Capítulo VII
“LA PERSONALIDAD DE J. KRISHNAMURTI
HA SIDO DEVORADA POR LA LLAMA”
Antes
de que la Convención del Jubileo comenzara en Adyar, Mrs. Besant trató de
resolver las tensiones que había entre Krishnaji y los mentores principales de
la Sociedad Teosófica. Llevó al joven maestro a la habitación donde se habían
reunido Leadbeater, Jinarajadasa, Arundale y Wedgwood, y preguntó a K si él
aceptaría a los escogidos como sus apóstoles y discípulos. K replicó que sólo
aceptaría a Mrs. Besant.
En el
Congreso de la Estrella que siguió a la Convención del Jubileo, K habló bajo la
higuera de Bengala; el sol se filtraba a través de las ramas extendidas y de
las numerosas raíces que transformaban el árbol en una mágica floresta de luces
y sombras. Súbitamente, en medio de la plática, electrizó al auditorio
cambiando su alocución y pasando de la tercera persona a la primera.
Refiriéndose al Instructor del Mundo que habría de venir, dijo: “Él viene
solamente a aquellos que lo necesitan, que lo desean, que lo anhelan...” y
entonces cambió súbitamente: “Yo vengo a aquellos que desean simpatía, que
desean la felicidad, que anhelan encontrar la felicidad en todas las cosas.
Vengo a reformar y no a demoler, no vengo a destruir sino a edificar”. Muchas
de las que se hallaban presentes percibieron un cambio en el timbre de su voz,
y una fuerza y un poder que penetraban las palabras. Más tarde, Mrs. Besant
diría: “El acontecimiento marca la consagración del vehículo elegido”1.
Desde
Adyar, Krishnamurti fue a visitar Varanasi en febrero. Ofreció pláticas a
muchachos y niñas de las escuelas de Kamaccha. Regresó con una fiebre muy alta
provocada por intoxicación alimenticia. Se le aconsejó descanso, y subió a
Ootacamund. Mientras estaba ahí escribió:
He
estado experimentando conmigo mismo, no con mucha fortuna al principio,
tratando de descubrir cómo puedo desprenderme de mi cuerpo. Y verlo tal cual
es. He experimentado con ello dos o tres días ‑tal vez una semana y encontré
que por un cierto lapso podía permanecer muy fácilmente fuera de mi cuerpo y
mirarlo. Yo estaba parado junto a mi cama, y ahí estaba el cuerpo en la cama ‑un
sentimiento de lo más extraordinario. Y desde ese día ha habido una sensación
distinta de separación, de división entre el que gobierna y el gobernado, de
modo tal que el cuerpo, aunque tiene sus ansias, sus deseos de vagabundear y
vivir y gozar separadamente por sí mismo, de ninguna manera interfiere con el
verdadero Yo2.
En la
primavera de 1926, Mrs. Besant acompañó a Krishnaji de regreso a Inglaterra. Él
estaba proponiéndose seriamente tomar votos de sannyasa (Sannyasa es un
estado del ser, un estado de morir para el mundo y la sociedad. El sannyasin toma votos de sannyas. Iniciado por un gurú, se le da la túnica azafranada,
deja de ser un miembro de la sociedad y está fuera de su estructura, sin tener
casi ningún interés en leyes sociales, ritos, rituales, sacramentos, etc. El sannyasin renuncia a la casta, a la familia
y adopta un nuevo nombre, que significa un renacimiento). y hablaba de ello con
algunos amigos.
Más
tarde, en julio, K fue a Ommen. Aunque Annie Besant estaba presente, fue él
quien ofreció las pláticas junto a la hoguera en el campamento de Ommen.
Krishnamurti expresó una desbordante alegría y un sentimiento de unidad con el
universo. Sus palabras no dejaron conforme a la enseñanza teosófica ortodoxa, y
Wedgwood, que estuvo presente, se sintió muy perturbado. Le susurró a Mrs.
Besant que no era el Señor Maitreya el que estaba hablando a través de
Krishnamurti, sino un poderoso mago negro. Después, Annie Besant misma habló de
esto con el joven Instructor. Sacudido por sus manifestaciones, Krishnamurti le
dijo que si ella creía esta historia, él jamás volvería a hablar nuevamente.
Ella retiró sus comentarios, y en la noche siguiente Krishnamurti habló a los
asistentes del campamento: “Paseando por los cerros de la India durante el
último invierno, se apareció delante de mí un Ideal, mi Bienamado, mi Gurú, mi
Gran Maestro, y desde que tuve esa visión, me parece ver a través de Ella todos
los árboles, todas las montañas, todos los pequeños estanques, todos los
minúsculos insectos; y desde que tuve tal visión, esa comprensión de las cosas
se ha mantenido”3. Esta unidad con el gurú y con el misterio de la vida, continuó siendo el tema de sus
pláticas.
En la
última plática Krishnamurti dijo “He cambiado mucho durante las dos últimas
semanas ‑tanto interna como externamente, mi cuerpo, mi rostro, mis manos,
todo mi ser ha cambiado. El único modo de respirar el aire puro de la vida es
por medio de este cambio constante, de la constante agitación, de la constante
inquietud”4.
Al
escribir acerca del Campamento de Ommen de 1926, Esther Bright decía:
Así,
A.B. se sentaba junto a él durante las Hogueras del Campamento, con un cálido
afecto en el corazón, maravillándose, amándolo, admirándolo, no siempre
comprendiéndolo, pero con la fe más admirable de que él era el Heraldo de la
Nueva Era y de que, con el tiempo, todo se aclararía. Y juntos atravesaban la
gran multitud de hombres y mujeres, descendiendo por el sendero que conducía al
centro, donde se habla dispuesto la hoguera ‑grandes cantidades de ramas, pilas
de troncos y varillas, y juntos les prendían fuego la magna y anciana cabeza
blanca y la cabeza negra con las finas, pensativas facciones de Krishnaji,
inclinándose ambas al mismo tiempo. Las llamas se elevaban de un salto, y por
un rato todos permanecían en silencio...
“Pero tú eres un instructor”, le dijo un
día en Ommen su fiel amigo Rajagopal, cuando un grupo de nosotros se había
reunido discutiendo difíciles problemas. Krishnaji permaneció un rato en
silencio, y después simplemente dijo: “Yo extiendo una luz para ustedes”5.
Annie
Besant y Krishnamurti permanecieron juntos en Ojai desde agosto de 1926 hasta
abril de 1927. Fue quizás el tiempo más largo que pasaron juntos desde la
juventud de él. Intuyendo que su presencia era de algún modo necesaria, Annie
Besant canceló su regreso a la India y los numerosos compromisos que le
aguardaban allá. Mientras estuvo en Ojai, ella y Krishnamurti plantaron
árboles, y ella se ocupó personalmente de adquirir tierras en el Valle de Ojai
para lo que después fue la Happy Valley Foundation (Fundación del Valle Feliz).
Viviendo en estrecha proximidad con Krishnamurti, ella pudo advertir cuánto se
había alejado él de la ortodoxia teosófica.
Mrs.
Besant veía a un nuevo Krishnamurti. Se daba cuenta cada vez más de que la
primitiva profecía acerca de que el cuerpo de Krishnamurti iba a ser el
vehículo a través del cual se manifestaría un fragmento de la conciencia de
Maitreya, era incorrecta, y que probablemente la conciencia de Krishnamurti y
la del Señor Maitreya habrían de fusionarse. Confirmó esto en una carta del 12
de octubre dirigida a Arundale: “J.K. está cambiando todo el tiempo, pero no es
como si él saliera y el Señor entrara; es más como si hubiera una fusión
armoniosa de ambas conciencias”6.
Se
estaba haciendo más y más evidente que ni los años formativos en la Sociedad
Teosófica bajo la guía de Leadbeater, ni los rigores de su vida en Gran Bretaña
durante los años de la guerra, ni el tiempo que había pasado en el corazón de
la aristocracia británica, habían moldeado el cerebro de Krishnamurti. El no
podía ser programado; permanecía vacío, observando, escuchando.
Después de una larga gestación, la mente de Krishnamurti dejó caer las
capas superficiales que habían aceptado y respondido vagamente al ritual y a la
jerarquía teosófica, y emergió prístina, sin una sola cicatriz. Se necesitaba
una conciencia volcánica para poner al descubierto la raíz de la mente humana ‑para
cuestionar, percibir y negar la estructura de la conciencia humana, para
penetrar en el corazón profundo del pensamiento y del sentimiento mientras
estos operaban, para romper con todo conocimiento y percibirlo todo de nuevo.
La austeridad y una vida de ascetismo no sólo eran esenciales para su persona
sino que, como él mismo diría, eran “necesarias para conservar la energía”7.
Su despertar fue luminoso Sus palabras tenían
una sencillez asombrosa. El 9 de febrero Krishnamurti escribió a Leadbeater:
Conozco
mi destino y mi trabajo. Sé con certeza que estoy fundiéndome en la conciencia
del Maestro y que Él ha de ocupar completamente mi ser. Percibo y también sé
que mi copa está casi llena hasta los bordes y que pronto se derramará. Hasta
entonces debo aguardar serenamente y con anhelante paciencia. Deseo
fervientemente hacer a todos felices y lo haré8.
Antes
de abandonar los Estados Unidos Mrs. Besant hizo una declaración a la
Associated Press: “El Espíritu Divino ha descendido una vez más en un hombre,
Krishnamurti, quien en su vida es literalmente perfecto, como pueden
atestiguarlo quienes le conocen. El Instructor del Mundo está aquí”9.
Al
inaugurarse en 1927 el Campamento de la Estrella en Ommen, Krishnamurti habló
un lenguaje diametralmente opuesto al de la enseñanza teosófica. El 30 de junio
dijo: “Por muchas vidas y por toda esta vida, especialmente en los últimos meses,
he luchado para liberarme ‑liberarme de mis amigos, de mis libros, de todos mis
vínculos. Deben ustedes luchar por la misma libertad. En lo interno tiene que
haber un constante torbellino”10.
Krishnamurti se rebelaba. Ningún Maestro, ninguna autoridad le
satisfacían. “¿Quién trae la verdad?”, preguntaba.
Se
cuestionaba así mismo para descubrir la verdad tras la forma del Instructor del
Mundo. Cuando era un niño ‑les decía a sus oyentes había visto al Señor
Krishna con una flauta; en la Sociedad Teosófica, con Leadbeater vio al Maestro
K.H. y después al Señor Maitreya con la forma en que los concebía la creencia
de sus compañeros. En los últimos años, durante la intensidad de sus
sufrimientos, había visto a Buda, para su deleite y gloria.
El Bienamado
de quien él hablaba, eran Sri Krishna, los Maestros, el Buda y mucho más que
todos ellos. “El Bienamado es el cielo abierto, la flor, cada ser humano.
Krishnamurti no está fuera sino dentro de ellos A causa de su dolor, él se ha
vuelto uno con su Bienamado”11.
Jinarajadasa habría de arribar pronto al campamento, y rápidamente se
puso a cuestionar las declaraciones de Krishnamurti. De éstas se desprendía
claramente que Krishnamurti rechazaba toda autoridad, aun las más fundamentales,
como la creencia en los Maestros y en el Sendero Esotérico. El 23 de julio, K
le respondió a Jinarajadasa: “Yo y mi Bienamado somos uno. La visión es total.
Para mí, eso es la liberación”. Y agregaba: “La personalidad de Krishnamurti ha
sido devorada por la llama; lo que ocurre después de eso no importa ‑si la
chispa permanece dentro de la llama o si emerge fuera”12.
Al
año siguiente, en el verano de 1928, Krishnamurti estaba en Eerde, Holanda
Comenzó a hablar con sus amigos sobre la posibilidad de disolver la Orden de la
Estrella.
Una
enorme asamblea de más de tres mil personas aguardaba a Krishnamurti en el
campamento de Ommen, que duró desde el 2 hasta el 12 de agosto. El habló con
gran claridad a sus oyentes sobre la necesidad de abandonar todas las bases de
autoridad, especialmente la del Instructor del Mundo. Cada cual debía vivir
solamente de su propia luz interior. Más tarde, hablando a un representante de
la Agencia Reuter que estaba presente, le dijo: “Ni Buda ni Cristo han afirmado
jamás su divinidad; fueron los discípulos quienes, con su adoración, otorgaron
la divinidad al maestro”13. Para asombro del corresponsal, el
Instructor del Mundo prosiguió luego hablando de golf y de su ‘handicap’, que
era más 2. Krishnamurti había jugado golf en algunos de los más famosos campos
de golf del mundo.
Las
nuevas acerca de la fisura producida entre Krishnamurti y la Sociedad Teosófica
se extendieron rápidamente. Annie Besant no asistió al campamento de Ommen y,
al enterarse de lo que Krishnamurti había dicho, se sintió seriamente enferma.
Según una versión tuyo un colapso nervioso, se desmayó y quedó inconsciente.
Estuvo enferma por largo tiempo. Sus facultades mentales fueron decayendo
lentamente; perdió la memoria y nunca volvería a recobrarla por completo. Le
habían dicho que Krishnamurti había rehusado aceptar el papel de Mesías en los
términos establecidos por la Sociedad Teosófica.
Cuando ella regresó a la India, se había recobrado lo suficiente como
para cerrar de manera definitiva la Sección Esotérica, el corazón de la
enseñanza oculta dentro de la Sociedad, declarando que el Instructor del Mundo
estaba aquí y nadie más tenía el derecho de enseñar. El 30 de noviembre de 1928
ella escribió a Krishnamurti, que se encontraba viajando hacia Adyar:
Querido,
Estoy
enviando por intermedio de Mr. Varma una nota remitida a todas las Secretarías
correspondientes de la S.E., ya que estoy segura de que es mejor que todos
nuestros estudiantes se consagren al estudio de tus anhelos e ideales, y dejen
por ahora de lado todas las viejas enseñanzas. Por lo tanto, estoy suspendiendo
por completo e indefinidamente la S.E. dejando en tus manos toda la enseñanza.
Lamento estar fuera cuando llegues, pero eso no puede evitarse.
Te
envío todo mi amor,
Madre
Sin embargo,
pocos meses después Mrs. Besant sucumbía a las presiones de otros miembros y
reabría la Sección Esotérica. También le dijo a Krishnamurti que ella quería
renunciar como Presidenta de la Sociedad Teosófica y sólo anhelaba sentarse a
los pies de él y escuchar la enseñanza; pero él rehusó dejarle que hiciera eso.
El 3
de agosto de 1929, en el Campamento de Ommen, con la presencia de Mrs. Besant y
de tres mil miembros de la Orden de la Estrella, Krishnamurti anunció su
determinación de disolver la Orden de la Estrella, de la cual era el
presidente. Su plática dirigida a los miembros, fue una suma de las
percepciones que habían surgido en su interior durante los años que siguieron a
la muerte de su hermano. La plática fue posiblemente una declaración germinal
de su posición, la cual permaneció invariable durante toda su vida:
“Yo
sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a
ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta. Ese es mi
punto de vista y me adhiero a él absoluta e incondicionalmente. La Verdad, al
ser ilimitada, incondicionada, inabordable por ningún camino, no puede ser
organizada; ni puede formarse organización alguna para conducir o forzar a la
gente por algún sendero particular. Si desde el principio entienden eso,
entonces verán lo imposible que es organizar una creencia. Una creencia es un
asunto puramente individual, y no pueden ni deben organizarla. Si lo hacen se
torna en algo muerto, cristalizado; se convierte en un credo, una secta, una
religión que ha de imponerse a los demás. Esto es lo que todo el mundo trata de
hacer. La Verdad se empequeñece y se transforma en un juguete para los débiles,
para los que están sólo momentáneamente descontentos. La verdad no puede
rebajarse, es más bien el individuo quien debe hacer el esfuerzo de elevarse
hacia ella. Ustedes no pueden traer la cumbre de la montada al valle. Si
quieren llegar a la cima de la montada, tienen que atravesar el valle y trepar
por las cuestas sin temor a los peligrosos precipicios. Tienen que ascender
hacia la Verdad, ésta no puede ‘descenderse’ ni organizarse para ustedes...”
“Yo
no quiero pertenecer a ninguna organización de tipo espiritual; por favor,
comprendan esto...”
“Por
otra parte, sostengo que ninguna organización puede conducir al hombre a la
espiritualidad. Si se crea una organización para este propósito, ella se
convierte en una muleta, en una debilidad, en una servidumbre que por fuerza
mutila al individuo y le impide crecer, establecer su unicidad que descansa en
el descubrimiento que haga por sí mismo de esta Verdad absoluta e
incondicionada. Por lo tanto, ésa es otra de las razones por las que he
decidido, ya que soy el Jefe de la Orden, disolverla. Nadie me ha persuadido
para que tome esta decisión”.
“Esta
no es ninguna magnífica proeza, porque yo no deseo seguidores, y esto es lo que
quiero significar. En el momento en que siguen a alguien, dejan de seguir la
Verdad. No me preocupa si prestan o no prestan atención a lo que digo. Deseo
hacer cierta cosa en el mundo y voy a hacerla con resuelta concentración. Sólo
estoy interesado en una cosa esencial: hacer que el hombre sea libre. Deseo
liberarlo de todas las jaulas, de todos los temores, y no fundar religiones,
nuevas sectas, ni establecer nuevas teorías y nuevas filosofías. Entonces,
naturalmente, me preguntarán por qué recorro el mundo hablando continuamente.
Les diré por qué lo hago: no es porque desee que me sigan, ni porque desee un
grupo especial de discípulos selectos. (¡Cómo gustan los hombres de ser
diferentes de sus semejantes, por ridículas, absurdas o triviales que puedan
ser sus distinciones! No quiero alentar ese absurdo). No tengo discípulos ni
apóstoles, ya sea en la tierra o en el reino de la espiritualidad...”
“Un
periodista que me ha entrevistado, consideraba un acto grandioso disolver una
organización en la cual había miles y miles de miembros. Para él esto era una
gran acción porque dijo: “¿Qué hará usted después, cómo vivirá? No tendrá
seguidores, la gente no lo escuchará”. Con que sólo haya cinco personas que
escuchen, que vivan, que tengan sus rostros vueltos hacia la eternidad, será
suficiente...”
“Como
he dicho, tengo solamente un propósito: hacer que el hombre sea libre,
impulsarlo hacia la libertad, ayudarle a romper con todas sus limitaciones,
porque sólo eso habrá de darle la felicidad eterna, la realización no
condicionada del ser”.
“Porque yo soy libre, no condicionado, completo ‑no una parte, no lo
relativo, sino la Verdad total que es eterna deseo que aquellos que buscan
comprenderme sean libres, que no me sigan, que no hagan de mí una jaula que se
tornará en una religión, una secta. Más bien deberían librarse de todos los
temores: del temor de la religión, del temor de la salvación, del temor de la
espiritualidad, del temor del amor, del temor de la muerte, del temor de la
vida misma. Así como un artista pinta un cuadro porque se deleita en esa
pintura, porque ella es la expresión de él mismo, su bienestar, su gloria, así
hago yo esto, y no porque quiera nada de nadie. Ustedes están acostumbrados a
la autoridad, o a la atmósfera de autoridad que piensan va a conducirlos a la
espiritualidad. Creen y esperan que otro, por sus extraordinarios poderes ‑un
milagro podrá transportarlos a ese reino de libertad eterna que es la
Felicidad. Toda la perspectiva que tienen de la vida se basa en esa autoridad”.
“Me
han estado escuchando durante tres años sin que ningún cambio se operara en
ustedes, salvo en algunos pocos. Ahora, analicen lo que estoy diciendo, sean
críticos para que puedan alcanzar una comprensión profunda, fundamental. Cuando
buscan una autoridad que los conduzca a la espiritualidad, se obligan ustedes
automáticamente a crear una organización alrededor de esa autoridad. Por la
creación misma de esa organización que piensan ha de ayudar a esta autoridad
para que les guíe hacia la vida espiritual, quedan ustedes atrapados en una
jaula...”
“En
lugar de las viejas distinciones espirituales, tienen ustedes nuevas
distinciones, en lugar de los viejos cultos, tienen cultos nuevos. Todos
ustedes dependen de algún otro para su espiritualidad, para su felicidad, para
su iluminación; y aunque se han estado preparando para mí durante dieciocho
años, cuando yo digo que todas estas cosas son innecesarias, cuando digo que
deben descartarlas todas y mirar dentro de sí mismos para la iluminación, para
la gloria, para la purificación e incorruptibilidad del ser, ninguno de ustedes
quiere hacerlo. Puede que haya unos pocos, pero son muy, muy pocos”.
“¿Para qué, pues, tener una organización?”
“¿Por
qué las personas falsas, hipócritas, me han seguido a mí, la encarnación de la
Verdad? Recuerden, por favor, que no estoy diciendo cosas duras o crueles, sino
que hemos llegado a una situación en que deben ustedes enfrentarse a las cosas
tal como son. El año pasado dije que no transigiría. Muy pocos me escucharon
entonces. Este año he puesto eso absolutamente en claro. No sé cuántos miles en
el mundo ‑miembros de la Orden han estado preparándose para mí durante
dieciocho años; sin embargo, ahora no están dispuestos a escuchar
incondicionalmente, totalmente, lo que digo”.
“¿Para qué, pues, tener una organización?”
“Como
dije antes, mi propósito es hacer que el hombre sea incondicionalmente libre,
porque yo sostengo que la única espiritualidad es la incorruptibilidad del
propio ser que es eterno, que es la armonía entre la razón y el amor. Esta es
la absoluta, incondicionada Verdad que es la Vida misma. Deseo, por lo tanto,
que el hombre sea libre, que se regocije como el pájaro en el cielo claro ‑libre
de toda carga, independiente, extático en esa libertad. Y yo, por quien
ustedes se han estado preparando durante dieciocho años, digo ahora que deben
liberarse de todas estas cosas, liberarse de sus complicaciones, de sus
enredos. Para eso no necesitan tener una organización basada en la creencia
espiritual. ¿Por qué tener una organización para cinco o diez personas en el
mundo que comprenden, que luchan, que han desechado todas las cosas triviales?
Y para los débiles no puede haber organización alguna que les ayude a encontrar
la Verdad, porque la Verdad está en cada uno de nosotros; no está lejos ni
cerca; está eternamente ahí”.
“Las
organizaciones no pueden hacerlos libres. Ningún hombre puede, desde afuera,
hacerlos libres; ni un culto organizado, ni la propia inmolación a una causa
puede hacerlos libres, ni el formar parte de una organización, ni el lanzarse a
una actividad puede hacerlos libres. Ustedes utilizan una máquina de escribir
para su correspondencia, pero no la ponen en un altar para adorarla. Sin
embargo, eso es lo que están haciendo cuando las organizaciones se convierten
en la principal preocupación de ustedes. “¿Cuántos miembros hay en ella?” Esta
es la primera pregunta que me hacen todos los reporteros. “¿Cuántos seguidores
tiene usted? Por su número juzgaremos si lo que usted dice es verdadero o
falso”. Yo no sé cuántos son. No estoy interesado en eso. Aunque hubiera un
solo hombre que haya podido liberarse, sería suficiente”.
“Asimismo tienen ustedes la idea de que sólo ciertas personas poseen la
llave para entrar en el Reino de la Felicidad. Nadie la posee. Nadie tiene la
autoridad para poseerla. Esa llave es el propio ser de cada uno, y sólo en el
desarrollo y la purificación y la incorruptibilidad de ese ser, está el Reino
de la Eternidad”.
“Verán, pues, qué absurda es toda la estructura que han edificado
buscando la ayuda externa, dependiendo de otros para el propio bienestar, para
la propia felicidad, para la propia fortaleza. Estas cosas sólo pueden
encontrarlas dentro de sí mismos”.
“¿Por
qué, pues, tener una organización?”
“Se
han acostumbrado a que se les diga cuánto han avanzado, cuál es el grado
espiritual que poseen. ¡Qué niñería! ¿Quién sino ustedes mismos puede decir si
son hermosos o feos por dentro? ¿Quién sino ustedes mismos puede decir si son
incorruptibles? Ustedes no son serios en estas cosas”.
“¿Por
qué, pues, tener una organización?”
“Pero
aquellos que realmente deseen comprender, que traten de descubrir lo que es eterno,
sin principio ni fin, marcharán juntos con mayor intensidad y serán un peligro
para todo lo que no es esencial, para las irrealidades, para las sombras. Y
ellos se reunirán y se volverán la llama, porque habrán comprendido. Un cuerpo
así es el que debemos crear y tal es mi propósito. Gracias a esa verdadera
comprensión habrá una verdadera amistad. A causa de esa verdadera amistad ‑que
al parecer ustedes no conocen habrá verdadera cooperación de parte de cada
uno. Y esto no por motivo de la autoridad, ni por la salvación, ni por la
inmolación a una causa, sino porque ustedes realmente han comprendido y, en
consecuencia, son capaces de vivir en lo eterno. Esto es algo más grande que
todo placer y que todo sacrificio”.
“Estas son, pues, algunas de las razones por las que, después de haberlo
considerado cuidadosamente por dos años, he tomado esta decisión. No proviene
de un impulso momentáneo. Nadie me ha persuadido a ello ‑no me dejo persuadir
en tales cosas. Durante dos años he estado pensando en esto, despacio,
cuidadosamente, pacientemente, y he decidido ahora disolver la Orden, puesto
que soy su Jefe. Pueden formar otras organizaciones y esperar por algún otro.
Eso no me concierne, como tampoco me concierne crear nuevas jaulas y nuevas
decoraciones para esas jaulas. Mi único interés es hacer que el hombre sea
absolutamente, incondicionalmente libre”14.
Tiempo después, se liquidaron los diversos fideicomisos y los fondos, y
las grandes propiedades y terrenos volvieron a sus donantes originales. Se
estableció una pequeña oficina, con Rajagopal como el principal organizador,
para emprender la publicación de las pláticas de Krishnamurti. Por entonces,
Krishnamurti comenzaba a ser considerado como un filósofo secular,
absolutamente hostil a todas las creencias religiosas, y muchos partidarios
fieles y leales de la Sociedad Teosófica sostenían que se había invalidado la
venida del Instructor del Mundo.
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