domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo VI “YO Y MI HERMANO SOMOS UNO”



Capítulo VI
“YO Y MI HERMANO SOMOS UNO”

   Mrs. Besant hizo su entrada en la escena política de la India en 1913, justo antes de que estallara la Primera Guerra. Bajo la guía y las bendiciones del Rishi Agastya (quien, según la Sociedad Teosófica, tenía a su cargo, en la jerarquía oculta, el destino de la India), ella fue lanzada al centro del creciente fermento político.
   Mrs. Besant era ya famosa en todo el país. Famosa por su brillante oratoria, se le reconocía como educadora del más alto nivel y se le admiraba por su valentía como reformadora social. Interesada como estaba en los nuevos valores, y con su inmenso orgullo por la cultura y el pensamiento de la India, su ingreso en la política fue recibido con beneplácito por sus muchos amigos intelectuales y sus admiradores. Con su temperamento era inevitable que se viera profundamente involucrada. Pronto perdió contacto con la jerarquía oculta; sus percepciones en lo sagrado y sus poderes psíquicos comenzaron a menguar, y debió confiar en C.W. Leadbeater para la recepción de los mensajes provenientes del mundo oculto de los Maestros.
   Hacia 1925, al ir envejeciendo Mrs. Besant, sus facultades mentales empezaron a declinar, y con ello el control de hierro que ejercía sobre los asuntos de la Sociedad. Fueron ganando impulso las intrigas y maquinaciones para ganar poder sobre ella y, de ese modo, sobre la Sociedad. Conscientes de su fracaso en volver a despertar los kundalini shakti chakras (o sea, los seis centros de energía psíquica dormida a lo largo de la columna vertebral) y de las aspiraciones que tenía de recuperar el contacto con los Mahatmas, muchos de sus asociados alegaban poseer poderes clarividentes y la capacidad de ‘recibir’ instrucciones de los Maestros. Jugando a lo oculto, afirmando haber despertado la serpiente del kundalini buscando el poder, dando rienda suelta a la ilusión, vinculando a menudo lo que no encajaba en el esquema que ellos tenían de las cosas, con una emanación de los poderes oscuros, las acciones de algunos de sus principales miembros habrían de convertir a la Sociedad Teosófica en un objeto de burla.
   En Sydney, Australia, vistiendo indumentaria de color púrpura, con un báculo y una cruz de piedras preciosas, Leadbeater estaba ocupado en crear la atmósfera y la energía para el surgimiento de la sexta raza raíz. (En la Teosofía. la sexta raza raíz seguiría a la quinta raza raíz ‑nuestra actual raza­; algo similar al advenimiento de la Era de Acuario). Al rodearse él mismo de muchachos y chicas jóvenes que eran sus discípulos selectos, los poderes ocultos de C.W.L. y los usos que hacía de los mismos, habían alcanzado niveles extravagantes. Magnetizaba gemas para las hadas en el Parque Nacional de Sydney, a cambio del permiso para devolver algunas hadas al ‘Manor’, donde él y sus discípulos vivían. Para agregarlo a sus recursos ocultos, mientras cruzaba en transbordador el puerto de Sydney, Leadbeater afirmó haber creado redes invisibles en las cuales atrapaba sílfides del mar; atándolas a su aura, luego las enviaba con la orden de auxiliar a personas en peligro1.

   En Europa, George Arundale y Wedgwood aseguraban haber establecido un canal directo de comunicación con la jerarquía oculta y haber sido aceptados como discípulos del Mahachohan. La atmósfera estaba cargada de excitación cuando Mrs. Besant anunció un número de nuevas iniciaciones que fueron transmitidas por medio de Arundale.
   Habiendo sido ordenados Obispos de la Iglesia Liberal Católica, Arundale y Wedgwood, en sus ropajes púrpura, alcanzaban su grado de Arhat (Arhat es un término sramánico (Budista/Jain) que indica la más alta realización espiritual por abajo del estado de Buda/Jina. En la jerarquía espiritual teosófica, los adeptos eran maestros o Mahatmas. Miembros de la Gran Fraternidad Blanca, habían alcanzado la perfección, pero continuaban en la forma humana para ayudar en su evolución a los que buscaban el sendero del Discipulado), al pasar en rápida sucesión por las iniciaciones tercera y cuarta. La esposa de Arundale, Rukmini, (Rukmini, esposa de George Arundale, era natural del sur de la India. Provenía de una destacada familia de teósofos. De gran personalidad cultural, estableció una renombrada academia de música y danza, Kalakshetra, en Madrás. Rukmini murió en 1986) pasó tres iniciaciones en tres días2. Mrs. Besant y Leadbeater ya eran Arhats, habiendo pasado la cuarta iniciación. Krishnamurti, que en Ojai estaba cuidando a su hermano Nitya seriamente enfermo, ignoraba la agitación oculta que tenía lugar en Huizen, Holanda, y más tarde en el Campamento de la Estrella en Ommen, una Convención anual a la que concurrían los miembros de la Orden de la Estrella. Sin su conocimiento, se hizo el anuncio de que su cuerpo astral desde Ojai y el de Jinarajadasa desde Adyar, habían viajado apareciéndose ante la magnificencia de la jerarquía oculta reunida, para así recibir sus bendiciones en el viaje a través de la cuarta iniciación. Después, cuando el Campamento hubo concluido, Mrs. Besant reunió en Huizen a Lady Emily, Miss Bright y Shiva Rao en su habitación, y les dijo que ella, Leadbeater, Krishnaji, Arundale y Wedgwood habían pasado la quinta y última iniciación. Todos ellos eran ahora no sólo Arhats sino Adeptos y, por lo tanto, estaban libres de la cadena causal del karma y el renacimiento.
   Un relato que apareció en el periódico teosófico El Heraldo de la Estrella, da cierta idea de lo ocurrido en el Campamento de Ommen, donde estas nuevas fueron anunciadas por Mrs. Besant. Con el título “Bajo el mando del Rey” el Heraldo publicó las palabras de Mrs. Besant:

   El nuevo Instructor del Mundo escogerá, como antaño, a sus doce Apóstoles. Yo solamente tengo el mandato de mencionar a siete que han alcanzado el grado de Arhat... Los dos primeros, mi hermano Charles Leadbeater y yo misma, pasamos esa gran iniciación al mismo tiempo. Los otros Arhats son, C. Jinarajadasa, George Arundale, cuya consagración como Obispo era necesaria como último paso de su preparación para el gran cuarto paso de la iniciación, Oscar Kollerstron, Mrs. Rukmini Arundale, Krishnaji, y el Obispo Wedgwood3.

   Más tarde, al darse cuenta Mrs. Besant del importante error que había cometido al incluir el nombre de Krishnamurti, que era el vehículo, en la lista de los Apóstoles, corrigió su declaración. Existían varias otras listas que incluían los nombres de Lady Emily, Nitya, Rajagopal y Theodore St. John, un rubio muchacho de quince años protegido de Leadbeater.
   Mrs. Besant enunciaría más tarde las tres líneas de actividad que seguirían desarrollándose en el futuro. Debía establecerse una nueva religión mundial con Annie Besant como su Jefe. Debía fundarse una nueva Universidad mundial con la Besant como rectora, Arundale como principal y Wedgwood como director ‑porque, según Mrs. Besant, “él conoce ambos aspectos, el ordinario y el oculto”­. Ella continúa diciendo que “ustedes no deben oponerse a ellos puesto que son parte del trabajo del Rey”. Mientras tanto Arundale, afirmando su poder de profetizar, decía:

   Pienso que no hay nadie en el mundo que tenga una capacidad tan magnífica, tan maravillosa para la humildad, como mi hermano Nitya. El modo como él se concentra en su hermano es una de las cosas más bellas que yo haya visto jamás. Y quiero recordarles lo que hoy les digo, porque me aventuro a pensar que ello está en la naturaleza de la profecía. Pienso que, a medida que los años pasen, no sólo veremos a nuestro Krishnamurti llevando la vida para la cual está tan supremamente consagrado, sino que también veremos, como su brazo derecho, a su gran hermano reconocido por todo el mundo como uno de sus más grandes estadistas.

   Nitya murió menos de cuatro meses después de que se dijeran estas palabras4.

   Mientras tanto, la enfermedad de Nitya había empeorado. Arundale le había entregado a Rajagopal ‑que estuvo presente en el Campamento y había sido nombrado diácono de la Iglesia Liberal Católica­ un amuleto especialmente magnetizado por el Mahachohan para que se lo llevara a Nitya. Los Grandes Seres de la jerarquía habían determinado que Nitya viviría y sería uno de los principales sostenedores en el trabajo del Instructor del Mundo. Según Arundale, “la vida de Nitya era la dádiva que Krishna recibía al convertirse en un Arhat”5.
   Krishna, al escuchar los informes sobre apóstoles y arhats, sobre rápidas iniciaciones, religiones y universidades mundiales, se sintió perplejo y hondamente angustiado. Dejando a Nitya bajo la protección de los Maestros, partió para Europa con Rajagopal. Lady Emily, que había estado presente en el campamento y había pasado ella misma por su segunda iniciación, acudió para recibirlo en el desembarcadero. Krishnamurti le expresó sus puntos de vista en términos nada dubitativos. Rehusó aceptar las iniciaciones o a los apóstoles. Se mostró profundamente escéptico con respecto a la religión y a la Universidad mundial. No quería lastimar a Mrs. Besant en su vejez, y por eso se abstuvo de manifestar abiertamente su protesta; pero le comunicó a Mrs. Besant sus recelos.
   Ella se sintió destrozada por el rechazo de Krishnamurti a las iniciaciones, a los apóstoles, a la religión y a la Universidad mundial. Su condición mental comenzó a deteriorarse rápidamente. “Ella mostraba signos de senilidad, pérdida de memoria y una tendencia a concentrarse en el pasado”6. Pero esto de ningún modo redujo sus actividades ni su entrega total a Krishnamurti como Instructor del Mundo.

   A principios de noviembre de 1925, Mrs. Besant, Krishnaji, Rajagopal, Rosalind, Wedgwood, Shiva Rao, Rukmini y George Arundale, partieron hacia la India para participar en las celebraciones del Jubileo que iban a realizarse en Adyar. La fe de Krishnamurti en los Maestros y en la garantía que los mismos habían dado de velar por el bienestar de Nitya, era incuestionable. Al comenzar 1925, encontrándose en Adyar, Nitya había estado terriblemente enfermo. El 10 de febrero de 1925, Krishnamurti había escrito una carta a Mrs. Besant describiendo un sueño en el cual él había visitado a la Gran Hermandad y les había suplicado por la vida de su hermano:

   Con respecto a mi sueño, recuerdo haber ido a la casa del Maestro, y haber pedido y suplicado para que se permitiera a Nitya curarse y vivir. El Maestro dijo que yo tenía que ir a ver al Señor Maitreya, y fui allá e imploré, pero tuve la impresión de que eso no era asunto de Él y que yo debía acudir al Mahachohan. Fui, pues, allá. Todo esto lo recuerdo muy claramente. Estaba Él sentado en su silla, con gran dignidad y magnífica comprensión, y con ojos graves y bondadosos mi inútil descripción es tan absurda, pero es imposible transmitir la inmensa impresión de todo esto. Le dije que yo sacrificaría mi felicidad y todo lo que fuera necesario para que a Nitya se le permitiera vivir, porque sentía que era esto lo que se había decidido. Él me escuchó y contestó: “El estará bien”. Esto fue un alivio tan grande que toda mi ansiedad ha desaparecido completamente y me siento feliz.
   En cuanto a mi propia preparación, no sé qué es lo que se ha decidido, pero estoy dispuesto a hacer cualquier cosa. Ello ha sido muy doloroso y me siento muy cansado y bastante débil, pero es algo que no puede evitarse.
   Gracias al cielo usted estará aquí madre mía, y yo la amo con todo mi corazón y mi alma.

Su Krishna7

   Este encuentro directo con los Maestros había convencido a Krishnaji de los poderes que los Grandes Seres tenían para prolongar la vida de Nitya. Si nos detenemos un instante para examinar el contacto de Krishnaji con los Maestros y sus manifestaciones, y la comunicación de Krishnaji con ellos, se vuelve evidente que sus encuentros con el Maestro K.H. el Mahachohan, Maitreya y el Buda, fueron visiones, a menudo durante el estado de sueño. Esto había ocurrido así cuando él era un niño; con su tierna conciencia expuesta a la imaginería esotérica y a las formas de pensamiento de Leadbeater, era natural que viera a los Maestros a semejanza de las pinturas que había en la Sección Esotérica de la Sociedad Teosófica. Así fue cuando describió sus encuentros con el Maestro K.H. en sus primeras cartas a Mrs. Besant, y rastros de ello habrían de hallarse en el proceso de Ojai, aunque por entonces él ya se estaba liberando de las visiones, de las manifestaciones físicas y de las imágenes visuales. En los primeros años, no existía para Krishnaji una división definida entre los estados de sueño y de vigilia. Visiones, sueños y manifestaciones efectivas de formas de pensamiento, parecían tener para él la misma realidad. Más tarde, diría que todas las imágenes y manifestaciones, por profundas que fueran, eran proyecciones de la mente. Con la muerte de Nitya y el dolor explosivo que le puso frente a frente con lo real, llegaron a su fin todas las referencias físicas a los Maestros.
   Aun antes de eso, a bordo del barco que los llevaba de regreso a la India, Arundale comenzó a ‘transmitir’ mensajes del Mahachohan que reprendían a Krishnamurti por su escepticismo e implicaban sutilmente que, a menos que aceptara las revelaciones ‘transmitidas’ por Arundale en Huizen y Ommen y confirmara los nombres de las personas que habían sido convertidas en Adeptos, Nitya moriría. Krishnamurti rehusó hacerlo.
   Mientras se encontraba en el Canal de Suez, Krishnaji recibió un telegrama de Nitya diciendo que había contraído influenza. Al día siguiente llegó otro cable en el que Nitya decía: “Influenza agravada. Rueguen por mí”. Krishna, inconmovible en su fe, le dijo a Shiva Rao que los Maestros no le hubieran permitido abandonar Ojai si su hermano estuviera destinado a morir. El 13 de noviembre, en medio de una tempestad, se recibió un cable que anunciaba la muerte de Nitya.
   Shiva Rao, que compartía el camarote con Krishnamurti, ha dejado un vívido relato de lo que siguió:

   Mrs. Besant me pidió que la llevara al camarote de Krishnamurti. Entró sola para hablarle. Las noticias lo habían quebrantado completamente: hicieron más, como pude verlo por mí mismo durante el resto del viaje. Toda su filosofía de la vida ­la fe implícita en el futuro trazado por Mrs. Besant y Mr. Leadbeater­, la parte vital que Nitya iba a desempeñar en el mismo, todo quedó destrozado en ese momento. En la noche sollozaba y gemía y lloraba a gritos por Nitya, a veces en su nativa lengua telugu, que no podía hablar estando despierto y consciente. Día tras día parecía cambiar, asiéndose firme mente a sí mismo en un esfuerzo por afrontar la vida ­pero ya sin Nitya­8.

   Krishna y Nitya habían compartido su soledad en un mundo extraño; reían juntos; contaban cuentos cómicos; viajaban juntos ‑planeaban juntos el trabajo futuro y toda la vida­. (En una carta enviada desde Ojai el 21 de febrero de 1923. Nitya había escrito a Mrs. Besant: “Krishna y yo estabamos llenos de proyectos que vamos a realizar en la India: y queremos hablarle de ellos y ambos deseamos regresar. Jamás en mi vida he sentido tantas nostalgias de la India: California ha hecho de mí un hindú. Comienzo a comprender en pequeña escala, desde luego, lo que usted siente por la India.
 Con todo mi amor, Nitya”9.

   Escribiendo después de la muerte de su hermano, Krishnamurti decía: “Un viejo sueño ha muerto y uno nuevo ha nacido. Está surgiendo una nueva visión y está desplegándose una conciencia nueva he llorado pero no quiero que otros lloren; y si lo hacen, sé lo que eso significa. Ahora lo sé, sé que ahora somos inseparables. El y yo trabajaremos juntos, porque yo y mi hermano somos uno”.
   Por la época en que Krishnamurti y la Dra. Besant llegaron a Adyar, Krishnamurti había emergido de su batalla con el dolor, inmensamente sereno, radiante y libre de todo sentimiento y emoción. Pero su creencia en los Maestros y en la jerarquía oculta, había experimentado una revolución total. Ya raramente habría de referirse otra vez a los Maestros en su forma física. En años posteriores, hablando con vacilación de este período, Krishnamurti aceptaba que tal vez la intensidad del dolor había desencadenado una inmensa e inexpresable percepción. Una inteligencia que había tardado largos años en madurar, que había permanecido en estado latente, había funcionado en el momento de mayor agudeza del sufrimiento. (En un mensaje al Grupo Internacional de Preparación Propia, poco después de la muerte de Nitya. Krishnaji escribía: “Por ejemplo, cuando mi hermano murió, yo me sentí completamente perdido. Ustedes no tienen idea de cómo me sentí durante dos o tres días ‑por más que eso, por una semana tal vez­. Todavía le echo de menos; siempre le echaré de menos físicamente, pero siento que él y yo estamos trabajando juntos, que recorremos el mismo sendero del mismo lado de la montaña, viendo las mismas flores, las mismas criaturas, el mismo cielo azul, las mismas nubes y los mismos árboles. Es por eso que siento como si fuera parte de él mismo; y sólo cuando me siento muy cansado, empiezo a decir: ‘Mi hermano no está ahí’. Pero enseguida mi mente me detiene y me dice lo absurdo que es un pensamiento semejante”10.


AnteriorSiguiente