy Valley Foundation (Fundación del Valle Feliz). Viviendo en estrecha proximidad con Krishnamurti, ella pudo advertir cuánto se había alejado él de la ortodoxia teosófica.
   Mrs. Besant veía a un nuevo Krishnamurti. Se daba cuenta cada vez más de que la primitiva profecía acerca de que el cuerpo de Krishnamurti iba a ser el vehículo a través del cual se manifestaría un fragmento de la conciencia de Maitreya, era incorrecta, y que probablemente la conciencia de Krishnamurti y la del Señor Maitreya habrían de fusionarse. Confirmó esto en una carta del 12 de octubre dirigida a Arundale: “J.K. está cambiando todo el tiempo, pero no es como si él saliera y el Señor entrara; es más como si hubiera una fusión armoniosa de ambas conciencias”6.
   Se estaba haciendo más y más evidente que ni los años formativos en la Sociedad Teosófica bajo la guía de Leadbeater, ni los rigores de su vida en Gran Bretaña durante los años de la guerra, ni el tiempo que había pasado en el corazón de la aristocracia británica, habían moldeado el cerebro de Krishnamurti. El no podía ser programado; permanecía vacío, observando, escuchando.
   Después de una larga gestación, la mente de Krishnamurti dejó caer las capas superficiales que habían aceptado y respondido vagamente al ritual y a la jerarquía teosófica, y emergió prístina, sin una sola cicatriz. Se necesitaba una conciencia volcánica para poner al descubierto la raíz de la mente humana ‑para cuestionar, percibir y negar la estructura de la conciencia humana, para penetrar en el corazón profundo del pensamiento y del sentimiento mientras estos operaban, para romper con todo conocimiento y percibirlo todo de nuevo­. La austeridad y una vida de ascetismo no sólo eran esenciales para su persona sino que, como él mismo diría, eran “necesarias para conservar la energía”7.
   Su despertar fue luminoso Sus palabras tenían una sencillez asombrosa. El 9 de febrero Krishnamurti escribió a Leadbeater:

   Conozco mi destino y mi trabajo. Sé con certeza que estoy fundiéndome en la conciencia del Maestro y que Él ha de ocupar completamente mi ser. Percibo y también sé que mi copa está casi llena hasta los bordes y que pronto se derramará. Hasta entonces debo aguardar serenamente y con anhelante paciencia. Deseo fervientemente hacer a todos felices y lo haré8.

   Antes de abandonar los Estados Unidos Mrs. Besant hizo una declaración a la Associated Press: “El Espíritu Divino ha descendido una vez más en un hombre, Krishnamurti, quien en su vida es literalmente perfecto, como pueden atestiguarlo quienes le conocen. El Instructor del Mundo está aquí”9.

   Al inaugurarse en 1927 el Campamento de la Estrella en Ommen, Krishnamurti habló un lenguaje diametralmente opuesto al de la enseñanza teosófica. El 30 de junio dijo: “Por muchas vidas y por toda esta vida, especialmente en los últimos meses, he luchado para liberarme ‑liberarme de mis amigos, de mis libros, de todos mis vínculos­. Deben ustedes luchar por la misma libertad. En lo interno tiene que haber un constante torbellino”10.  Krishnamurti se rebelaba. Ningún Maestro, ninguna autoridad le satisfacían. “¿Quién trae la verdad?”, preguntaba.
   Se cuestionaba así mismo para descubrir la verdad tras la forma del Instructor del Mundo. Cuando era un niño ‑les decía a sus oyentes­ había visto al Señor Krishna con una flauta; en la Sociedad Teosófica, con Leadbeater vio al Maestro K.H. y después al Señor Maitreya con la forma en que los concebía la creencia de sus compañeros. En los últimos años, durante la intensidad de sus sufrimientos, había visto a Buda, para su deleite y gloria.
   El Bienamado de quien él hablaba, eran Sri Krishna, los Maestros, el Buda ­y mucho más que todos ellos­. “El Bienamado es el cielo abierto, la flor, cada ser humano. Krishnamurti no está fuera sino dentro de ellos A causa de su dolor, él se ha vuelto uno con su Bienamado”11.

   Jinarajadasa habría de arribar pronto al campamento, y rápidamente se puso a cuestionar las declaraciones de Krishnamurti. De éstas se desprendía claramente que Krishnamurti rechazaba toda autoridad, aun las más fundamentales, como la creencia en los Maestros y en el Sendero Esotérico. El 23 de julio, K le respondió a Jinarajadasa: “Yo y mi Bienamado somos uno. La visión es total. Para mí, eso es la liberación”. Y agregaba: “La personalidad de Krishnamurti ha sido devorada por la llama; lo que ocurre después de eso no importa ‑si la chispa permanece dentro de la llama o si emerge fuera­”12.

   Al año siguiente, en el verano de 1928, Krishnamurti estaba en Eerde, Holanda Comenzó a hablar con sus amigos sobre la posibilidad de disolver la Orden de la Estrella.
   Una enorme asamblea de más de tres mil personas aguardaba a Krishnamurti en el campamento de Ommen, que duró desde el 2 hasta el 12 de agosto. El habló con gran claridad a sus oyentes sobre la necesidad de abandonar todas las bases de autoridad, especialmente la del Instructor del Mundo. Cada cual debía vivir solamente de su propia luz interior. Más tarde, hablando a un representante de la Agencia Reuter que estaba presente, le dijo: “Ni Buda ni Cristo han afirmado jamás su divinidad; fueron los discípulos quienes, con su adoración, otorgaron la divinidad al maestro”13. Para asombro del corresponsal, el Instructor del Mundo prosiguió luego hablando de golf y de su ‘handicap’, que era más 2. Krishnamurti había jugado golf en algunos de los más famosos campos de golf del mundo.
   Las nuevas acerca de la fisura producida entre Krishnamurti y la Sociedad Teosófica se extendieron rápidamente. Annie Besant no asistió al campamento de Ommen y, al enterarse de lo que Krishnamurti había dicho, se sintió seriamente enferma. Según una versión tuyo un colapso nervioso, se desmayó y quedó inconsciente. Estuvo enferma por largo tiempo. Sus facultades mentales fueron decayendo lentamente; perdió la memoria y nunca volvería a recobrarla por completo. Le habían dicho que Krishnamurti había rehusado aceptar el papel de Mesías en los términos establecidos por la Sociedad Teosófica.
   Cuando ella regresó a la India, se había recobrado lo suficiente como para cerrar de manera definitiva la Sección Esotérica, el corazón de la enseñanza oculta dentro de la Sociedad, declarando que el Instructor del Mundo estaba aquí y nadie más tenía el derecho de enseñar. El 30 de noviembre de 1928 ella escribió a Krishnamurti, que se encontraba viajando hacia Adyar:

   Querido,
   Estoy enviando por intermedio de Mr. Varma una nota remitida a todas las Secretarías correspondientes de la S.E., ya que estoy segura de que es mejor que todos nuestros estudiantes se consagren al estudio de tus anhelos e ideales, y dejen por ahora de lado todas las viejas enseñanzas. Por lo tanto, estoy suspendiendo por completo e indefinidamente la S.E. dejando en tus manos toda la enseñanza. Lamento estar fuera cuando llegues, pero eso no puede evitarse.
   Te envío todo mi amor,
Madre

   Sin embargo, pocos meses después Mrs. Besant sucumbía a las presiones de otros miembros y reabría la Sección Esotérica. También le dijo a Krishnamurti que ella quería renunciar como Presidenta de la Sociedad Teosófica y sólo anhelaba sentarse a los pies de él y escuchar la enseñanza; pero él rehusó dejarle que hiciera eso.
   El 3 de agosto de 1929, en el Campamento de Ommen, con la presencia de Mrs. Besant y de tres mil miembros de la Orden de la Estrella, Krishnamurti anunció su determinación de disolver la Orden de la Estrella, de la cual era el presidente. Su plática dirigida a los miembros, fue una suma de las percepciones que habían surgido en su interior durante los años que siguieron a la muerte de su hermano. La plática fue posiblemente una declaración germinal de su posición, la cual permaneció invariable durante toda su vida:

   “Yo sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta. Ese es mi punto de vista y me adhiero a él absoluta e incondicionalmente. La Verdad, al ser ilimitada, incondicionada, inabordable por ningún camino, no puede ser organizada; ni puede formarse organización alguna para conducir o forzar a la gente por algún sendero particular. Si desde el principio entienden eso, entonces verán lo imposible que es organizar una creencia. Una creencia es un asunto puramente individual, y no pueden ni deben organizarla. Si lo hacen se torna en algo muerto, cristalizado; se convierte en un credo, una secta, una religión que ha de imponerse a los demás. Esto es lo que todo el mundo trata de hacer. La Verdad se empequeñece y se transforma en un juguete para los débiles, para los que están sólo momentáneamente descontentos. La verdad no puede rebajarse, es más bien el individuo quien debe hacer el esfuerzo de elevarse hacia ella. Ustedes no pueden traer la cumbre de la montada al valle. Si quieren llegar a la cima de la montada, tienen que atravesar el valle y trepar por las cuestas sin temor a los peligrosos precipicios. Tienen que ascender hacia la Verdad, ésta no puede ‘descenderse’ ni organizarse para ustedes...”
   “Yo no quiero pertenecer a ninguna organización de tipo espiritual; por favor, comprendan esto...”
   “Por otra parte, sostengo que ninguna organización puede conducir al hombre a la espiritualidad. Si se crea una organización para este propósito, ella se convierte en una muleta, en una debilidad, en una servidumbre que por fuerza mutila al individuo y le impide crecer, establecer su unicidad que descansa en el descubrimiento que haga por sí mismo de esta Verdad absoluta e incondicionada. Por lo tanto, ésa es otra de las razones por las que he decidido, ya que soy el Jefe de la Orden, disolverla. Nadie me ha persuadido para que tome esta decisión”.
   “Esta no es ninguna magnífica proeza, porque yo no deseo seguidores, y esto es lo que quiero significar. En el momento en que siguen a alguien, dejan de seguir la Verdad. No me preocupa si prestan o no prestan atención a lo que digo. Deseo hacer cierta cosa en el mundo y voy a hacerla con resuelta concentración. Sólo estoy interesado en una cosa esencial: hacer que el hombre sea libre. Deseo liberarlo de todas las jaulas, de todos los temores, y no fundar religiones, nuevas sectas, ni establecer nuevas teorías y nuevas filosofías. Entonces, naturalmente, me preguntarán por qué recorro el mundo hablando continuamente. Les diré por qué lo hago: no es porque desee que me sigan, ni porque desee un grupo especial de discípulos selectos. (¡Cómo gustan los hombres de ser diferentes de sus semejantes, por ridículas, absurdas o triviales que puedan ser sus distinciones! No quiero alentar ese absurdo). No tengo discípulos ni apóstoles, ya sea en la tierra o en el reino de la espiritualidad...”
   “Un periodista que me ha entrevistado, consideraba un acto grandioso disolver una organización en la cual había miles y miles de miembros. Para él esto era una gran acción porque dijo: “¿Qué hará usted después, cómo vivirá? No tendrá seguidores, la gente no lo escuchará”. Con que sólo haya cinco personas que escuchen, que vivan, que tengan sus rostros vueltos hacia la eternidad, será suficiente...”
   “Como he dicho, tengo solamente un propósito: hacer que el hombre sea libre, impulsarlo hacia la libertad, ayudarle a romper con todas sus limitaciones, porque sólo eso habrá de darle la felicidad eterna, la realización no condicionada del ser”.
   “Porque yo soy libre, no condicionado, completo ‑no una parte, no lo relativo, sino la Verdad total que es eterna­ deseo que aquellos que buscan comprenderme sean libres, que no me sigan, que no hagan de mí una jaula que se tornará en una religión, una secta. Más bien deberían librarse de todos los temores: del temor de la religión, del temor de la salvación, del temor de la espiritualidad, del temor del amor, del temor de la muerte, del temor de la vida misma. Así como un artista pinta un cuadro porque se deleita en esa pintura, porque ella es la expresión de él mismo, su bienestar, su gloria, así hago yo esto, y no porque quiera nada de nadie. Ustedes están acostumbrados a la autoridad, o a la atmósfera de autoridad que piensan va a conducirlos a la espiritualidad. Creen y esperan que otro, por sus extraordinarios poderes ‑un milagro­ podrá transportarlos a ese reino de libertad eterna que es la Felicidad. Toda la perspectiva que tienen de la vida se basa en esa autoridad”.
   “Me han estado escuchando durante tres años sin que ningún cambio se operara en ustedes, salvo en algunos pocos. Ahora, analicen lo que estoy diciendo, sean críticos para que puedan alcanzar una comprensión profunda, fundamental. Cuando buscan una autoridad que los conduzca a la espiritualidad, se obligan ustedes automáticamente a crear una organización alrededor de esa autoridad. Por la creación misma de esa organización que piensan ha de ayudar a esta autoridad para que les guíe hacia la vida espiritual, quedan ustedes atrapados en una jaula...”
   “En lugar de las viejas distinciones espirituales, tienen ustedes nuevas distinciones, en lugar de los viejos cultos, tienen cultos nuevos. Todos ustedes dependen de algún otro para su espiritualidad, para su felicidad, para su iluminación; y aunque se han estado preparando para mí durante dieciocho años, cuando yo digo que todas estas cosas son innecesarias, cuando digo que deben descartarlas todas y mirar dentro de sí mismos para la iluminación, para la gloria, para la purificación e incorruptibilidad del ser, ninguno de ustedes quiere hacerlo. Puede que haya unos pocos, pero son muy, muy pocos”.
   “¿Para qué, pues, tener una organización?”
   “¿Por qué las personas falsas, hipócritas, me han seguido a mí, la encarnación de la Verdad? Recuerden, por favor, que no estoy diciendo cosas duras o crueles, sino que hemos llegado a una situación en que deben ustedes enfrentarse a las cosas tal como son. El año pasado dije que no transigiría. Muy pocos me escucharon entonces. Este año he puesto eso absolutamente en claro. No sé cuántos miles en el mundo ‑miembros de la Orden­ han estado preparándose para mí durante dieciocho años; sin embargo, ahora no están dispuestos a escuchar incondicionalmente, totalmente, lo que digo”.
   “¿Para qué, pues, tener una organización?”
   “Como dije antes, mi propósito es hacer que el hombre sea incondicionalmente libre, porque yo sostengo que la única espiritualidad es la incorruptibilidad del propio ser que es eterno, que es la armonía entre la razón y el amor. Esta es la absoluta, incondicionada Verdad que es la Vida misma. Deseo, por lo tanto, que el hombre sea libre, que se regocije como el pájaro en el cielo claro ‑libre de toda carga, independiente, extático en esa libertad­. Y yo, por quien ustedes se han estado preparando durante dieciocho años, digo ahora que deben liberarse de todas estas cosas, liberarse de sus complicaciones, de sus enredos. Para eso no necesitan tener una organización basada en la creencia espiritual. ¿Por qué tener una organización para cinco o diez personas en el mundo que comprenden, que luchan, que han desechado todas las cosas triviales? Y para los débiles no puede haber organización alguna que les ayude a encontrar la Verdad, porque la Verdad está en cada uno de nosotros; no está lejos ni cerca; está eternamente ahí”.
   “Las organizaciones no pueden hacerlos libres. Ningún hombre puede, desde afuera, hacerlos libres; ni un culto organizado, ni la propia inmolación a una causa puede hacerlos libres, ni el formar parte de una organización, ni el lanzarse a una actividad puede hacerlos libres. Ustedes utilizan una máquina de escribir para su correspondencia, pero no la ponen en un altar para adorarla. Sin embargo, eso es lo que están haciendo cuando las organizaciones se convierten en la principal preocupación de ustedes. “¿Cuántos miembros hay en ella?” Esta es la primera pregunta que me hacen todos los reporteros. “¿Cuántos seguidores tiene usted? Por su número juzgaremos si lo que usted dice es verdadero o falso”. Yo no sé cuántos son. No estoy interesado en eso. Aunque hubiera un solo hombre que haya podido liberarse, sería suficiente”.
   “Asimismo tienen ustedes la idea de que sólo ciertas personas poseen la llave para entrar en el Reino de la Felicidad. Nadie la posee. Nadie tiene la autoridad para poseerla. Esa llave es el propio ser de cada uno, y sólo en el desarrollo y la purificación y la incorruptibilidad de ese ser, está el Reino de la Eternidad”.
   “Verán, pues, qué absurda es toda la estructura que han edificado buscando la ayuda externa, dependiendo de otros para el propio bienestar, para la propia felicidad, para la propia fortaleza. Estas cosas sólo pueden encontrarlas dentro de sí mismos”.
   “¿Por qué, pues, tener una organización?”
   “Se han acostumbrado a que se les diga cuánto han avanzado, cuál es el grado espiritual que poseen. ¡Qué niñería! ¿Quién sino ustedes mismos puede decir si son hermosos o feos por dentro? ¿Quién sino ustedes mismos puede decir si son incorruptibles? Ustedes no son serios en estas cosas”.
   “¿Por qué, pues, tener una organización?”
   “Pero aquellos que realmente deseen comprender, que traten de descubrir lo que es eterno, sin principio ni fin, marcharán juntos con mayor intensidad y serán un peligro para todo lo que no es esencial, para las irrealidades, para las sombras. Y ellos se reunirán y se volverán la llama, porque habrán comprendido. Un cuerpo así es el que debemos crear y tal es mi propósito. Gracias a esa verdadera comprensión habrá una verdadera amistad. A causa de esa verdadera amistad ‑que al parecer ustedes no conocen­ habrá verdadera cooperación de parte de cada uno. Y esto no por motivo de la autoridad, ni por la salvación, ni por la inmolación a una causa, sino porque ustedes realmente han comprendido y, en consecuencia, son capaces de vivir en lo eterno. Esto es algo más grande que todo placer y que todo sacrificio”.
   “Estas son, pues, algunas de las razones por las que, después de haberlo considerado cuidadosamente por dos años, he tomado esta decisión. No proviene de un impulso momentáneo. Nadie me ha persuadido a ello ‑no me dejo persuadir en tales cosas­. Durante dos años he estado pensando en esto, despacio, cuidadosamente, pacientemente, y he decidido ahora disolver la Orden, puesto que soy su Jefe. Pueden formar otras organizaciones y esperar por algún otro. Eso no me concierne, como tampoco me concierne crear nuevas jaulas y nuevas decoraciones para esas jaulas. Mi único interés es hacer que el hombre sea absolutamente, incondicionalmente libre”14.

   Tiempo después, se liquidaron los diversos fideicomisos y los fondos, y las grandes propiedades y terrenos volvieron a sus donantes originales. Se estableció una pequeña oficina, con Rajagopal como el principal organizador, para emprender la publicación de las pláticas de Krishnamurti. Por entonces, Krishnamurti comenzaba a ser considerado como un filósofo secular, absolutamente hostil a todas las creencias religiosas, y muchos partidarios fieles y leales de la Sociedad Teosófica sostenían que se había invalidado la venida del Instructor del Mundo.


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