QUINTA
PARTE
CAMBIANDO
DE HORIZONTES
1962-1977
Capítulo
XXIV
“LAS
PERSONAS SIN CREATIVIDAD,
FORMAN
INSTITUCIONES MUERTAS”
Krishnaji abandonó la
India en marzo de 1962. Un período de su diálogo con la tierra que le vio nacer
y con sus amigos, había terminado. Jamás volvería a ser el mismo. El Krishnaji
que había reído con nosotros, que había paseado con nosotros; que se había
sentido abrumado por la belleza del país, que había mirado con compasión al
pobre y al rico; el que había escuchado la voz de miles a quienes curó
internamente, el que tomaba la mano de un amigo y lo conducía a través de los
laberintos mentales, señalando, discutiendo, quitando las cargas de angustia y
dolor ‑este Krishnaji desaparecería. Un nuevo Krishnaji habría de emerger
-severo, impaciente, cuestionador. Todas las relaciones personales habrían de
sufrir una transformación. Seguiría siendo compasivo, pero también sería el
maestro que exige respuestas a interrogantes fundamentales. Toda la gran risa y
el juego habían terminado.
Desde Bombay Krishnaji
voló a Roma. Fue recibido por la Signora Vanda Scaravelli. A su arribo
Krishnaji cayó seriamente enfermo, primero con fiebre y luego con paperas y
problemas renales.
El descontento y la
distancia entre Krishnaji y Rajagopal y sus amigos en Ojai, estaba aumentando.
En Europa se había reunido un nuevo grupo de personas vitalmente interesadas en
Krishnaji y la enseñanza. La primera reunión en Saanen, Suiza, que con
reticencia Rajagopal permitió que se organizara en 1961, había atraído gente de
todas partes del mundo. Krishnaji percibía un movimiento nuevo en Occidente, y
su respuesta a la situación fue total.
El no habría de regresar a
la India en el otoño de 1962. En sus conversaciones con Vimala Thakkar en
Gstaad y más tarde en Roma, Krishnaji había expresado sus hondas aprensiones
con respecto a la India. Que el ataque chino lo había angustiado, era evidente
en sus cartas. Estaba inquieto por la India. Después de las pláticas en Saanen,
Krishnaji cayó nuevamente enfermo. Me escribió diciéndome que se sentía agotado
viajando, hablando y reuniéndose con la gente. Su sistema, los músculos y los
tejidos necesitaban tonificarse. Por eso decidió no volver a la India en el
invierno de 1962 sino permanecer todo el año en Italia, descansando,
recuperando su vitalidad y conservando su energía. En el lenguaje tradicional
de la India, entraba en un retiro, generando tapas. (Tapas: severas austeridades: también, la generación de una energía
que no se disipa).
Krishnaji regresó a Delhi
el 21 de octubre de 1963, después de pasar dieciocho meses en Europa. En el
automóvil que nos traía desde el aeropuerto, habló de no estar en contacto con
la gente. Mientras se encontraba en el extranjero, la India estuvo raramente en
su conciencia. A su llegada, uno podía sentir que el espontáneo fluir de
sentimientos que la India evocaba en él, se estaba perdiendo con los años.
Parecía distante.
Madhavachari se encontraba
en Delhi, y todas las tardes paseaba con Krishnaji por el Parque Buda Jayanti.
Le pregunté a Krishnaji por qué diversas personas podían seguir su enseñanza
hasta cierto punto y no más allá. El contestó. “Así es”, y se le veía muy serio
mientras caminaba delante de nosotros; a su regreso continuamos con la
conversación desde donde la habíamos dejado. Él sentía que al hombre le faltaba
una energía exenta de todo conflicto; una energía que conociera la disciplina
de la atención y de la negación total. Dijo que era necesario negar en las
propias profundidades del ser.
Durante los últimos paseos
comenzó a cuestionar el hecho Krishnamurti. ¿Cómo se había producido? ¿Por qué
al vacuo, tonto muchacho no lo habían condicionado ni la Sociedad Teosófica con
sus rituales, ni la vida en Occidente? Le pregunté si sabía cuándo tuvo lugar
la iluminación. Dijo. “No. Pero, ¿cómo sucedió? ¿Es lo que dicen los teósofos,
que el cuerpo de Krishnamurti es el vehículo del Señor Maitreya? ¿Se trata de
la reencarnación? ¿Por qué la mente de Krishnamurti opera de manera inocente,
directa? ¿Por qué lo cuestionó todo?”
A principios de los años
60, Buckminster Fuller conoció a Krishnaji en la India. “Bucky”, como lo
llamaban sus amigos, era un proyectista que había revolucionado estructuras
planeando una cultura y un estilo de vida para el futuro; era a la vez un
filósofo y un científico con visión, con vitalidad creadora y con una
perspectiva holística de la gente y de sus necesidades. Yo conocía muy bien a
Bucky, y él me telefoneó, cuando supo que Krishnaji estaba en Delhi, para
sugerirme una reunión con “esa maravillosa, bella y sabia persona”. Hice arreglos
para una cena en que ambos hombres estuvieran presentes. Bucky entró en la
habitación jugando con un yoyo. Krishnaji se mostró tímido y un poco retraído ‑su
respuesta en aquellos días cuando se encontraba con un intelecto formidable.
Bucky comenzó a hablar. Habló antes de la cena, habló durante la cena, habló
después de la cena. Krishnaji escuchaba casi sin pronunciar palabra. Sin
embargo, Bucky seguía hablando. Después de que Krishnaji se fue para regresar a
la casa de Kitty Shiva Rao donde se hospedaba, Bucky se volvió hacia mí, me
agradeció por la reunión y comentó: “¡Qué persona maravillosa, sorprendente y
sabia es Krishnaji!”
Desde Delhi Krishnaji fue
a Rajghat, Varanasi. Achyut, que había trabajado en Rajghat por algunos años,
le habló a Krishnaji, mientras éste estuvo ahí, de Vinoba Bhave y de su labor
Bhoodan ‑la distribución, en las aldeas de la India, de donaciones de tierras a
los que no las poseían. Achyut experimentaba una inmensa simpatía por la
orientación y el carácter tan particular de la labor de Vinoba; para él,
trabajar por los pobres y los oprimidos formaba parte de la vida religiosa y no
podía separarse de la misma. La respuesta de Krishnaji, sin embargo, sacudió
profundamente a Achyut.
Krishnaji dijo: “Después
de todos estos años, ¿cómo puede ser usted un asno semejante? ¿Por qué se ocupa
de tonteras? Vea, mi amigo, si usted no me hubiera conocido, estaría en el
‘sarvodaya’ (Sarvodaya: sarva significa ‘todo’; udaya, surgimiento. Por lo tanto, sarvodaya es el despertar o surgimiento
de la humanidad. Era un movimiento iniciado por Gandhi para erradicar la
pobreza en la India aldeana, y así promover una regeneración del pueblo de la
India) limpiando los traseros de los niños aldeanos. Puede que esté bien hacer
eso. Pero usted no se encuentra en Rajghat para eso. Usted está tratando de
cambiar la sociedad de una manera que cree justa. Pero el cambio profundo debe
comenzar con el hombre”.
Achyut dijo que no podía
comprender lo que decía Krishnaji. Annie Besant le había dicho a Achyut: “Si
usted no comprende a Krishnaji, ponga en un estante lo que él dice, pero nunca
lo rechace a él”. Achyut había aprendido del profeta a no decir jamás sí a
nada, salvo que hubiera percibido realmente la verdad de ello. De modo que por
seis meses se retiró de su trabajo en Rajghat y fue a los Himalayas, a
Lohaghat, Pithoragarh, y se formuló la siguiente pregunta: “¿Estoy demasiado
apegado a Krishnamurti y a Rajghat?” También exploró sus motivos para trabajar
entre los pobres. Comenzó a escribir sus pensamientos todas las mañanas, y
pronto descubrió una percepción directa de la mente y del movimiento del
pensar. La percepción trajo consigo libertad.
Achuyt regresó a Rajghat
en 1964. Ese invierno volvió a verse con Krishnaji y discutió con él sus insolubles
conflictos. Krishnaji dijo: “Nada pasa con usted en Rajghat, así que debe irse.
Rajghat no le está ayudando a florecer” Achyut dejó Rajghat en 1965. Lo hizo
sin amargura. Entró en un retiro, observando un anonimato total. Vivía en una
casa aislada, en los suburbios de Bangalore, vagando de un lugar a otro,
intentando cortar de raíz sus conflictos internos.
Su hermano, Rao Sahib,
estaba muy perturbado, Sentía que a Achyut lo habían llevado a la frustración.
Había dedicado trece años de su vida a Rajghat y a la labor de Krishnaji, y Rao
Sahib sentía que su hermano había salido de eso con las manos vacías. Poco a
poco, Rao Sahib se fue alejando de Krishnaji. Profundamente devoto de él en lo
personal, con una respuesta apasionada y emotiva, y con una necesidad de estar
cerca de Krishnaji, se negaba obstinadamente así mismo. Advertía que algo se
había despertado en su interior, pero rehusaba reconocer percepción alguna que
se debiera a la enseñanza. Preso en el conflicto, se apartó, negándose a admitir
su confusión. Pero uno podía sentir la herida profunda y el dolor. Las
tensiones habrían de afectar su salud, y desarrolló una fuente hipertensión y
un mal cardíaco.
En 1963, Krishnaji estaba
expresando una insatisfacción general con la India. Comenzó a formular
interrogantes que habrían de persistir por muchos años. Sentía la necesidad de
la acción, y se cuestionaba despiadadamente a sí mismo y a quienes le rodeaban.
Dijo que había estado hablando en la India por treinta años y nada había
ocurrido. “No hay una sola persona que esté viviendo la enseñanza”. Se mostraba
impaciente con los viejos y sentía necesidad de rodearse de personas jóvenes.
Criticaba a Madhavachari, quien era obstinado y se negaba a cambiar sus métodos
de acción. El círculo de personas que rodeaban a Krishnaji era limitado,
Madhavachari dirigía la Fundación como un sargento mayor. Él, Achyut y Rao
Sahib se debatían en un conflicto creciente.
En diciembre de 1964 yo me
encontraba en Madrás, parando en Vasanta Vihar. Krishnaji cenaba con nosotros
muy a menudo. Achyut Patwardhan, Madhavachari, Nandini y Balasundaram estaban
presentes. Rao no había venido desde Poona. Después de la cena comenzó una
discusión. Yo pregunté: “¿Cuál es la única acción necesaria para que se
produzca una ruptura en la mente? La exploración que tenía que hacerse se ha
hecho. Hay conocimiento propio, percepción alerta, los ojos están abiertos, los
oídos escuchan, la mente está despierta. Sin embargo, no hay totalidad de
percepción y compasión. Una acción total parece necesaria para abrirse paso”.
Krishnaji dijo que así tenía que ser. El sentía que era una buena pregunta y
que debíamos investigarla, discutirla.
En la noche siguiente,
otra vez tratamos de descubrir cuál era esa única acción. Krishnaji dijo: “La
percepción ‑¿pueden la percepción y el movimiento del corazón ser una sola
cosa?”
Yo pregunté: “¿Cómo surge
esa percepción esencialmente rica?”
Krishnaji dijo: “Tiene que
ser un acto de extraordinaria sencillez”. Estaba sereno. La propia discusión
creaba una atmósfera de energía en la habitación. Como una llama, esta energía
quemaba los corredores de la conciencia. Había un silencio profundo, ilimitado.
Era demasiado para el cuerpo. Habíamos estado sentados alrededor de Krishnaji,
con las espaldas rectas y las piernas cruzadas. Mi cuerpo no pudo soportar la
intensidad que reinaba en la habitación y buscó el apoyo de la pared. Krishnaji
permaneció erecto, la espalda derecha, la cabeza inmóvil. Nosotros
descansábamos, y el tiempo cesó.
En 1963, entre las muchas
personas que se habían reunido en el campamento de Rajghat, había un hombre
joven, alto, de contextura más bien sólida pero bien parecido. Era un músico
sudafricano llamado Alain Naudé. Había concurrido a las pláticas de Krishnaji
en Saanen durante el verano de 1963 y lo había entrevistado varias veces. Poco
tiempo después rompió sus vínculos con Sudáfrica.
Naudé había seguido a
Krishnaji a la India en los inviernos de 1964 y 1965, y pronto Krishnaji nos
habló a algunos de nosotros sobre la posibilidad de que Naudé se convirtiera en
su secretario, viajando con él alrededor del mundo, encargándose de su
correspondencia, alentando a los jóvenes para que escucharan a Krishnamurti,
etcétera.
En el otoño de 1965 Naudé
se unió a Krishnaji como su secretario mientras estaban en Europa; y cuando
Krishnaji llegó a la India en octubre de ese año, vino acompañado por Mary
Zimbalist, Naudé y George Vithoulkas, un homeópata griego que en años
posteriores adquiriría gran renombre. Krishnaji ofreció pláticas en Delhi y de
ahí viajó a Varanasi.
La visita a Rajghat
resultó desastrosa. Krishnaji había escrito a Madhavachari, y en su inocencia
había sugerido que Madhavachari hiciera arreglos para la estadía de Mary
Zimbalist, Naudé y George Vithoulkas en el campamento de Rajghat, ya que eran
sus invitados personales. El concepto de la comodidad que tenía Madhavachari
era antediluviano, y así lo era su sentido estético.
En la India, el excusado
siempre ha sido visto como un foco de contaminación. Era habitual que los
hindúes ortodoxos se bañaran cada vez que hacían uso del mismo. Achyut
Patwardhan nos contó que podía recordar una época en que los brahmines
acostumbraban llevar con ellos un dhoti
extra cada vez que dejaban la casa, y en caso de que necesitaran visitar los
sanitarios de un amigo, a eso solía seguir un baño. A través de los años yo
había reconvenido más de una vez a Madhavachari sobre la necesidad de un mínimo
de comodidades en el excusado, pero fue en vano. Para él un depósito de agua o
un lavabo eran lujos innecesarios; un retrete y un recipiente de metal para el
agua habían sostenido las necesidades indias durante siglos, y él no veía razón
alguna para cambiar.
En los años 60, los
sanitarios mínimos que había en Rajghat, eran asequibles solamente en la casa
donde vivía Krishnaji. Mary Zimbalist, un producto de la sociedad neoyorquina,
criada en los ambientes más refinados y acostumbrada a vivir lujosamente en las
casas de su padre y de su esposo, fue colocada en un lugar donde el excusado no
tenía depósito de agua, donde el cuarto de baño carecía de lavabo, y donde la
recientemente blanqueada habitación tenía las ventanas salpicadas de pintura.
Krishnaji vino a examinar personalmente los aposentos dispuestos para sus
invitados, y hubo una explosión. Estaba horrorizado. Mary Zimbalist se trasladó
a una habitación en la casa de Krishnaji, pero Madhavachari permaneció
inmutable.
La relación entre
Krishnaji y Madhavachari se estaba volviendo cada vez más difícil.
Desde los años 60, la actitud
de Krishnaji hacia las escuelas, la gente y el trabajo, había experimentado un
cambio fundamental. El exigía una permanente revolución. Veía una rápida
decadencia en la India; las escuelas tenían que despertar de su letargo. En su
sentir, el estancamiento tenía que terminar. No se veía ninguna corriente de
cambio creativo. “Muévanse”, les decía continuamente a los miembros de la
Fundación y a los maestros de las escuelas. “Si se quedan donde están, se
deteriorarán, terminarán por cristalizar”. Tenía que haber un continuo
movimiento dentro de uno mismo y, por tanto, en el trabajo que uno realizaba.
En una de sus cartas, nos escribió: “Habiendo llegado a cierto estado,
prosigan, no se detengan ahí. O avanzan o retroceden. No pueden permanecer
estáticos”. Se necesitaba una explosión en las instituciones de Krishnaji,
tenía que haber cambios. En la India, las montañas se mueven cuando la energía
de una sola persona está despierta.
Visité a Krishnaji en
Gstaad durante el verano de 1965. Le habían entregado un Mercedes para su uso
personal. Me llevó a dar un paseo; pese a su falta de práctica, conducía con
magistral control y estabilidad en las curvas cerradas del camino. Era
maravilloso observarlo manejando la máquina.
Fui otra vez a Gstaad en
el verano de 1966, en mi viaje de regreso a la India desde los EE.UU. Krishnaji
me habló de los jóvenes que se sentían atraídos por las pláticas en los EE.UU.
Naudé había hecho arreglos para que Krishnaji hablara en algunas de las grandes
universidades. Los jóvenes se rebelaban contra la cultura existente en
Norteamérica, y deseaban el “nirvana instantáneo”. Electrizados por la
presencia de Krishnaji, se congregaban para escucharlo. Después, renuentes a
aceptar la austeridad y el rigor del conocimiento propio y la negación de las
experiencias psicodélicas de la conciencia, se alejaban arrastrados por gurús
más dóciles que les prometían la bienaventuranza. En Saanen, un gran número de
jóvenes vinieron inicialmente a las pláticas; pero era una multitud casual,
pocos de ellos ahondaron seriamente en sí mismos o se unieron a la labor de
Krishnaji. Pero las reuniones de Saanen pronto se convirtieron en un lugar de
encuentro para personas serias provenientes del este y del oeste de Europa;
personas interesadas en los inmensos retos a que se enfrentaba la humanidad y
que buscaban un nuevo modo de vida.
Naudé continuó acompañando
a Krishnaji en sus visitas a la India, y estuvo con él en el invierno de 1966.
Cada visita revelaba un deterioro en la relación de Krishnaji y Madhavachari, y
una ampliación del abismo existente entre Krishnaji y la Indian Foundation. En
Europa le habían dicho a Krishnaji que la Fundación de la India apoyaba a
Rajagopal en su posición contra Krishnamurti, que era intolerable, estrecha de
miras, arrogante y presuntuosa en sus puntos de vista.
En la India, continuaron
sus severos cuestionamientos. Había estado hablando por treinta años y, ¿qué
había ocurrido? Rehusaba comparar esto con otros países o situaciones. Una
nueva pregunta había emergido. “¿Qué sucederá cuando yo muera? ¿Quién hay aquí
para sostener estos centros?” No había respuestas. Una enorme presión se estaba
gestando entre todos nosotros.
La situación era muy
extraña. Este gran maestro, que en el estrado hablaba con pasión de una mente
que no conocía el conflicto, que estaba libre él mismo de cualquier presión,
planteaba interrogantes que generaban presiones enormes entre sus más íntimos
asociados. Fue muchos años más adelante que habríamos de comprender la
naturaleza de la pregunta de Krishnaji, y de la energía generada por el
escuchar profundo y el sostenimiento de la pregunta en la conciencia.
En enero de 1967, una
colisión mayor tuvo lugar en el Valle de Rishi entre Alain Naudé y
Madhavachari. Krishnaji estaba muy perturbado. Me habló en detalle de su
profunda preocupación. Vasanta Vihar en Madrás, parecía un lugar muerto, Había
poca actividad, y eran muy pocas las personas que venían a leer o a discutir.
“Las personas sin creatividad forman instituciones muertas”, dijo.
Ese invierno, Naudé no
acompañó a Krishnaji a la India. Desde 1963, K había estado discutiendo con
Madhavachari, señalándole los principales cambios que se requerían en el
funcionamiento de la Fundación. Al llegar a Madrás en el invierno de 1967, le
pidió a Madhavachari que compartiera el trabajo de la Fundación con Galloway,
un escocés que se había retirado recientemente de la presidencia de Binnys, una
de las más importantes compañías inglesas que operaban en la india. También le
sugirió a Madhavachari que aceptara la ayuda de Smt. Jayalaxmi para cuidar el
jardín en la casa de Vasanta Vihar. La respuesta de Madhavachari fue evasiva.
Smt. Jayalaxmi (Smt. es la forma abreviada de srimati o ‘persona afortunada’. Se usa
como prefijo en el nombre de una mujer casada), una brahmin Iyengar del sur de
la India, con una notable perspicacia para los negocios, especialmente en
bienes raíces, y con un igualmente notable conocimiento de la música clásica
del sur de la India, había comenzado a visitar Vasanta Vihar a principios de
los años 60. Estaba empapada en la tradición brahmín Iyengar; con un rojo tilak en su frente, vestía un sari o un arakh de color esmeralda intenso o rojo, al estilo Iyengar, plegado
alrededor del cuerpo. Era de hablar suave, pero firme en sus respuestas y
acciones. Cuando se encontraba en Vasanta Vihar, solía llevar en automóvil a
Krishnaji hasta la playa todas las tardes, y esperaba en el auto mientras
Krishnaji hacía su paseo por la playa de Adyar.
Para nosotros, los de la
India, 1967 fue un año desalentador. Krishnaji se mostraba inquieto y crítico.
Había en sus palabras un sentido de cambio continuo, y era evidente la
sensación de que se avecinaban cambios mayores. El 9 de febrero de 1967,
dirigiéndose en Bombay a la Fundación para la Nueva Educación, Krishnamurti
habló con pasión de sus aprensiones con respecto a la Indian Foundation.
Nosotros, que lo escuchábamos, sentíamos que nos faltaba el aliento y apenas si
podíamos hablar.
Krishnaji dijo: “Quiero
decir ciertas cosas, y lo que voy a decir no contiene espíritu de crítica o
condena. Realmente, no hay en mi corazón o en mi mente, sentido alguno de
juicio. De modo que esto debe entenderse claramente desde el principio.
“He estado hablando ya por
más de cuarenta y cinco años. El Valle de Rishi y Rajghat nacieron con un único
propósito. Estos dos lugares habrían de ser el centro de las enseñanzas y ‑si
se me permite usar la palabra sin interpretarla mal lugares santos. Pienso
esto casi desde el momento en que hemos evaluado lo que realmente está
sucediendo: si estos dos lugares son los centros de las enseñanzas, y si en
ellos existe ese sentido de ‘lo otro’.
“He usado una expresión
que puede haber suscitado un malentendido. He dicho que las escuelas ‘deben ser
protegidas’ como un oasis en este país; protegidas del caos que hay en todas
partes. Debido a que realmente siento esto muy a fondo y estoy bastante
conmovido al respecto, perdónenme si hablo con cierta vacilación; siento que el
florecimiento, después de todos estos años, todavía no se está produciendo.
“Y puede suceder que yo no
regrese nunca, puedo morirme. Si regreso, como le dije a Mama [Madhavachari],
será por poco tiempo, no por estos cinco meses cada vez que lo hago ahora.
Físicamente, no puedo hacerlo más, porque no estoy durmiendo muy bien y me
fatigo demasiado.
“De modo que ustedes han
de considerar que me he ido. Cualquier cosa puede suceder. Puedo morir. Puede
ser que haya una decisión, no tomada por algún otro sino por mí solamente, de
no volver o de volver por períodos muy cortos. No sé qué va a suceder en el
futuro, y es realmente esto lo que quiero decir.
“¿Pueden, pues, ser
resguardados estos dos lugares? ¿Comprenden? ¿No resguardados por Balasundaram
o algún otro, o resguardados de la corrupción y cosas así, sino resguardados
como un oasis?
“Como le decía a Kittyji
esta mañana, y también a Pupul durante el almuerzo, tenemos que hacer algo muy
drástico. Yo no sé qué es lo que van a hacer ustedes. Mis días son limitados,
probablemente unos diez años más o menos, y quiero concentrar todo lo que tengo
y no derrochar mi energía. Estoy hablando sensatamente, sin emocionalismo ni
sentimentalismo alguno.
“¿Qué es, entonces, lo que
vamos a hacer para ‘resguardar’ estos lugares? Por favor, comprendan lo que entendemos
por esa palabra ‘resguardar’. Resguardarlos en el sentido de convertirlos en un
oasis en medio de este mundo demencial. Y, si realmente no regreso más, si
muero, ¿qué va a suceder?
“Después de cuarenta años,
¿qué es lo que hemos producido? Ustedes han entregado a esto una gran parte de
sus vidas ¿y qué ha ocurrido? Si dicen, ‘estamos haciendo lo mejor a nuestro
alcance’ o, ‘hacemos todo lo que podemos’, entonces hay algo que ya no está
bien. No digo que lo que hacen sea correcto o incorrecto. No siento las cosas
de este modo. Pero, ¿qué es lo que vamos a hacer?” Hubo aquí una larga pausa.
“Lo mismo ha sucedido en
Ojai. Puede que sepan que existe una situación molesta entre la K.W.I. tal como
es ahora, y yo ‑y hay preocupación al respecto. Todos comenzamos juntos a
construir algo profundo, perdurable, algo valioso, tanto allá como aquí. Pero
tampoco allá hay florecimiento.
“¿Qué es, entonces, lo que
podemos hacer aquí? ¿Qué podemos hacer para proteger estos lugares a fin de que
se conviertan en oasis para estas enseñanzas? ¿Cómo podemos hacer de ellos algo
que valga realmente la pena? He hablado con Mama muchas veces acerca de esto
durante varios años. Y ahora me pregunto: ‘¿Qué vamos a hacer?’“
Madhavachari interrumpió a
Krishnaji con explicaciones y excusas, pero K no estaba dispuesto a escucharle.
“Comprendo todo lo que
dice”, continuó. “Hemos discutido esto juntos varias veces en Rajghat, en el
Valle de Rishi. Lo hemos discutido de siete años a esta parte. Y pregunto qué
es lo que vamos a hacer ahora. Olvide el pasado, olvide que yo dije esto y
usted dijo aquello, olvide que ‘estamos haciendo lo mejor que podemos’. La única pregunta es: ‘¿Qué es lo que vamos
a hacer?’
“Considérelo, Mama, yo
puedo morir mañana; no tengo la intención de hacerlo, pero si muero, ¿qué
ocurrirá? ¿Seguirá usted igual que antes? Plantéeselo a sí mismo, Mama”.
Madhavachari dijo: “Pienso
que cuando llega una gran crisis como ésa...”
“¡La crisis está aquí!”
interrumpió Krishnaji.
Cuando a principios de
1968 Krishnaji regresó a Europa, supimos que se había formado un nuevo grupo
alrededor de él. Krishnaji envió un telegrama a Madhavachari pidiéndole que
entregara la dirección de Vasanta Vihar a Galloway. Madhavachari contestó que,
aunque él tenía un poder de agente legal concedido por Rajagopal, no poseía
derechos legales como para entregar la dirección de Vasanta Vihar a Galloway.
Dijo que Krishnaji podía tener la autoridad moral, pero que los derechos
legales seguían perteneciendo a Rajagopal. Krishnaji se sintió muy angustiado
con la respuesta de Madhavachari.
Balasundaram estaba en
París, y pronto habría de ir a Saanen para encontrarse con Krishnaji. Kitty
Shiva Rao había escrito a Krishnaji que, si él lo deseaba, ella se encargaría
de que renunciaran todos los miembros de la Indian Foundation. Krishnaji no le
contestó.
Pero cuando se encontró
con Balasundaram, en la reunión de Saanen se había hecho un anuncio formal en
el que Krishnaji declaraba la ruptura de todos sus vínculos con la K.W.I. de
Ojai, y comunicaba la formación en Europa de una nueva Fundación que en
adelante se encargaría de su trabajo.
Ya se había adquirido
Brockwood Park, y pronto la Krishnamurti Foundation se registró legalmente en
Inglaterra. Balasundaram encontró a Krishnaji muy crítico con respecto a la
Indian Foundation; Naudé estuvo presente en la entrevista de K con Balasundaram
y tomó notas. Luego de algunas discusiones, se decidió finalmente que
Balasundaram fuera el secretario, y a mí me solicitaron que asumiera la
presidencia de la Indian Foundation.
Poco después, Balasundaram
regresó a la India. A fines de agosto de 1968, él y yo fuimos a Vasanta Vihar y
le pedimos a Madhavachari que entregara Vasanta Vihar, ya fuera a la Fundación
para la Nueva Educación o a Smt. Jayalaxmi. Madhavachari rehusó hacerlo. Dejó
Vasanta Vihar, devolvió su poder de agente legal a Rajagopal, y entregó Vasanta
Vihar a los apoderados de Rajagopal.
En octubre de 1968,
recibimos de Krishnaji una carta que nos dejó perplejos y que sacudió a la
Fundación hasta sus raíces.
Miembros de la Fundación:
Cuando el Dr. Balasundaram
vino a Gstaad este verano, hablamos muy largamente sobre los cambios
indispensables que debían efectuarse en la Fundación para la Nueva Educación
antes de que ésta pudiera asociarse con la Krishnamurti Foundation de
Inglaterra y, de tal modo, vincularse con el trabajo que estamos haciendo en
todo el mundo.
Mr. y Mrs. Moorhead
también vinieron a Gstaad, y volvimos sobre los mismos puntos con ellos, y para
todos estuvo muy claro qué era lo que se necesitaba. Parecería que existe ahora
cierto malentendido en la Fundación acerca de estos puntos, y por eso pensamos
que seria provechoso considerarlos nuevamente.
La Krishnamurti Foundation
se constituyó en Londres el día 28 de agosto de este año, para dirigir y
coordinar la difusión de las enseñanzas en todo el mundo. Hemos trabajado
durante muchos meses sobre los estatutos de la Krishnamurti Foundation para
asegurar que respondiera exactamente a nuestras necesidades, que ninguna
persona o grupo pudiera tomar el control de ella ahora o en el futuro, y que la
misma fuera enteramente responsable ante mí y estuviera supeditada a mis
deseos.
Me gustaría poner en claro
que la Krishnamurti Foundation es simplemente una oficina, un instrumento
eficiente para realizar cosas materiales. No es de ningún modo una
‘organización’ en el sentido con que tan a menudo empleo esa palabra cuando
hablo contra las organizaciones. No están involucrados en ella ni la creencia
ni el seguimiento ni la jerarquía. Es simplemente un comité, responsable ante
mí que velará porque las enseñanzas, las publicaciones, etc., se difundan de
acuerdo con mis deseos. Es un comité internacional, y sus miembros sienten que
representan a todos los países y no meramente a su propio país.
Si el trabajo de la India
y, en particular, el trabajo de la Fundación para la Nueva Educación ha de
estar asociado con nuestra labor en todo el mundo, hay ciertas condiciones que
deben cumplirse de manera absoluta. Tal vez no sea ésta una buena ocasión para
examinar una larga lista de errores cometidos en el pasado, pero como lo he
dicho con frecuencia, la Fundación para la Nueva Educación no ha funcionado
como yo deseaba, ni ha hecho realmente lo que yo quería que hiciera. Por lo
tanto, con el Dr. Balasundaram hemos redactado una lista de requerimientos; yo
he visto esta lista y la he preparado con él y otros, por lo que es exacta y
auténtica. El se la mostrará a ustedes, si es que no lo ha hecho ya.
Lo principal en ella es la
necesidad absoluta de que la Fundación para la Nueva Educación incluya
exclusivamente a estas personas que, activa e intensamente, dediquen su
trabajo, su energía, y su tiempo a las escuelas ‑personas que realmente
trabajen en las escuelas y cumplan con su tarea. No hay personalidades
implicadas en esto, ni hay intención de juicio critico alguno contra nadie en
particular.
Estamos seguros de que
todos aquellos para quienes las enseñanzas significan algo, pondrán esto en
práctica. Si ello quiere decir que han de renunciar, esto también será un acto
de inteligente cooperación.
Con mucho afecto,
J, Krishnamurti
Una reunión urgente de la
Fundación fue convocada por nosotros en el Valle de Rishi. Rao Sahib
Patwardhan, Achyut Patwardhan y Sunanda Patwardhan ya habían renunciado; sus
cartas fueron presentadas a la asamblea. Madhavachari ofreció su renuncia, y
Balasundaram fue designado secretario conjuntamente con su cargo de director de
la Escuela del Valle de Rishi. Kitty Shiva Rao, no pudiendo soportar la presión
que se había generado, también renunció, y a mí se me eligió como presidenta.
Aunque Kitty Shiva Rao y todos los miembros restantes firmaron la respuesta a
Krishnaji, yo fui la encargada de redactar el borrador. Fue una carta difícil
de escribir. El era el maestro amado, y evocaba una gran devoción entre todos
nosotros. Pero el reto que su carta nos había planteado, nos dejaba sin
alternativa. Era necesario, a la luz de nuestra inteligencia, comunicar nuestro
amor y, no obstante, negarnos a que se nos colocara en la imposible situación
que su carta exigía. Escribimos:
Querido Krishnaji:
La F.N.E., en su reunión
consideró con profunda gravedad los puntos que usted nos hizo llegar por
intermedio del Dr. Balasundaram y de Mr. Moorhead, y también lo hizo con su
carta a la Fundación. En armonía con estos puntos y como expresión de nuestro
profundo interés en que la F.N.E. refleje sus enseñanzas y provea condiciones
apropiadas para que estas enseñanzas puedan arraigar y florecer en las mentes de
los jóvenes, hemos aceptado y efectuado una reorganización de la estructura y
del funcionamiento de la F.N.E. Ello será puesto en práctica.
Por muchos años, la
F.N.E., ha estado asociada con usted y su labor. Sus miembros se han sentado
con usted, y con júbilo, devoción y atención han escuchado lo que usted tenía
que decir. Que hayan fallado en transmitir la enseñanza en el campo de la
educación, es una medida de su insuficiencia, pero no de su falta de interés y
devoción por usted y la enseñanza. Los dos sitios, el Valle de Rishi y Rajghat,
se establecieron con el propósito de llevar a la práctica su enseñanza en el
campo de la educación ‑la F.N.E., en ningún momento se ha apartado ni se
apartará de este propósito.
Sin embargo, hay algunos
puntos que surgen de sus recientes comunicaciones, que han lastimado
profundamente a los miembros de la Fundación. Las implicaciones parecen ser que
la actual F.N.E. es inadecuada para asociarse con la Fundación que se ha
establecido a fin de llevar a cabo su trabajo, y que la reorganizada F.N.E.
tendrá que alcanzar cierta categoría antes de que pueda asociarse con la
Krishnamurti Foundation y la labor de usted. ¿Quién tomará este examen?
Nosotros ofrecemos nuestra
cooperación a la Krishnamurti Foundation en la tarea de difundir sus
enseñanzas; una cooperación basada en la completa igualdad, con la F.N.E.
funcionando como un cuerpo libre e independiente. Al decir esto, quisiéramos
expresar a usted una vez más nuestra profunda y firme intención de hacer todo
lo posible a fin de que estas dos instituciones cumplan con el propósito para
el que se proyectaron.
Con saludos afectuosos,
Sus
Le habíamos dado seguridad
a Krishnaji acerca de los profundos lazos que nos unían a él, pero rehusamos
aceptar el juicio de ninguna organización con respecto a nuestro derecho de
asociarnos con la labor de Krishnamurti.
Los vínculos con el gurú
estaban bajo tensión, y una relación nueva tenía que emerger. No hubo respuesta
a nuestra carta, pero pronto habríamos de saber que una ‘Krishnamurti
Foundation’ se había registrado en Inglaterra con Krishnamurti como presidente,
y que se había establecido un Centro Krishnamurti en Madrás, con Smt. Jayalaxmi
como la representante de Krishnamurti en la India, responsable por la labor de
éste en todo el país.
Para mí, fue éste un
período de profunda búsqueda interna. En junio de ese año viajé a los Estados
Unidos. Le había escrito y más tarde telegrafiado a Krishnaji en Brockwood,
diciéndole que me agradaría verle. No recibí respuesta. Pasé por Londres en
ruta a los Estados Unidos, y cuando me encontraba en Nueva York me enteré por
amigos que Krishnaji había estado en Londres por un día mientras yo estuve ahí.
Profundamente lastimada me enfrenté al hecho de que el gurú había desaparecido
de mi vida. Mi dependencia de él se reveló con la intensidad de la pena que
evocó el acontecimiento. Afronté el hecho de que para mí, el gurú había
desaparecido realmente. Abandonada, la semilla de la enseñanza me sostuvo en la
oscuridad. No recibí respuestas, pero como lo observé implacablemente, yo
sentía que el músculo y el tono de mi cerebro ganaban elasticidad y fuerza;
todavía era capaz de dar cabida a preguntas imposibles.
Como Presidenta de la
Krishnamurti Foundation de la India, escribí a Krishnamurti en los últimos días
de diciembre de 1968, invitándole a hablar en la India. Me contestó desde
California el 6 de enero de 1969, agradeciéndome por invitarle oficialmente a
la India. Nos pidió a Kitty Shiva Rao y a mí que asumiéramos la responsabilidad
de las pláticas y del Boletín que él deseaba se publicara en la India. Dijo que
estaría en la India desde diciembre de 1969 hasta febrero de 1970.
Ni un solo indicio de la
carta de 1968 y de su contenido, habría de aparecer en las subsiguientes cartas
de Krishnaji. La que escribió desde Ojai fue la primera que recibí desde el 7
de setiembre de 1966. El 2 de junio de 1969, Krishnaji escribió otra vez,
señalando la necesidad de reunir fondos para los pasajes ‑el de Naudé y el de
él, desde Europa a la India; Ojai no podía proveer los pasajes debido a que
los fondos eran escasos.
Las noticias de que
Krishnaji había roto todos sus vínculos con Naudé llegaron a nosotros en la India hacia fines
de agosto de 1969. Fue una sorpresa mayúscula. Era increíble que pocos meses
antes Naudé hubiera podido tener semejante influencia, y aun así desaparecer
tan rápidamente de la escena.
Yo había visto a Rao Sahib
por última vez hacia fines de la primavera de 1969 en Poona, donde él estaba
viviendo. Se hallaba mortalmente enfermo, pero me esperó en la puerta de su
casa ‑llevando inclinado sobre la cabeza, en su inimitable estilo, un blanco
birrete almidonado. Al verme sonrió, arrancó una flor de parijataka y me la
ofreció.
Súbitamente, a fines de
agosto, Rao Sahib Patwardhan sufrió una severa hemorragia cerebral. Achyut me
había prevenido sobre la seriedad del mal de su hermano, y yo estaba preparada
para la noticia de su muerte inminente. Pero descubrí que no estaba capacitada
para verle en estado de coma, con tubos clavados en él. Yo conocía su inmenso
orgullo; él se habría sentido desolado de que lo expusieran así. Su agonía se
prolongó por dos días, muriendo el 29 de agosto. Viajé a Poona, y llegué al día
siguiente del fallecimiento y la cremación. Su muerte me dejó desconsolada.
Había sido un amigo muy amado, cálido, afectuoso; fue el fin de una preciada
relación y llevé luto por él. Un capítulo de su vida se había terminado.